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La escuela como un “No espacio”

Miércoles, 10 de Octubre 2018 - 15:00

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María del Pilar Cordero César

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"La educación ha producido una gran población capaz de leer, pero incapaz de distinguir lo que vale la pena leer." G.M. Trevelyan             

El concepto de no espacio viene estructurado a partir del enfoque antrpológico de Mark Augé, antropólogo francés que emplea el término para designar los espacios del anonimato, espacios de la globalización de las últimas décadas que apuntan a una crisis civilizatoria que afecta a espacios e individuos. Término polémico que implicó debates en intelectuales críticos contemporáneos, especialmente dentro del ámbito de la arquitectura, posterior, en las ciencias sociales y humanidades, haciendo referencia a el énfasis en el estudio de los usos y significados sociales del espacio (lo que se ha llamado el “giro espacial” en las ciencias sociales) (Cruz B. 2018).

Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar”(Augé, 2000, p.83).

Menciona Augé, los no lugares mediatizan todo un conjunto de relaciones consigo mismo y con los otros que no apuntan sino indirectamente a sus fines: como los lugares antropológicos crean lo social orgánico, los no lugares crean la contractualidad solitaria. Dicha “contractualidad solitaria” se refuerza con la abundancia de textos y señalizaciones en carteles o pantallas, que van puntuando el recorrido del cliente. (…) el vínculo de los individuos con su entorno en el espacio del no lugar pasa por las palabras, hasta por los textos.  Ciertos lugares no existen sino por las palabras que los evocan (p.99) (…) la autopista es por lo tanto doblemente notable: por necesidad funcional, evita todos los lugares importantes a los que nos aproxima; pero los comenta (p.101).

La escuela como un no espacio, de principio sería una contraposición por origen del término educación y por el fin que esta atiende. Es una contradicción de entrada, sin embargo, en la práctica, parece, sucede otra situación.

La escuela, como espacio educativo (formador de personas para la vida libre y feliz)  no debería de crear contractualidad solitaria, va en contra de sus fines, pero se ha transformado en un espacio sin identidad, de paso obligatorio, llena de textos y señalizaciones que indican que la escuela en la que se encuentran estudiando es la mejor, que estudiando lo que se indica -textos, símbolos de aprendizaje a través de currículos descontextualizados- los llevará a una meta al final del estudio -al salir de un ciclo, por ejemplo-. La escuela hace contratos con sus clientes cada semestre o año, si los textos convencen, siguen en la escuela, si no, lo más rápido es pasarla sin graves complicaciones, es el camino obligatorio para hacer algo más, algo más significativo para la vida, al final, será el  tiempo que decidan sobre su vida. ¿y antes que significo la escuela obligatoria tantos años?, es llegar para salir al ritmo que me lo marcan: “atiende, se bueno, memoriza, aprueba exámenes para obtener al final del ciclo un certificado que indica que puedes seguir adelante, ahora si puedes tener una vida…” y  poco cuestionamos para qué estudiamos, porqué la escuela nos confina a espacios sin identidad personal, obligados a ir por este espacio y tiempo sin hacer historia para la propia vida. La escuela como espacio debería crear significados propios y solidarios, creador de mentes y corazones relacionados para ser felices, entendiendo que el hombre crece a partir del otro, no en soledad. Entonces, ¿Por qué la escuela es un No Espacio?

En las escuelas se promueve la alexitimia en las aulas. Como mencionan Casenave y Barbero, nuestros alumnos sufren de gran alexitimia que se traduce en una gran desconexión de su cuerpo, de sus emociones, de sus necesidades…es decir, nuestros alumnos sufren de deshumanización (2010).

Dice Jacques Bardavíd, “Nos quejamos de la delincuencia y la inseguridad, pero preferimos enseñar qué son las mitocondrias de las células o cuál es el comportamiento psicológico de los ratones, y nos olvidamos de enseñar los valores morales que deben regir nuestras vidas, y las responsabilidades que debemos asumir para poder crear familias, grupos y sociedades productivas, sanas y prósperas, en donde las personas puedan convivir y crear vidas felices para todos”.

A los niños se les tiene atrapados (encarcelados) en la escuela 10 a 15 años de su vida recibiendo toneladas de información, mucha inservible, sin que puedan aplicar para producir algo útil, ni aportar algo valioso a los demás, sin poder ser parte activa de la comunidad, ni participar realmente en el juego de la sociedad (Bardavíd, 2012)

Reto a cualquier adulto a mantenerse atento e interesado en los salones de clase de las escuelas, comenta Bardavíd ¿podría tolerar sin aburrirse los múltiples temas de estudio que no tienen un propósito claro ni una relación directa con su vida cotidiana, pero que obligamos a nuestros niños y jóvenes a aprender? (2012), desde el tiempo que están en la escuela (de siete de la mañana a 2.30 de la tarde), en aulas, siempre sentados, viendo la cabeza del de enfrente, en orden, con disciplina, callados… ¡a esas edades! …pero hay un recreo, o dos, uno pequeño, para estirarse (¿), aulas con muchos alumnos (grupos de 30 o más, que es anti pedagógico) con calor humano y calor por el espacio lleno, y después de comer el “lunch”,  barriga llena, corazón y cerebro…no muy activo para entrar a clase tres horas más, ¿qué proceso de atención – aprendizaje sucede en éstas circunstancias? estudios en desarrollo humano, indican que es muy escaso y con mucho esfuerzo.

Nos quejamos de la irresponsabilidad laboral, del ausentismo, del alcoholismo, pero no enseñamos a nuestra juventud, de manera práctica y aplicable la importancia de la moderación, el cumplimiento de la palabra dada, la diligencia, el placer de sur útil (Bardavid N. 2012).

Bardavin sigue comentando, sabemos de la propagación de enfermedades cardiovasculares, obesidad, desnutrición, pero preferimos enseñar complicadas clases de biología y anatomía, poco prácticas e inútiles, y olvidamos señalar cuál es la buena alimentación y la necesidad de hacer ejercicio para mantener la salud y cuidar de nuestros seres queridos (2012).

Lamentamos la contaminación del ambiente, aire, ríos y lagos, la depredación de bosques y la erosión, pero preferimos llenar la cabeza de los estudiantes de datos teóricos, de poca aplicación práctica, y no los hacemos partícipes en programas ecológicos, de limpieza de calles y parques, de reforestación, los cuales, además de educarlos en tan valiosos temas, podrían convertirlos en ejemplos a imitar por el resto de la sociedad (Bardavín, 2012). Como decía Heraclito, mucho aprender no enseña a entender.

Si a este No Espacio le incluimos la carga de los profesores, a los que en su horario completo, lleno dando clase, sin tiempo administrativo, (que deben cumplir fuera de su horario, porque se les contrato para dar clase, la preparación de clase, entrega de papeleo que la secretaría exige y es mucha -inútil y burocrática-,  entrega de boletas, adorno del salón y preparación de festivales) esta, es otra historia macabra, lo que abona a que la escuela sea un “no Espacio”.

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Referencias

Augé, M. (2000). Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa.

Bardavíd N. (2012). El Maleficio de la educación en México. México, ed. Alejndría

Cazenave I., Barbero R. (2010) Borrando la J de jaula. España, Desclée

Cruz B. (2018). De los no lugares al espacio basura, diseños de los espacios de globalización. Arte individuo y Sociedad.  30(2) 2018: 261-273. Ediciones complutenses.

Sugerencia, de Solana Eduardo (coord) (2012) Educación bajo la lupa. México, siglo XXI

 

 

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Número 21 - septiembre 2018
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