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Las reglas del juego

Jueves, 24 de Noviembre 2016 - 16:30

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El Oso Travieso

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En aquellos lejanos años sin internet, celulares, Facebook, WhatsApp y el conjunto de monerías sin las cuales a muchos les parece imposible seguir existiendo el día de hoy.

Cuando para convivir con familiares y amigos nos visitábamos para mirarnos a los ojos, estrecharnos las manos o estrujarnos las costillas en fraternales abrazos; y para pasar el tiempo, sin gadgets a la mesa, jugábamos pirinola, parchís, turista, monopolio, maratón, cartas, mímica, dibujos, memorama, ¿quién es el culpable?, dominó y ocurrencias a la carta.

Al irse ampliando nuestro círculo de amistades encontramos varios matrimonios aficionados a la “Canasta Uruguaya”, juego de cartas que se juega de manera preferente en parejas y para el cual resultamos bastante duchos mi esposa y yo; con frecuencia ganábamos las partidas y la dificultad que se daba consistía en las diferentes reglas conocidas por los compañeros de juego.

Para evitar discusiones y minimizar las triquiñuelas que utilizaban algunas parejas, optamos por definir con claridad las reglas a las que nos sujetaríamos durante el juego antes de hacer el primer reparto de cartas, más vale una vez colorado que cien descolorido, por nuestra parte nos preparamos para dominar el jueguito y al final resultamos una pareja ganadora.

Así nos pasa como país. En el jueguito de la vida internacional se presenta una situación similar, nuevamente se cambian las reglas del juego. Estamos habituados a ello, desde la llegada de los españoles a nuestras tierras se cambió toda la perspectiva de la vida diaria, la Independencia trajo nuevas reglas, nuestro primer siglo fue un cambiadero incesante, el Porfiriato, la Revolución, la era Constitucional, el Priato, el cambio gatopardezco, el hoy.

Muchos son los nombres determinantes o predominantes en estos cambios: Hernán Cortés, Agustín de Iturbide, Joel R. Poinsett, Antonio López de Santa Ana, Zachary Taylor, Benito Juárez, Mc Lane, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, Vicente Fox, por nombrar los más relevantes.

Para bien o para mal, habría mucho por discutir, sus decisiones cambiaron las reglas y nos han traído hasta el presente. Con su favor o a su pesar hemos salido adelante y hoy somos lo que somos.

Es la reacción de la sociedad la que ha permitido sortear los diferentes baches que nos han puesto en el camino con mayor o menor velocidad. Dependiendo de la entereza o depresión con la que hemos afrontado la problemática es como a final de cuentas hemos progresado.

El sistema estadounidense ha permitido que, a pesar de no contar con la mayoría del voto popular, los valores económicos y el hartazgo de la política, encumbren al poder a un personaje que presagia barruntos de tormenta sobre nuestro país.

La pésima percepción que tiene de nosotros se basa en mucho de lo que hemos permitido y, en ciertos aspectos, sólo es una exageración de la realidad que vivimos.

Es nuestro turno de mover, veamos las áreas de oportunidad que se nos presentan, actuemos con inteligencia y saquemos provecho de este río revuelto convirtiéndonos en buenos pescadores.

El supuesto muro nunca servirá para impedir la emigración ni el tráfico ilegal, preguntémosle al Chapo, las experiencias de la Gran Muralla China y el Muro de Berlín servirían a quien conozca un poco de historia, cosa que no se da en quien sugiere tal medida. Servirá para marcar un límite al insaciable expansionismo que paulatinamente fue devorando Luisiana, Florida, Texas, California, Nuevo México, Arizona y anexos.

La renegociación del TLC traerá nuevas reglas y dependerá de la calidad de negociadores que nos representen, y de la habilidad con la que las manejemos.

Es nuestra oportunidad de que dejemos de confundir a un güero de ojos azules con poder con un enviado de Tonatiuh, recordemos a Pedro de Alvarado en el Templo Mayor. No es un dios, es un hombre sediento de oro y enfermo de poder, esperemos la oportunidad para darle su Noche Triste.

También es el momento de lavarnos la cara, de cambiar nuestras propias reglas y ofrecer al exterior una mejor imagen, hagámoslo con autenticidad, sin maquillaje, con verdad en todos los planos, con justicia honesta, pronta y expedita en la práctica, sin impunidad selectiva con unos cuantos culpables como chivos expiatorios; con gobernantes servidores públicos y no orquestadores de espectáculos encerrados en el círculo vicioso poder-dinero-poder; hagamos una purga de sanguijuelas vividores del presupuesto, empezando por el exceso de legisladores sobrepagados y siguiendo con burócratas inútiles que cobran por amiguismo o servilismo; apoyemos el enriquecimiento lícito de la libre empresa quitándole cargas que debiera asumir el gobierno que dilapida a diestra y siniestra; apoyando a los buenos servidores públicos para que vivan en la honrosa medianía de un cargo de servicio y dejen de ser mexicanos de primera, sin prebendas fuera del alcance de todos, que se atiendan en el ISSSTE y no con seguros especiales.

Mejorado nuestra casa es como saldremos adelante y haremos evidente que los vecinos nos necesitan, manteniendo nuestros valores y tradiciones; desechando nuestros usos y costumbres contrarias al derecho y a la razón.

Mantengamos erguida la cabeza y con orgullo legítimo, con nuestra calidad de excelentes personas que somos las aguas tomarán un mejor nivel y cooperaremos con los vecinos de igual a igual, recordemos que no somos inferiores ni superiores, sino diferentes.

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Número 20 - agosto 2018
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