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La Semana Santa y la Mujer

Jueves, 29 de Marzo 2018 - 15:30

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Daniel Valles

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El posmodernismo en la cultura, la corriente del Progresismo y una no muy efectiva labor de todas las Iglesias Cristianas han provocado un decaimiento del sentimiento religioso como del conocimiento del significado cristiano de la Pascua, llamada “Semana Santa”.

Ya no es igual a como cuando el “Viernes Santo”, día de la muerte de Jesús, se guardaba un “luto” general. Era un día lúgubre. No se escuchaba música sin señal de radio o de TV.

Eran “días de guardar”. Eso ya cambió. No así el hecho que sucedió.

¿Qué tanto ha cambiado? ¡Mucho! Hoy guardan en la maleta el bikini, la tanga y la “cheve” en las hieleras para irse de vacaciones.

La empresa “GCE”, que se dedica a la investigación de la opinión pública en México mostró hace tiempo la perspectiva de la gente en sobre la Semana Santa.

“Donde el 70.7 por ciento de los jóvenes sólo ven un periodo vacacional y 37 de cada 100 confiesan que se encuentran alejados de la religión católica".

Para millones de cristianos católicos y evangélicos en el mundo, la Semana Santa tiene su clímax en las últimas doce horas de la vida de Jesús de Nazareth, quien es el protagonista de la Semana Santa.

Se realzan las horas finales en la vida de Jesús, a partir del "jueves santo" y terminan el domingo de "Resurrección". Quien siempre estuvo esperando el momento de ser traicionado y morir de la forma en cómo murió y por lo que murió. Por toda la humanidad.

La pasión de Jesús inicia en un lugar llamado Getsemaní o Jardín de la Prensa de los Olivos. Jesús sería machacado de la misma forma como lo es una aceituna en la prensa  

Una gran angustia y temor se apoderaba de ÉL. Su único recurso, la oración. (Jn.17). No necesitaba de terapia para combatir el estrés. Mucho menos de calmantes.

Siempre supo lo que tenía que vivir. Cargar el peso de todas las maldades de la humanidad. 

Su cuerpo, alma y espíritu se empezaban a llenar del sentimiento y del dolor por ello.

En su trato con cada persona Jesús nos muestra lo que el ser humano puede ser capaz de hacer. Tratar sin distingos a todos. Sin importar de quién se trate. A esto mismo hoy le llamamos equidad y tolerancia.

Jesús nos enseña y nos pone el máximo ejemplo del trato igualitario y sin distingos hacia la gente. Como para con la mujer llamada María de Magdala. Una prostituta sorprendida en el acto mismo del adulterio.

La ley mosaica demandaba que la mujer fuera apedreada hasta la muerte. No así el hombre. Jn.8:4-11

Las feministas de hoy culparían a “la cultura patriarcal”. Y con cierta razón. Mas Jesús, con calma y certeza comienza a escribir en la arena para luego exclamar algo que se extiende a nuestros días: “El que de ustedes esté libre de pecado, arroje la primera piedra”.

La lección está dada. No solamente se trata del perdón ofrecido para la mujer. Se trata de la restauración de su vida. Lo que se extiende a todo ser humano, representado ahora en María de Magdala.

En ese momento la posición de la mujer es reivindicada y es considerada como una persona que habría de gozar de los mismos beneficios que el hombre. Jesús es así el primer y principal reivindicador de la mujer.

“Ni YO te condeno. Vete y no peques más”. María se arrepiente de su vida de pecado y se restaura.

Qué equivocado está el feminismo de género que considera a Jesús su enemigo. Al cual le ha declarado la guerra sin razón.

A lo realizado por Jesús con la mujer hoy se le llama pomposamente "empoderamiento". Lo que es digno de imitar no sólo durante la Semana Santa, sino todos los días de nuestra existencia.

De eso se trata esta semana. De amar así al prójimo y perdonarlo para tener todos, una vida restaurada. Y ese es, EL Meollo del Asunto.


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Número 23 - Noviembre 2018
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