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La Navidad más Feliz

Lunes, 25 de Diciembre 2017 - 15:00

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Antonio G Trejo

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"Ya no pienses en mi o en lo mío", Albert Camus

La fotografía fue tomada en diciembre de 1914 en Ploegsteert, un pueblo belga situado en la frontera con Francia, los posantes son soldados ingleses y alemanes que combatían arduamente en las trincheras, soportando las inclemencias del crudo invierno y la helada agua nieve que es característica de ese lugar. La batalla era cruenta, las horas del día interminables, la única distracción agradable era ver saltar a los conejos y contar los cuervos que bajaban en busca de los sobrantes que les dejábamos.

El mero día 24 unos soldados alemanes salieron de sus trincheras, no traían sus armas, solo pequeñas bengalas que después encenderían. Los alemanes, cuidadosos en sus movimientos se condujeron con aplomo y gallardía, sabían que eran un blanco perfecto, pero actuaron con naturalidad sin displicencias ni provocaciones; como actores frente al escenario. Los británicos no lo podían creer, nadie dijo nada, un absoluto silencio, pero sus rostros no podían ocultar la sorpresa y el asombro. De pronto, uno de los alemanes se apartó del grupo, no traía nada en las manos y con paso firme y decidido se encaminó hacia la trinchera inglesa. Se detuvo a dos pasos del borde de la trinchera y miró fijamente a las caras de los dos soldados ingleses que tenia frente a él, con voz firme y bien entonada dijo: You no shoot, we no shoot; dio la media vuelta y regresó por donde vino. El oficial inglés de inmediato ordenó a sus soldados el no disparar. Acto seguido corrió un rumor de beneplácito en toda la hilera de soldados apostados junto a los sacos de arena. Las armas fueron hechas a un lado, una actitud relajada se esparció en sus rostros y sus cuerpos, alguien empezó a cantar. Los alemanes seguían decorando con las bengalas. En la tarde noche, los alemanes encendieron las bengalas, el verde de las ramas lucía espectacular con el resplandor anaranjado de las luces. Los ingleses aplaudieron la escena y empezaron a cantar con sentimiento inusitado, los alemanes siguieron; así cantaron por horas sin interrumpirse. Hacia tiempo que no se escuchaba ningún disparo, todo quedo en calma, de vez en cuando se escuchaba el aleteo de los pájaros.

A la mañana siguiente, nadie siquiera empuñó las armas, todos confiados atizaron sus fuegos y se disponían a desayunar; en esta ocasión fueron los británicos quienes se dirigieron a los alemanes y compartieron el té y el chocolate de sus raciones; después todos compartieron el tabaco y otras golosinas. Alguien sugirió alinear a los muertos en una sola fila, fue un momento muy solemne, algunos no pudieron reprimir el llanto, un capellán escocés los bendijo y recitó algunos salmos. Los heridos también fueron atendidos con especial atención por los enfermeros de ambos bandos, sin distinción alguna.

Alguien consiguió unos trapos y un pedazo de cuero que pronto se convirtió en una pelota. Se organizaron los encuentros de futbol y todos pasaron un rato muy agradable. Volvieron a compartir el té y el tabaco y cada quien volvió a sus trincheras, nadie se acordó de empuñar las armas. 

Los dos días anteriores habían sido increíbles y trascenderían en la vida de estos hombres para toda su vida. Habían traspasado la etapa del patriotismo eufórico y la arenga efímera para salvar a la patria, se habían concientizado de su humanidad y su valor único como individuos, de su personalidad plagada de aciertos y defectos, de su responsabilidad hacia sus hermanos sin importar su nacionalidad y de la solidaridad que todos nos debemos en todo momento y en cualquier circunstancia. Habían vuelto a recuperar su humanidad, su verdadera esencia, se habían encontrado a sí mismos.

Los sobrevivientes, escribieron cartas a sus familiares y amigos, vaciaron su corazón y conmovieron a sus lectores. Sin quererlo, dejaron un legado ejemplar que gozaron con júbilo aquella Navidad del 1914.

La Navidad es una fecha marcada en los calendarios de la sociedad, cuando en realidad debería estar marcada en nuestro entendimiento y en nuestros corazones.

Regalemos pedazos de nuestra esencia y existencia, son lo más genuino y lo más valioso que poseemos.

Navidad del 2017.

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Número 22 - Octubre 2018
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