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La (in)seguridad como arma política

Viernes, 09 de Febrero 2018 - 15:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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Derechas populistas y derechas religiosas (ya no hay izquierdas) se acusan de la inseguridad y juntos culpan a la derecha tecnocrática en el poder. Felipe Calderón salió de la Presidencia con un número decreciente de homicidios violentos; Enrique Peña dejará su cargo con un número ascendente de ese tipo de crímenes. Hay cosas muy graves en este tema: el crimen organizado se ha extendido a la trata, el tráfico de especies, armas y extorsión. El gobierno ha insistido desde hace años que si bien los crímenes son altos, se concentran en unas cuantas plazas: Tamaulipas, Guerrero, Veracruz, entre otros.

Un reciente estudio ("Índice de Violencia Municipal 2017") del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, que preside José Antonio Ortega, pinta un panorama muy diferente: no sólo no ha disminuido el crimen en los municipios violentos, sino que otros que no figuraban en la lista se han sumado a esa estadística roja. Tecomán y Manzanillo en Colima fueron los municipios más violentos en 2017, ninguno de los dos figuraba en el mapa como lugares de sangre. La lista completa de los 20 municipios más violentos incluye entidades normalmente fuera de la atención policíaca y mediática, como Zacatecas. Si el estudio está bien hecho significa que la lucha de los cárteles y bandas ha fracasado en la tarea de contener.

Mientras, en la Ciudad de México, hace un par de días aparecieron unas mantas colgadas de puentes del Periférico, en ellas el Cártel Jalisco Nueva Generación amenaza a la banda del H y de paso a todas las autoridades que intenten detenerlo. Algunos especialistas, como Alejandro Hope, dudan de que en efecto dichas mantas hayan sido colocadas por el susodicho grupo criminal, pero no niegan que ese y otros cárteles operan en la capital. En la prensa se da a conocer que la PGR le informó a Miguel Ángel Mancera que dicho cártel ya se encontraba en la capital. El jefe de Gobierno responde con su cantaleta de siempre: no hay crimen organizado, tan sólo bandas narcomenudistas, sobre todo en Tláhuac.

Más allá de si la organización de Ortega tiene razón o el jefe Mancera es el último en enterarse, la inseguridad se ha convertido en un arma política y electoral. López Obrador y Sheimbaum, cada uno en su ámbito, la utilizan, sea contra el gobierno federal o contra el de la CDMX. El tabasqueño promete erradicar la violencia en unos meses por medio del diálogo y del perdón legal. ¿Inocencia o estupidez? No hay problema, si llegan al poder y fracasan en su promesa culparán a la mafia del poder de estar coludida con las otras mafias. Anaya Cortés, por su parte, acusa al PRI, pero olvida que su partido no podido con el asunto; ahí están Chihuahua, Tamaulipas y Veracruz, todas con gobierno panistas, para probarlo.

Meade Kuribreña se suma al coro de las obviedades y las recetas simplonas y declara, en Nuevo León, que la estrategia se quedó corta, sin aclarar si se refiere al estado o al país. Llama a no esperar a las elecciones para hacer algo, pero no dice que el gobierno del que salió ha fracasado en el combate al crimen organizado; decir que se quedó corta es uno de los eufemismos que lo tiene en el tercer lugar. 

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Número 20 - agosto 2018
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