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La ganadora indiscutible del debate

Viernes, 23 de Marzo 2018 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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Nadie recuerda qué fue lo que dijeron Gabriel Quadri, Josefina Vázquez Mota o Enrique Peña Nieto durante el “debate” presidencial de 2012, cuando a Gabriel Quadri se le pusieron los ojos QUAdrados viendo las curvas y el prominente escote de la bella señorita encargada de atender a los debatientes que se debatían entre atender las preguntas, o dejarse atraer por el poderoso imán anatómico de la hasta entonces incógnita señorita.

¡Pero eso sí; todos se acuerdan del color del vestido, el escote, y los atributos de la joven que a diferencia de los aspirantes presidenciales, tenía perfectamente claro lo que había que hacer para lograr su propósito!

Por cierto que después del impacto causado por la presencia de la bella argentina, se supo cómo se llama. Responde (si quiere) al nombre de Julia Orayen.

Julia Orayen (mi tocaya), ganó la elección para ser Playmate de las páginas centrales de la publicación “soft porno" (ni tan soft) que le permitió pasar de anunciadora desconocida a celebridad erótica que ya no cotiza en horas, sino por evento.

Chepina Vázquez Mota ni con sus 900 millones de varos, ni todas sus operaciones de cirugía estética podía evitar la envidia que la corroía de ver a la hiperquinética edecarne, mostrando a las cámaras sus mejores ángulos; aunque sería más correcto hablar de facetas, porque los ángulos no existen en la curvatura geométrica.

No me cabe duda que Julita logró mantener el rating de aquel espectáculo desabrido, del que, a los espectadores (masculinos) lo único que puede haberles importado era ver a la muñeca, sin prestar la menor atención a las declaraciones de los candidatos.

Yo en lo personal abomino los debates porque son una mala copia impuesta por los gringos a sus franquicias bananeras.

En uno de los dizque debates protagonizados en 2016 por los aspirantes gringos a la Casa Blanca, había alrededor de 16 merolicos cuyo principal error, fue aventársele al copete postizo a Clairol Trump, dándole una importancia que no tenía, pero que le regalaron obsequiosamente.

No me imagino a un estadista de la talla de Vladimir Putin debatiendo con los aspirantes a ocupar su sitio a la cabeza de la Federación Rusa.

Conste que tampoco Charles De Gaulle ni Konrad Adenauer debatían con mequetrefes, porque el electorado francés y alemán conocían perfectamente las cualidades y defectos de aquellos personajes.

Recuerdo el debate de mayo de 1994, en el que, el Jefe Diego (que por algo es jefe), desplumó a Zedillo y a Cuauhtémoc Cárdenas con una mano en la cintura.

(Por cierto que me acabo de enterar de un gesto de gran nobleza de Diego Fernández de Cevallos narrado por Mario Villanueva Madrid, que reconoció que el Jefe histórico del PAN, fue el único que le tendió la mano cuando cayó en desgracia. Y puesto a comentar sobre el Jefe Diego, cuánto lamento que no haya llegado el a la presidencia de México).

Los debates (o de-batidillos) tendrán dos verdaderos candidatos (Meade y el Peje) acompañados por el chamaquito que quiere convertirse en la versión azteca de Macron, y de arrimada, Margarita Calderón, cuya elocuencia y congruencia le aseguran el sitio que se merece.

Descartar a José Antonio Meade por adelantado, sería un error.

No importa si como dicen “es desabrido”, porque las elecciones no deberían ser y no son, un concurso de popularidad  ni de belleza.

Lo que importa, es quien de los candidatos demuestra SABER de lo que habla; que sabe lo que hay que hacer y cómo hacerlo.

Si Meade fuera boxeador y yo su manager, le diría que no se preste al intercambio de golpes en corto, sino que boxee a distancia; que tire jabs y acumule puntos. Que demuestre los conocimientos y experiencia con los que piensa resolver los problemas más graves de nuestra patria.

Meade me recuerda un tanto a Don Adolfo Ruiz Cortines.

Ruiz Cortines llegó a la presidencia después del sexenio de Miguel Alemán; “el presidente empresario”, descrito así por Enrique Krauze.

Nadie daba un quinto por “el viejito”, cuyo parecido al actor “Boris Karloff” protagonista de “La Momia”, lo hizo víctima de innumerables parodias y chistes.

Pero indudablemente que el veracruzano encabezó una presidencia tan inesperada como benéfica para México.

Viendo la trayectoria de Meade, no puedo evitar adentrarme en el reino onírico del “y si hubiera”.

¿Y si Ortiz Mena hubiera sido presidente en vez de Echeverría?

El ex secretario de Hacienda, artífice del inolvidable “Desarrollo Estabilizador” y del llamado “Milagro mexicano”, no fue ungido por el PRI como su candidato porque “era desabrido”; porque “no tenía carisma”…

Y nos endilgaron al carismático e inmortal Luis Echeverría (que no se ha muerto ni tiene para cuándo. Tal vez su longevidad es su castigo).

¿Qué habría sido de México con estadistas como Jesús Silva Herzog o Hugo B. Margain o Francisco Gil Díaz en la presidencia?

Estos comentarios no son un voto por Meade, pero de los suspirantes a sacarse la rifa del tigre (que además ya está suelto), creo que es el único que tiene la música por dentro, es el ex Secretario de Hacienda.

Creo que detrás de su apariencia bonachona e “inofensiva” tiene bien puestos los pantalones, y por fortuna, sin las “botitas charoladas” de Foximiliano.

Tal vez sea demasiado tarde y el pueblo mexicano prefiera aventarse un clavado al abismo para vengarse de un PRI cuyas torpezas y corruptelas descaradas e impunes, podría haber perdido toda oportunidad de remontar sus propios errores.

Tal vez a Meade le apliquen un “Sí, pero No”; que a pesar de sus capacidades profesionales y su decencia personal, pague en las urnas los platos rotos por los exponentes del nuevo PRI, de los cuales César Duarte con su flamante exoneración por la PGR ha venido a ser una bofetada más al pueblo mexicano, harto de la impunidad y la corrupción rampantes.

Y hablando de debates, creo que alguien debería prevenir que sea amenizado por otra edecán como Julia Orayen, que fue fiel reflejo de la “seriedad” de aquel espectáculo, y sin duda alguna, la única ganadora indiscutible.

 

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Número 22 - Octubre 2018
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