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Lo que importa es la lana

Miércoles, 21 de Febrero 2018 - 16:00

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Julio Chavezmontes

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En días recientes, Estados Unidos volvió a poner el grito en el cielo, porque a su decir, el presidente de Siria (Bashar El Assad) ha vuelto a las andadas fumigando con armas químicas a 30 civiles inocentes que, por mala suerte, se encontraban en una zona ocupada por los llamados “rebeldes” seguidores del manual de urbanidad y buenas maneras de Carreño; es decir, de lo que los gringos llaman la “oposición moderada” de origen toluqueño, porque no matan, nomás “tarantan”.

¿De cuándo acá a los Estados Unidos les conmueve la muerte de civiles en bombardeos?

¿Ya no se acuerdan de lo bien que se veían las niñas vietnamitas “maquilladas” con sendas mascarillas de Napalm aplicadas por la USAF por cortesía de la división cosmética de Dupont?

¿Ya se olvidaron de los 250,000 japoneses (japonesas, japonesitos y japonesitas) rostizados por el mero gusto de Harry Salomón Truman en Hiroshima y Nagasaki?

¿Ya se borró de su histórica memoria el bombardeo angloamericano de Dresden en enero de 1945, donde para darle gusto a Winston Churchill 300,000 civiles alemanes (incluyendo varios miles de judíos y refugiados del Este) murieron respirando fuego porque el bombardeo de esa ciudad fue realizado con bombas de fosforo liquido?

Lo de Siria (por cierto) no es tal “guerra civil”; lo de Siria es un agarrón donde todos los que tiran las piedras, esconden la manita detrás de paleros, mercenarios, “rebeldes educadísimos y moderadísimos”, interpósitos ejércitos, y múltiples pescadores que ganan a costa de los ríos revueltos.

Todo comenzó con la famosa “Primavera Árabe”  surgida de pura casualidad telepática en forma simultánea desde Tunes hasta Siria, y todo, “sin que nadie los pusiera de acuerdo ni los patrocinara”; ¡válgame Dios!

Con razón las diabólicas carcajadas de Hilaria Clinton en Tripoli, poco después de la muerte del Coronel (que no tuvo quien le escribiera).

Estos episodios primaverales, además de trillados, siguen el mismo patrón siempre; basta con ser viejo y tener buena memoria, o ser joven y haber leído un poco de historia contemporánea.

El alzamiento patrocinado por los gringos en la antigua Checoslovaquia en 1968, también fue llamado “primavera”, pero esa vez fue de Praga…

Saddam Hussein (el tocayo iraquí de Barack Hussein Obama), cometió el mismo pecado que Muamar el Gadafi: ambos se atrevieron a desafiar a su majestad el Dólar, pretendiendo comercializar su petróleo a cambio de Dinares de oro, o de Euros.

Al parecer, “la primavera de Dallas” en noviembre de 1963, le ocurrió a Juanito Kennedy por  andar socavando los  $agrado$ intere$e$ del Becerro de Oro que son los mismos que los de la industria militar (Industrial Military Complex descrito por Eisenhower).

Siria es hoy  el campo de experimentos donde participan dos bandos principalmente:

Por el bando del mundo “liEbre”, Estados Unidos y sus puertorriqueños de la OTAN, bajo las órdenes del Führer Netanyahu, que mientras proclama Jerusalén como capital de Israel, manda a todos estos borregos desde el mismísimo Nueva York.

Por los del “imperio del mal”, Vladimir  Pútin (1) secundado por la diabólica república islámica de Irán, en apoyo del “genocida” ejército sirio, y algunos otros grupos de “terroristas” como Hezbollah y demás revoltosos que se rehúsan a entender que “el destino manifiesto” de los palestinos, es vivir circundados por el muro de sus lamentaciones, que Netanyahu le recomendó a Trump edificar en la actual frontera con México.

En esta ecuación perversa, hay un elemento relativamente novedoso:

En ambos bandos, se han subcontratado operaciones bélicas a “contratistas militares privados”. Por el lado de Estados Unidos, la empresa encargada de cometer atrocidades, crímenes y demás horrores, se llama Black Water Inc.

Por el lado ruso no tengo el dato de la razón social equivalente, pero al parecer, hay por ahí una empresa dedicada a lo mismo que los mercenarios gringos.

¿Para qué ocupan “contratistas militares privados” Estados Unidos y Rusia, cuando tienen ejércitos sobradamente capaces de arrasar al mundo entero sin tener que utilizar vejigas para nadar?

El chiste de utilizar “contratistas militares privados”, es que  los crímenes cometidos por estos mercenarios, no salpican jurídicamente ni a la Casa Blanca ni al Kremlin; porque son empresas privadas cuya conducta según sus contratos, no puede ser imputada a sus contratantes.

