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La fórmula infalible para ganar

Miércoles, 20 de Junio 2018 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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Desde que México pareció sacarse la rifa del tigre en el sorteo para la fase de grupos en la Copa Mundial de Futbol de Rusia 2018, hizo su aparición la reina de las falacias y las especulaciones; su majestad, LA ENCUESTA.

Nadie daba un quinto por el equipo comandado por Juan Carlos Osorio.

La lógica aritmética (basada en la regla de tres) calculaba que, si a Brasil en su propia casa los alemanes pudieron aplicarle una blanqueada beisbolera al son de 7 goles por 1, a los “mexicanitos” les iba a llover una cueriza parecida…o pior (sic).

Desde su presentación como director técnico del seleccionado mexicano, a Juan Carlos Osorio le llovieron críticas por su peculiar forma de dirigir a base de “rotaciones”.

Los grillos, cuya actividad no se limita a los partidos políticos, exigían un entrenador populista que prometiera vencer a la mafia del futbol sin plan estratégico alguno, llevando como única arma que “el equipo unido, jamás será vencido.”

Como si el partido pudiera ganarse con una gran marcha de portería a portería, secundada por los gritos de apoyo de aficionados frenéticos atrincherados en las tribunas o un plantón fuera del estadio.

Para la imagen televisiva y para llenar los estadios con multitudes enloquecidas, nadie quería un entrenador que les impusiera a los jugadores una disciplina rigurosa y un plan estricto de ejercicios y prácticas.

Para las coaliciones de porros y demás fauna futbolera de matracas y chelas, la sombra del supremacismo blanco anticipaba la excusa perfecta para explicar los malos resultados sin correr el riesgo de ser despedidos, a pesar de encabezar la misma campaña en la que el electorado juega como nunca, pero pierde como siempre.

La victoria mexicana en su primer juego ante los tetracampeones alemanes, nos presenta una buena ocasión para PENSAR las cosas con vistas al juego más importante de México: La definición de nuestro futuro, cuando menos, para el próximo medio siglo.

El triunfo mexicano en Moscú este día del padre, se debe a decisiones bien tomadas; a estrategias seguidas con base en planes bien ideados; a disciplina, cálculo preciso, responsabilidad, coordinación, planeación, profesionalismo, seriedad y por supuesto, amor a la camiseta.

Pero la Selección Mexicana no le ganó a los alemanes con el puro corazón, sino aplicándoles una sopa de sus propias medicinas: velocidad, precisión, orden, temple, firmeza, preparación, preparación y más preparación.

Le jugaron de tú a tú, pero no a mentadas de madre ni consignas demagógicas, sino superándolos a lo largo y ancho del terreno de juego.

Para definir la alineación del equipo mexicano en el partido de este día del padre, no hubo jugadores plurinominales, ni reciclados del basurero político nacional o trapecistas que saltan de un partido a otro; que un día son Águilas y al siguiente Chivas.

Alineamos un equipo balanceado en el que ha prevalecido la cordura, la serenidad, la claridad de miras, el orden de estrategia y táctica, el rigor, que no se riñe con la flexibilidad ni la creatividad.

Cada jugador seleccionado se ganó su lugar en la cancha a base de entrega y trabajo duro, no a través de coaliciones y componendas.

Lo que no hubo por ninguna parte fueron corazonadas, ocurrencias, protagonismos, ni titubeos.

La Copa del Mundo que está en marcha, nos brinda lecciones dignas de tomarse en cuenta en estos días en que los mitos de “mitosky” (sic) vaticinan triunfos por goleada sin pisar ni siquiera la cancha de las casillas electorales todavía.

Las encuestas valen madre. Tanto, que según los “expertólogos”, incluyendo a Diego Armando Maradona (vocero de Castro y de Chávez), quien afirmó que México no merecería ser sede de la Copa del Mundo 2026, además de que según él, los alemanes nos iban a merendar de un bocado.

Y a pesar de lo que diga Pelusa y de que le guste o no le guste a Clairol Trump, seremos sede compartida del Mundial 2026 y los alemanes fueron los engullidos por el Once Azteca.

A la hora de la verdad, cuando haya sonado el silbatazo dando inicio a la jornada electoral del primero de julio, cada jugador decidirá si quiere que el equipo de nuestra patria gane, o si en vez de anotar goles memorables nos lanzamos a faulear y reñir aunque nos cueste la tarjeta roja del desastre nacional.

A la hora de votar, creo que el pueblo mexicano debe mandar un mensaje muy claro en el sentido de que, queremos que quien la haya hecho, la pague.

Que no voten por la “paz y el amor” que ofrece ¡amnistías estúpidas! de borrón y cuenta nueva para todos los corruptos que en los últimos tiempos han desbordado la paciencia de los mexicanos hasta extremos nunca imaginados.

Las tepocatas, las víboras prietas y las alimañas (incluyendo a Fox), tienen que responder y retribuir.

Hay que votar por un equipo cuya preparación permita pasar de la serie de grupos y alianzas, a la etapa definitoria del bien de la patria; un equipo finalista que termine lo que comienza; que rinda cuentas, que dé resultados, que se entregue en la cancha del quehacer diario y que jamás se quite la camiseta nacional hasta haber disputado y vencido en la final, encaminándonos por un rumbo cierto y bien definido.

Yo no creo en un voto dividido sino en un voto condicionado claramente; un voto que nos lleve a alzar la copa de la victoria después de tantos años de decepciones y de burlas.

Así debemos votar el primero de julio: Por amor para que gane México, y no por rencor ni odio por un grupo de basuras a las que, sin duda alguna, hay que ajustarles las cuentas sin pactos, sin concertacesiones y sin amnistías que les regalen IMPEJEPUNIDAD a cambio de una concertacesión en la que los saqueos del último sexenio queden intocados.

El triunfo de nuestro equipo nacional en Moscú cumple un extraordinario propósito preelectoral:

LAS ENCUESTAS NO LE DAN LEGITIMIDAD ADELANTADA NI TRIUNFOS GRATUITOS A LOS FAVORITOS DE LAS ESTADÍSTICAS.

A la hora de la verdad, lo único que cuenta son los goles.

A Joachim Löw no se le ocurrió pedir que mediante el VAR se hiciera un recuento de jugada por jugada; no impugnó la victoria mexicana invocando las encuestas que lo favorecían antes del partido; no organizó un plantón en la Plaza Roja.

México le ganó a la selección campeona del mundo el domingo pasado, porque aplicaron la fórmula infalible:

Jugaron con la cabeza serena y clara, INSPIRADOS POR EL AMOR A GANAR Y NO POR EL TEMOR A PERDER.

¡Así es como tenemos que votar este primero de julio!

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Número 21 - septiembre 2018
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