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Llevar el circo a la OEA

Martes, 20 de Marzo 2018 - 15:00

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Stephanie Henaro Canales

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En las últimas semanas el circo, maroma y teatro en el que suelen transformarse nuestras elecciones fue llevado hasta la OEA para que la confrontación entre José Antonio Meade y Ricardo Anaya pueda seguir, para que los trapos sucios del país se laven fuera de casa, y para que, una vez más, la comunidad interna nacional pueda confirmar que somos un país inmaduro, con instituciones débiles, que es incapaz de resolver sus propios problemas. Lo cual me parece desastroso y reafirma enormemente mi convicción de que al “genio” que se le ocurrió llevar el circo a la OEA no tiene idea de lo que esto implica para el país y, sin duda, debería seguir aprendiendo.

La semana pasada el PRI se reunió con el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, para entregarle un expediente sobre la investigación contra Ricardo Anaya, pedirle que los apoye con ella y que difunda la información entre las misiones permanentes de la OEA. Mientras que ésta, los líderes de los tres partidos que impulsan la candidatura de Anaya, denunciaron el "uso faccioso" de las instituciones del Estado contra su coalición y "la intervención evidente, abusiva, de ataque que está teniendo el Gobierno y el PRI" en las elecciones mexicanas. El chiste se cuenta sólo. Las consecuencias no.

La primera es simple y tiene su impacto de manera casi inmediata. La puesta en escena del circo en la OEA daña nuestra imagen internacional y con ello frena los planes de inversiones potenciales. Mientras que la segunda se deriva de esta última y tiene que ver con lo que pueda derivarse de la transformación de la OEA de observador a actor conforme a las peticiones de los partidos. Finalmente, la tercera consecuencia es una posibilidad que, aunque lejana, no debe descartarse, pues en caso de que el fuego cruzado de los candidatos llegue a hacerle creer a dicha institución que el orden democrático de México está en juego, la Carta Democrática de dicho organismo podría ser invocada y nuestro país sería suspendido del organismo, teniendo importantes consecuencias diplomáticas, como el aislacionismo y la suspensión de créditos de organismos interamericanos de desarrollo que impactarían de una manera directa sobre los programas sociales.

Todo por la instintiva sed de poder, las ganas de lavar los trapos sucios del paños fuera de casa y las ganas de llevar el circo a la OEA.

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Número 20 - agosto 2018
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