Los clientes son totalmente inocentes de lo que hagan sus contratistas.

(Mientras escribo esto, escucho como Hitler se revuelca en su anónima tumba de Argentina, lamentándose amargamente mientras dice: ¡Que pendejo fui! De haber sabido que podía subcontratar los campos de concentración, las gaseras, las funerarias, los crematorios y demás instalaciones a empresas privadas, ! no hubiera tenido que escaparme hasta la Patagonia!).

Uno de los descubrimientos más macabros es el siguiente:

Las mismas empresas que venden los cuetes, cuetones, pociones, ungüentos venenosos, armas químicas y físicas, biológicas y siderales, son las dueñas de los consorcios farmacéuticos; de las empresas de vestuarios y uniformes militares; de las destructoras y de las reconstructoras.

Hugo Boss, la prestigiada casa de modas alemana, diseñaba y confeccionaba los vistosos uniformes de los ejércitos nazis y de los elegantes guardias de Auschwitz, Dachau, Bergen Belsen y demás spas  donde el hospedaje, los guardias, los alimentos y las bebidas eran “all inclusive”.

Las empresas Reinmetal Borzig, Porsche, Mercedes Benz, Thyssen, Siemens, IG Farben, Bosch y demás gigantes corporativos alemanes que armaron a Hitler hasta los dientes, no perdieron la guerra sino que siguen tan campantes, y ahora le venden hasta sus legendarios  submarinos y tanques Panzer ¡nada menos que a Israel!

IBM participó activamente en el famoso Holocausto Judío a traves de su filial alemana denominada Herman Hollerith!: y por si fuera poco, Franklin Roosevelt felicito al gerente de la icónica filial alemana por su eficiente manejo de los trenes que conducían judíos a los centros de recreación y esparcimiento terminal de los que ahora nada más funciona Guantanamo, en Cuba.

Como dijo Michael Douglas en su película “Money Never Sleeps”, el dinero no tiene patria, ni madre ni padre ni hermanos, ni amigos.

Por eso, los grandes monopolios asociados en trusts, le vendían armas a todos los bandos durante la Segunda Guerra Mundial, como lo han hecho siempre y lo siguen y lo seguirán haciendo.

Los fabricantes de armas y sus promotores (oficiales o de mercado negro), le venden armas a la DEA al mismo tiempo que a las FARC o a los cárteles mexicanos; tanto Felipe AA Calderón como los muchos grupos delictivos que gobiernan México, eran clientes de los mismos proveedores de armas.

Las grandes empresas de armamentos, le venden sin miramientos ni timideces lo mismo a  rebeldes moderados que  inmoderados; a los chiflados que periódicamente masacran compañeritos en los colegios de Estados Unidos y  a los dementes de la Asociacion Americana de San Rifle; a los nazis y a los comunistas de Stalin; a Netanyahu, que a Yasser Arafat…

Poco antes que le dieran su “primavera de Dallas”, John Kennedy había dado órdenes a su Joint Chiefs of Staff para frenar totalmente la participación de Estados Unidos en el conflicto de Viet Nam, y había  comenzado a retirar a las tropas gringas que ya estaban en el Sudeste de Asia en calidad de “asesores”.

De haber sobrevivido a la galería de tiradores que lo recibieron aquella tarde en Dallas, habría sido funesto para el gran negocio que floreció abundantemente con el Lindo Johnson.

Si no hubiera muerto el mujeriego irlandés que hacia sufrir a Jacqueline con Marilyn, el pulpo armamentista habría dejado ir las ganancias de 12 años de guerra en Viet Nam.

Tambien echó a perder el negocio de Bahía de Cochinos, donde las empresas armamentísticas habrían podido percibir inmensas ganancias.

Por eso no es tan contradictorio que a Barack Hussein Obama le hayan dado el Premio Nobel de la Paz, en reconocimiento a su afición de enviar a cientos de personas a disfrutar la paz de los sepulcros, utilizando sus drones manejados con procedimientos de videojuegos.

No olvidemos que tambien le dieron el mismo premio a Henry Kissinger cuyos méritos en nada se parecen a los de la Madre Teresa o Nelson Mandela.

La paz no es rentable para quienes viven de la muerte y sus industrias.

Así que la denuncia gringa sobre la muerte de 30 civiles (exactamente 30; ni uno más, ni uno menos) por un ataque con armas químicas, además de “fake news” es una jalada y una hipocresía impropia hasta de Clairol Trump.

Lo  único que cuenta es que el show continúe; Ultimadremente, lo que importa; lo único que les importa, es la lana; como decía  aquélla guapa que anunciaba billetes de la Lotería Nacional hace algunos años.

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(1)     El acento de Pútin va en la “ú” porque es apellido ruso y no adjetivo peyorativo mexicano.


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Número 23 - Noviembre 2018
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