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La secta Lopezobradorista

Martes, 08 de Mayo 2018 - 15:30

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Guillermo Vázquez Handall

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En esta campaña presidencial, mucho más que en las dos en las que compitió anteriormente, Andrés Manuel López Obrador ha demostrado una extraordinaria capacidad de entender los sentimientos que mas enojan a la mayor parte de la sociedad.

Su impecable discurso y postura en contra de la corrupción, han calado hondo en una comunidad harta de los abusos, parecería pues que ha patentando como suyo su combate.

Por esa razón su poder de convocatoria se ha ampliado a tal grado que hoy, todas las mediciones al respecto lo ubican como el puntero con un margen de ventaja mucho más que amplio.

López Obrador construyó su mensaje para ganar esta elección, a diferencia de las dos oportunidades anteriores en las que no lo logró, aprovechando el diagnóstico de malestar colectivo que se sobrepone a cualquier otra circunstancia.

Desafortunadamente, tuvimos que llegar a un momento de nuestra coyuntura en el que para muchos mexicanos lo importante no es la viabilidad económica y social del país, sino simplemente la venganza en contra del régimen.

Sin embargo, esa habilidad no es la misma en lo que se refiere a un plan integral de gobierno; gran parte de sus propuestas son demagógicas, populistas e inviables.

De cualquier manera, la simpatía a su causa se ha transformado en una fervorosa, y diría hasta fanática, devoción de gran parte de sus seguidores, como si se tratara de una secta religiosa y no de una campaña política.

Este fenómeno produjo dos elementos fundamentales, el primero la irrupción de un ejercito de cuentas creadas ex profeso en las redes sociales, financiadas por los grupos que lo apoyan, prestas y dispuestas a identificar cualquier mención en su contra para defenderlo.

El segundo fue el contagio que provocó en sus seguidores reales, la actitud de estas denominadas granjas de bots, que a su vez no solo multiplicó su presencia en estas plataformas, sino que elevó considerablemente el tono de la respuesta. 

Derivado de ello, lo que se observa es un lenguaje agresivo que se caracteriza por el insulto, más que una forma de demostrar que son muchos, con una intención clara de amedrentar a quienes no comulgan con su causa.

En esta dinámica no hay debate, ni discusión, simple y llanamente descalificaciones, quien se atreve a mencionar cualquier cosa que no vaya a favor de López Obrador, lo hace traidor a la patria, corrupto, vendido o chayotero.

Este tipo de propaganda cancela de tajo la libertad de expresión, de disentir, incluso de pensar diferente, privilegia una postura dogmática que independientemente de militancias o simpatías partidistas, divide a los mexicanos en dos.

Esta aberración debe tener su origen en lo mucho que les preocupa, tanto a los dirigentes de Morena como a los integrantes de la secta, que se analicen y contrasten propuestas y actitudes de todos los candidatos.

Sobre todo porque después del discurso anticorrupción lopezobradorista, insisto, impecable, lo que queda es muy debatible debido a la fragilidad e incongruencia de su fondo.

Esto se convierte en material de reflexión para todos esos millones de mexicanos que aun no definen su sufragio, a los que sí valoran pros y contras, y más que castigar al partido en el gobierno, no solo quieren un cambio de ruta, también quieren vivir en paz y con libertad.

Porque esta andanada ignorante de ataques, lo que plantean es precisamente un modelo donde no se puede convivir en la crítica, en el que pareciera que quienes van a gobernar son esas cuentas de redes sociales y no un gobierno.

Lo que se infiere es una intención de hacer parecer que en México gobernará una asamblea popular a mano alzada, en la que los preceptos principales son el castigo y la censura, en el cual no solo quien cometa una afrenta contra el mesías líder de la secta será reprendido, peor aun será apedreado contra el muro del fanatismo, mientras los exaltados que la conforman disfrutan y aplauden.

Lo incongruente es que mientras el propio López Obrador habla de reconciliación, sus huestes son una suerte de mercenarios que definen una agenda estrecha, sin alternativas pero sobre todo impositiva.

El asunto es que uno de los efectos que ellos mismos están provocando es que todos aquellos que no van a votar por López Obrador, incluidos los indecisos, se reúnan en una sola poción, la que sea, para evitar la llegada del terror revolucionario francés de Robespierre.

En esta elección no solo se define al próximo presidente de la república, también la forma en que nos comunicamos, entendemos y respetamos, el problema más álgido es que los miembros de la secta creen que si López Obrador gana, tendrá cabida el falso dilema mediante el cual las clases populares se imponen sobre las otras con el uso de la fuerza y será legal el ataque, la violencia y la represión.

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Número 21 - septiembre 2018
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