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Legerrea

Miércoles, 13 de Diciembre 2017 - 17:00

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Julio Chavezmontes

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Para darse cuenta del abismo que existe entre la letra de la ley y la realidad de México, basta con asomarse a leer el artículo 4º de la Constitución Federal.

El citado artículo reconoce que toda persona que tenga la magnífica suerte de vivir en México, tiene derecho a:

“Alimentación nutritiva suficiente y de calidad; a la protección de su salud;”

“Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar.”

“Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible.”

“Toda familia tiene derecho a disfrutar de vivienda digna y decorosa.”

¿Qué pero le pongo yo a esta larga lista de beneficios constitucionales?

Como diría Cantinflas: “Ahí está el detalle”.

El artículo 4º constitucional, reconoce los derechos humanos en tiempo presente; PERO…

A cada uno de estos derechos, le agrega una garantía del gobierno diferida a un FUTURO INCIERTO cuando dice: “el estado garantizará”…

Con la palabrita de “garantizará”, nadie puede acusar al señor gobierno de violar la Constitución, porque mientras los derechos de los ciudadanos se conjugan en tiempo presente, las obligaciones del Estado se conjugan en tiempo futuro; y no me queda sino aplaudir a rabiar, y reconocer la capacidad de conjugación política de nuestros “nigromantes”.

Esta posposición de las obligaciones del Estado Mexicano hacia la eternidad, me recuerda las tres mentiras que mencionaba “La Picardía Mexicana” de Armando Jiménez Farías:

1.- A ver cuándo nos vemos.

2.- Mañana te pago.

3.- ¿Y del iceberg? La puntita nada más.

La paradoja es que, mientras la desventurada Constitución Politica de los Estados Unidos Mexicanos engorda hasta la obesidad, los derechos de los mexicanos adelgazan hasta el raquitismo en la práctica.

¿De qué les sirvió a los mexicanos (chilangos) la famosa constitución política de la ciudad de México?

¡De absolutamente NADA!

Pero el distinguido Congreso de la Unción sigue arrojando leyes a destajo en lo que constituye un prodigio, ¡porque nuestros legisladores son capaces de desempeñar sus labores lo mismo si estan despiertos que si estan dormidos!

La nueva polémica de moda, se desenvuelve en torno a la Ley de Seguridad Interior.

No sé si se trata de un pleonasmo, pero ceo que el Congreso Mexicano no podría emitir una Ley de Seguridad Exterior; ¿o sí?

El Poder Legislativo padece y nos hace padecer la terrible enfermedad de la LEGERREA, consistente en la emisión ininterrumpida de leyes diseñadas para aplicarse bajo la ley del embudo, cuya supremacía constatamos todos los días.

Hay tal maraña de leyes, reglamentos, constituciones hechizas y postizas, decretos, disposiciones, jurisprudencias y normas, que hasta los leguleyos se pierden en el laberinto.

Los feminicidios continúan viento en popa; las personas desaparecen sin dejar rastro en el inmenso cementerio mexicano que deja pálidos a los campos de la muerte de Pol Pot en Camboya; las cárceles siguen atascadas de presuntos culpables; los mexicanos juegan todos los días a la ruleta rusa por el solo hecho de salir de su casa, o hasta sin salir de ella.

En corto: En México ocurre todo lo que la ley prohíbe en teoría, y en la práctica no ocurre nada de lo que la ley promete para los mexicanos.

Estamos saturados de “derechos” cuyo cumplimiento y observancia por las autoridades, habita un cómodo “limbo gramatical”.

Alguna vez fuimos promesa sincera; alguna vez fuimos música y letra de un himno nacional lleno de esperanza para una patria nueva; alguna vez fuimos patriotas con vocación heroica; alguna vez, ser legislador en México, obligaba a valentía y honor; la tribuna del Congreso alguna vez, no fue sede de la unción sumisa y la concertacesión, sino una tribuna desde la que los diputados y senadores como Belisario Dominguez, arriesgaban la vida misma por expresar anhelos y convicciones dignas.

Alguna vez vivió un hombre como José María Morelos que expresó los  Sentimientos de la Nación diciendo así:

12o. “Que como la buena ley es superior a todo hombre las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto.”

De alguna forma tenemos que despertar, y sin duda despertaremos.

Pasemos del engaño de “guardar y hacer guardar” las leyes en el cajón de la impunidad, al diario cumplir y hacer cumplir.

A México no le hacen falta más y más leyes; la legerrea no es solución sino problema.

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Legerrea: Enfermedad del Congreso de la Unción, que se caracteriza por la mayor frecuencia, fluidez y volumen de las excreciones legislativas.

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Número 16 - marzo 2018
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