Se encuentra usted aquí

La loza del PRÍpila

Viernes, 01 de Junio 2018 - 15:00

Autor

julio_chavezmontes.jpg
Julio Chavezmontes

Compartir

pipila.png

A la hora de escoger candidato para la grande, el otrora monolítico partido tricolor, tuvo que echar mano de un candidato “externo”, porque su caballada no estaba flaca, sino que está podrida.

Luis Videgaray Caso no podía presentarse como candidato de la revolución hecha gobierno, porque además de su simpatía y carisma arrebatadores, en México todavía no se permite la reelección presidencial, aunque haya ejercido el poder ejecutivo tras bambalinas, bajo la dirección escénica de Salinas.

Fue por eso que Enrique Peña Nieto, (o mejor dicho, su ventrílocuo), se vio precisado de buscar al tapado fuera de las filas del ex-invencible.

Ahora los mexicanos ya saben lo que cuesta elegir a alguien por bonito…

Peña Nieto se presentó desde Toluca como lo que en tiempos de mis mayores era descrito como petimetre, catrín, roto de vecindad; el pachuco de cabellos envaselinados con Glostora súper sólida,  que le da un aspecto entre astroboy y las marionetas de los thunderbirds.

Peña Nieto llegó a la presidencia enarbolando el dicho  que promovían en los frascos de brillantina: “los héroes nunca se despeinan”.

Sus credenciales lo hacían inmejorable para telenovelas en el horario de la tarde del Canal de las Estrellas, o en las radionovelas de la XEW, donde Manuel López Ochoa fue el predecesor de EPN protagonizando a Chucho el Roto, con harta brillantina en su copete imperturbable.

A la hora de votar, los mexicanos, las mexicanas y todos los géneros intermedios, escogieron  en Díaz Ordaz al presidente más feo; en Fox al más estúpido, y en Peña al más requetechulo de bonito; y ahora se encuentran en la disyuntiva de entronizar a un anciano o un mocoso que parece pelón e hospicio.

Nada más de ver a la potencial primera dama y cónyuge del ex pentasecretario de estado, hasta creo que Juana Cuevas tendría mucho mejor oportunidad de conquistar la presidencia, que su policromático marido.

Yo humildemente creo que si de lo que se trata es de salvar al PRI, la única forma de lograrlo sería sacrificando nada menos que a Peña Nieto; porque el PRI es como Saturno, el decrepito dios mitológico que se vio precisado de devorar a su hijo.

Siguiendo la lógica de la mafia que establece que nada ni nadie  es más importante que el juego, inmolar a Peña  Nieto e incluso a algunos otros como Videgaray e indudablemente a Romero Deschamps, le daría al PRI nuevos bríos y recobraría credibilidad entre el aullido atronador de la turba enardecida que, como en la Revolución Francesa, aplaudía frenética las degollinas de los odiados opresores.

El pueblo mexicano (y la puebla mexicana) sigue esperando que un presidente llegue a desagraviarlos, ajusticiando a las chachalacas, las víboras prietas y las alimañas a las que Fox prometió castigar, para luego unírseles añadiendo de paso a sus entenados los Bribiescas y la señora Martita.

La sorpresa que se van a llevar si llega el Peje amnistiador perdonando y olvidando para instalar su república amorosa.

La estrategia de Meade que intenta al mismo tiempo justificar a Peña Nieto y ganar la presidencia, se antoja una epopeya digna de los trabajos de Hércules.

Si prenderle fuego a la puerta de la alhóndiga de Granaditas llevando sobre la espalda una loza, fue una proeza que ha llevado a Juan Jose de los Reyes Martínez Amaro  (conocido como el pípila)  de la historia a la leyenda;  emprender una campaña presidencial llevando a  cuestas el lastre de Romero Deschamps, los Moreiras, los Duartes, Borge, Videgaray, la Casa Blanca y la casa de Malinalco,  el Ruiseñor y la Gaviota, el pelón Salinas, y la larga y pesada cauda del cometa PRI es algo mucho más difícil que nada más remontar  las encuestas; si Meade pudiera realizar semejante prodigio, pasaría a la historia como el PRÍpila, con todo y su loza.

revista_octubre.png
Número 22 - Octubre 2018
Descargar