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La semifinal electoral parece definirse antes de empezar la campaña

Martes, 13 de Marzo 2018 - 16:00

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Guillermo Vázquez Handall

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Desde que las diferentes fuerzas políticas definieron a sus abanderados presidenciales, quedaba claro que el primer lugar de las preferencias le iba a pertenecer sin discusión a Andrés Manuel López Obrador.

Por ello las etapas previas, establecidas en un formato hipócrita, toda vez que desde el primer día han sido ya una campaña en forma, se entendían como una suerte de semifinal para determinar quien sería el rival del tabasqueño en la parte final del proceso.

Al inicio, quien se perfilaba a ocupar el honroso segundo lugar de las mediciones, para desde esa posición apostar por el voto de los indecisos y el denominado útil, era Ricardo Anaya.

Sin embargo, una serie de factores, de diversos tipos por cierto, están dándole un enorme viraje a esa suposición, a tal grado que lo más probable es que aun antes de iniciar la campaña formal, quien esté en ese segundo escalón sea José Antonio Meade.

El primer elemento de juicio se relaciona con la investigación periodística que exhibió el nivel de vida del entonces presidente nacional de Acción Nacional, que a todas luces no correspondía ni era congruente con sus ingresos.

Las aclaraciones que el mismo Anaya esgrimió en su defensa dieron pie a otra investigación, en este caso por lavado de dinero, producto de la compra-venta de un terreno en el estado de Querétaro, de la cual Anaya presuntamente se benefició con una suma millonaria, lo cual le permitió poder asumir esos gastos tan superiores a su ingreso.

El tema es que Anaya fundamentó su discurso en el combate a la corrupción, esta denuncia en curso mas allá de la determinación judicial final, le resta la calidad moral suficiente para poder mantener esa postura.

De hecho, lo coloca en el mismo rasero de a quienes critica y con ello pierde cualquier margen a su favor en ese sentido, incluso ahora tendrá que cambiar radicalmente su interacción con sus rivales, en vez de atacar a sus contendientes, tendrá primero que defenderse.

Esto no solo transforma por completo la estrategia y narrativa de su propia campaña, porque no solo se trata de una distracción, le impone tener que adoptar una actitud mesurada, muy alejada de su característica arrogancia y talante impositivo.

Más aún, porque si bien es cierto que Ricardo Anaya está intentando a toda costa colocarse en el lugar de víctima, acusando al gobierno federal de una persecución en su contra, la realidad es que lo que pretende es precisamente llevar la discusión a ese hecho para no tener que dar explicaciones y afrontar su eventual inocencia o culpabilidad.

El asunto es que el papel de víctima ni le va durar, ni le va a servir por mucho tiempo, en tanto él mismo no compruebe fehacientemente que no tiene una implicación o beneficio directo en el entramado del manejo del dinero producto de la operación del terreno en mención.

Aunque este es el argumento fundamental que presupone lo que será una caída vertical, que no solo lo va a mover del segundo lugar, sino que incluso le limitaría cualquier posibilidad de triunfo, existen otros factores adicionales que indican que su derrumbe es inminente.

No se puede hacer de lado el rechazo de muy importantes miembros de la cúpula de su propio partido, se habla que al menos siete de los gobernadores blanquizales no lo respaldan, primero por la forma en que se apropió de la candidatura presidencial, violando la tradición democrática imperante históricamente en Acción Nacional.

También por las escisiones que propició en esa dinámica, como la de Margarita Zavala, que sin duda es el mejor ejemplo de su forma autoritaria y dictatorial.

Aunado a ello, esos mismos liderazgos reclaman que Anaya literalmente hipotecó las candidaturas al Senado y diputaciones federales a favor del PRD y Movimiento Ciudadano para que estas fuerzas consintieran en conformar la alianza que lo ubican como su abanderado.

Aunque esas postulaciones se dividieron aparentemente de forma equitativa de acuerdo al tamaño de cada partido, el problema radica en que Anaya le otorgó unilateralmente a estos partidos las posiciones en las que el PAN ha tenido siempre ventaja, lo que en todo caso derivaría en una importante reducción de sus bancadas en las Cámaras de Senadores y Diputados, situación que eventualmente llevará a que sus mismos correligionarios operen en su contra.

Visto así, el escenario para Ricardo Anaya se antoja mucho más que complejo, lo que hace suponer como apuntábamos, que su desplome será veloz y contundente.

Desde esta perspectiva perderá el segundo lugar en cosa de días, sin que eso implique que José Antonio Meade por su parte lo haya rebasado o mejorado por su propio esfuerzo, sin embargo desde esa posición, Meade podrá tomar y alcanzar un impulso que puede ser definitivo, y eso es responsabilidad únicamente del propio Ricardo Anaya.

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Número 21 - septiembre 2018
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