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Los más corruptos

Martes, 21 de Noviembre 2017 - 15:00

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Antonio G Trejo

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"La solución somos todos", Lema de campaña presidencial.

La corrupción se podría definir como: una conducta deshonesta o fraudulenta de aquellos que sostienen el poder, es un acto vulgar e indigno para ambas partes; el corrupto y el corrompido, es un vicio que permea todas las estructuras de las sociedades modernas. La corrupción se ha extendido a todas partes del mundo, desde los lugares más insospechados como el Vaticano hasta los solventes bancos e instituciones financieras como Merrill Lynch o el Banco Wells Fargo; pasando por la gran mayoría de los llamados gobiernos democráticos.

Debemos reconocer que en México, estamos muy acostumbrados a conjugar el verbo corromper con una frecuencia y una facilidad asombrosas, lo cual nos ha ocasionado a una crisis emocional y de confianza de enormes proporciones.

La corrupción en México se practica en todos los niveles sociales, pero esta vez no vamos a distraernos con las extorsiones, dádivas y los sobornos de poca monta que se realizan a diario y a todas horas. En esta ocasión es oportuno hablar de la corrupción que se genera en las altas esferas de los ambientes empresariales y políticos que aprovechan las leyes y reglamentos de la supuesta administración de la justicia que ellos mismos han dictado y ejercido para proteger sus propios intereses. El sistema político mexicano está basado en el gran flujo de capitales que circulan entre políticos y empresarios (narcotraficantes incluidos en el grupo); esta relación mueve al país en todos sus ámbitos y para toda circunstancia, siendo la administración de la justicia mexicana uno de los procesos más corruptos y complejos que se tienen hoy en día. El sistema jurídico legal con todo y sus reformas, está diseñado o si no, está amañado para exonerar al delincuente y así, generar la impunidad en todas sus formas. Resulta ridículo que después de laboriosas investigaciones policiacas, acopio de evidencias inobjetables, documentación exhaustiva, una cuidadosa edición del expediente y la observancia de otras instancias que marca el debido proceso, algún juez dictamine la libertad de un vulgar delincuente que por años se ha burlado de la justicia. Los argumentos del juez, por increíbles que parezcan, han sido que la fiscalía no presentó las evidencias suficientes o bien que había fallas en la interpretación de la ley y el debido proceso. Siendo la verdad que las fallas fueron cometidas deliberadamente para que el abogado defensor pudiera desvanecer o anular los cargos del acusado sin ningún problema; logrando así la consabida impunidad que lava todas las culpas mediante cuantiosas cantidades que han circulado previamente entre los involucrados. Existen otras ocasiones, en que los jueces generosamente conceden amparos inexplicables a diestra y siniestra para dilatar el proceso y apaciguar a los medios de comunicación, o bien para darles tiempo a los delincuentes para que planeen su fuga. Otro mecanismo o recurso legal de corrupción disfrazada está representado por la Comisión de los Derechos Humanos que protege y encubre más al malhechor que a la víctima o a los afectados ciudadanos comunes y corrientes que nadie procura. Toda la burocracia del sistema jurídico esta coludida en actos de corrupción, todo tiene su precio. Los ejemplos sobran, entre los más destacados están: los ex gobernadores y burócratas de alto rango presos o sometidos a proceso, inclusive los que están en vías de extradición. Otro caso que causó vergüenza y oprobio al estado mexicano fue la liberación de Florence Cassez, la secuestradora francesa que fue puesta en libertad después de haber sido condenada a 60 años de prisión. Estas argucias se han venido repitiendo una y otra vez, mostrando la negligencia y la corrupción del aparato jurídico legal en todo su esplendor. Estos casos solo son la punta del iceberg ya que existen otros muchos negocios que prosperan al amparo de los hábiles administradores de la justicia que recolectan miles de millones de pesos todos los días; ellos son los más corruptos, los que constituyen la nueva clase de super ricos y exitosos dueños de los poderes económicos y políticos del país.

¿Qué hacer?

La corrupción en México es un monstruo mítico que ha sobrevivido y perdurado por cientos de años, manejada y administrada por experimentados maestros del engaño y el ejercicio del poder al grado que han sido capaces de manipular los códigos y las leyes para procurarse impunidades en su máxima expresión. La corrupción es un desafío formidable ante la cual no tenemos la menor oportunidad, por una sencilla razón: la corrupción es intrínseca en la naturaleza del hombre.

Maquiavelo y Sun Tzu aconsejan no emprender una guerra de la cual estamos seguros no saldremos victoriosos, de manera que esto limita nuestros planes. Sin embargo, todavía existimos algunos mexicanos que consideramos que algo debe hacerse, no podemos claudicar y dejar esta nefasta herencia a las generaciones posteriores. Debemos buscar una solución que garantice nuestro éxito y eso solamente lo podemos garantizar nosotros mismos porque estamos seguros y conscientes de nuestras acciones. Quizá lo más inmediato sería que debíamos empezar por una autocrítica severa, contabilizando los actos de corrupción que vemos a diario y también donde directa o indirectamente nos veamos involucrados; analizar la situación y hacer un esfuerzo por disminuirlos en lo posible, hasta lograr el mínimo.

Si logramos esta autodisciplina, estaremos en posición de convencer o aleccionar a otros acerca de nuestras experiencias y concientizarlos hacia una existencia más plena, más digna, más solidaria. Esta actitud pudiera extenderse a través de las redes sociales, páginas web, pláticas, conferencias, formación de grupos, etc.

Tal vez, las generaciones futuras con mejores liderazgos, mejor educación y circunstancias y apoyos más propicios tengan oportunidades más favorables para cambiar y erradicar esta nefasta cultura que solo nos ha traído vergüenza, desconfianza y decadencia personal y colectiva.

No hay prisa, lo más importante es estar preparados cuando la oportunidad se presente…porque se va a presentar.

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Número 22 - Octubre 2018
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