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License to kill

Miércoles, 28 de Marzo 2018 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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Los ingleses (en política) se caracterizan, entre otras cosas, por su protocolaria cortesía (de dientes para fuera); por su ausencia de escrúpulos a la hora de piratearse las riquezas de otras naciones o esclavizar a otros pueblos, y por su habilidad para caer parados como los gatos, quedando siempre como el canario Piolín, que se las ingenia para parecer el bueno y hacer creer que el desventurado gato Silvestre es el peligroso; o sea, los campeones de la doble moral.

En el contexto de la Guerra Fría, surgieron las novelas de Ian Fleming protagonizadas por James Bond; el delincuente internacional cuyas fechorías fueron rodeadas de glamour haciéndolo pasar como un personaje seductor de damas y vencedor de “los malos”.

En esto debe haberse inspirado Teresa May, cuando decidió desafiar a Vladimir Putin a raíz de un atentado ocurrido en Londres el pasado 4 de marzo.

Sucede que un delincuente internacional de nombre Sergei Skripal, sufrió un atentado con gas neurotóxico en pleno Londres, en compañía de su hija.

El distinguido miembro del crimen organizado, se desempeñaba como agente doble para el MI6 británico y para la KGB rusa.

La conducta del personaje en cuestión, es considerada delito en el Derecho Internacional, y en los artículos 127 y 128 del Codigo Penal Federal de México.

Las duplicitarias costumbres profesionales del señor Skripal, no son buenas para la salud; son tanto como colaborar con el Chapo Guzmán en el Cartel de Sinaloa, y ser informador de la PGR al mismo tiempo.

Cualquiera que decida realizar semejantes acrobacias, es candidato indiscutible a pender como adorno en cualquier paso a desnivel o puente, cubierto con el correspondiente letrerito advirtiendo sobre consecuencias similares a quienes decidan emular semejantes hazañas.

Por eso resulta sorprendente (aunque no extraño) que la famosa Teresa, prima inglesa de nuestra vedette Lin May, haya tomado el asunto Skripal como una cruzada personal, hasta el punto de expulsar de Inglaterra a 23 diplomáticos rusos, y por si fuera poco, lanzarle un ultimátum de 72 horas a Vladimir Putin, para que explique el involucramiento del Kremlin en el atentado contra el delincuente Skripal.

La señora May parece tener una edad en la que ya no es susceptible a las variaciones de la marea ni a las fases de la luna, ni a los periódicos cambios de humor propios de edades más tempranas; sin embargo, su madurez biológica no parece ir de la mano de su poca serenidad.

Lo prudente y sensato, sería haber presentado una demanda ante la Corte Penal Internacional, soportada con pruebas fehacientes que disiparan toda posible intención política en su acusación.

Pero Teresita ha preferido organizar un linchamiento provocativo, pretendiendo arrastrar con ella a los gobiernos de Alemania y Francia que, han decidido mantenerse al margen del arrebato hormonal de la habitante del número 10 de Downing Street.

Si  las naciones del primer mundo han de ser congruentes con las normas de derecho y justicia que predican, tienen que reconocer de verdad, que todo mundo es inocente hasta que no se haya probado lo contrario.

Rusia, por cierto, NADA TIENE QUE PROBAR; la carga de la prueba corresponde a quien acusa, y las pruebas se presentan ante tribunales competentes y no en los medios de comunicación, porque la opinión publica manipulada, no es un veredicto válido ni ejecutable.

Hasta el peor criminal tiene derecho a defenderse en un tribunal independiente e  imparcial, gozando de las famosas garantías del debido proceso legal.

¿Por qué no ha actuado así la gerontócrata inglesa?

Por la sencilla razón de que Inglaterra NO es miembro de la Corte Pernal Internacional.

¿Y por qué no es miembro de ese tribunal nacido del Estatuto de Roma?

Inglaterra no es miembro de esa “tremenda corte” para proteger a criminales de guerra como Tony Blair que secundó la Segunda Guerra del Golfo sobre la mentira de que Saddam Hussein (el tocayo iraquí de Barack Hussein Obama) tenía armas de destrucción más IVA.

Conociendo la forma en que se las gastan los protocolarios ingleses, no me sorprendería ni tantito que el MI6 haya atentado contra su doble agente Skripal, y le haya endosado el milagrito  a la KGB del malévolo Putin, para engordar el caldo provocador que los puertorriqueños de la OTAN han venido cocinando al son que les tocan sus patrones gringos.

El caso de Edward Snowden viene a cuento, porque Inglaterra ha violado todas las normas diplomáticas del Derecho Internacional, pasando por encima de la soberanía de Ecuador al negar el salvoconducto al doble ex agente de la CIA al que, casualmente, Rusia le ofreció asilo político en su momento.

Si Teresa May fuera nada más una anciana demente vociferando por las calles de Londres, no habría problema; pero su posición política lleva a medio mundo a depender de su “death wish” por el que juega ruleta rusa pero no con balas calibre .38, sino con los  cohetones atómicos de la Rusia refortalecida por Vladimir Vladimirovich.

Teresita May esta poseída por el death wish del 007 combinado con Juana de Arco.

Mucha gente ve aproximarse el Armagedón gracias a los arrebatos del pervertido Clairol Trump dominado por la actriz porno Stormy Daniels (que practicaba equitación a lomos del hombre de la peluca de tlacuache según sus recientes revelaciones, que hacen ver a Monica Lengüisky como una monjita enclaustrada).

Ante el temor de quienes ven aproximarse el fin del mundo por la inminente amenaza nuclear acicateada por el anciano panzón de la Casa Blanca y su coetánea de las Islas Brumosas,  creo que ambos se dejan llevar por sus alucinaciones seniles, y encarnan a los peores protagonistas de las novelas de Ian Fleming, con el agravante de que gracias a la “Second Amendment” tienen License to Kill; pero to kill us all!!!

Solo queda resignarse como decía mi nana Concha:

  • No te preocupes niño Pecos; de algo nos tenemos que morir…
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Número 16 - marzo 2018
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