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La embestida de AMLO

Lunes, 26 de Marzo 2018 - 15:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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Con un timing preciso, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha embestido de manera inteligente a tres de los temas más preciados de la actual administración federal: el nuevo aeropuerto, y las reformas energética y educativa. Con esto ha logrado poner a la defensiva al PRI y al gobierno federal, dejar pasmado al candidato José Antonio Meade Kuribreña (JAMK) y obligar al presidente Enrique Peña Nieto (EPN) a meterse de lleno en la campaña. En términos de béisbol, López anotó un jonrón.

Acerca del posicionamiento de AMLO hay que entender dos cosas: primero, está negociando y lo hace como él sabe hacerlo, como lo hacían los priistas de los años 50 y 60, de manera dura. El mensaje que está lanzando a los inversionistas y empresas que están en la construcción del aeropuerto y las concesiones de PEMEX es claro: la negociación es ahora conmigo, no con un gobierno que se diluye. La segunda cosa que hay que entender es que esta posición agresiva está dedicada a sus huestes más radicales, que estarán saltando de alegría, y a los antipriistas rabiosos que alaban ese otro país que dibujó el miércoles pasado AMLO en su encuentro con los periodistas de Milenio.

Ahora bien, ¿qué hace el presidente Peña Nieto subiéndose al ring contra un candidato?, ¿no se acordó del caso Fox-AMLO? Más aún, si había decidido meterse a la pelea, ¿por qué no escogió mejores argumentos? AMLO dio un argumento muy sencillo, fácil de comprender: el nuevo aeropuerto y las concesiones petroleras están hechas sobre la base de la corrupción. Otro argumento sencillo dicho a los de Milenio: no se puede hacer una reforma educativa sin consultar a los maestros. Y desde el gobierno y los priistas todas las respuestas son cifradas o jaladas de los pelos: a Meade las propuestas de AMLO le provocan pesadillas (¿qué clase de respuesta política es esa?); Peña dice que si se acaba la reforma energética los mexicanos terminarían pagando la deuda de PEMEX, ¿por qué?, ¿quién decidió que así fuera?; Ruiz Esparza asegura que cancelar el nuevo aeropuerto sería “una vergüenza” para México, lo que quiere decir ¿qué?. Cierto es que todos dijeron algo más, pero dejar en manos de los periodistas una verborrea enredada es arriesgarse a que, en su legítimo derecho, cada medio decida qué destacar y no necesariamente lo que interesa al gobierno.

Lo que está haciendo López Obrador muestra a las claras que es el que mejor está usando las reglas electorales, algunas absurdas. Está haciendo campaña, pero al mismo tiempo no la está haciendo, por lo que el INE difícilmente lo puede pillar con los dedos en la puerta. Por otro lado, la intervención de gobierno federal en la campaña muestra que es el que sigue conduciendo la campaña de JAMK, quien es el que debe defender (o no) las reformas y el aeropuerto, aunque le cause pesadillas y asquito.

Sin embargo, debajo del triunfo político y mediático de AMLO, el tigre ha asomado su cola: los inversionistas, empresas y clases medias se preguntarán si la ambigüedad de López no esconde apenas su talante autoritario y antidemocrático. A veces demasiado éxito vuelve confiadas a las personas.

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Número 21 - septiembre 2018
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