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La elección presidencial, el siguiente sismo que nos espera

Martes, 03 de Octubre 2017 - 17:00

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Guillermo Vázquez Handall

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Científicamente los terremotos no se pueden predecir, en contraparte, las convulsiones políticas y sobre todo las electorales sí, no sólo porque estas últimas tienen fecha, sino porque los antecedentes confirman lo que ya no es un pronóstico y es más bien una realidad.

Los recientes fenómenos naturales, huracanes y temblores, que se han ensañado con diversas regiones de nuestra geografía, han impactado poderosamente en el ánimo de todo el país, se han convertido en el factor principal de influencia política.

A partir de esta circunstancia, todos los escenarios y la estrategias necesariamente tendrán que ver primero con la afectación, luego con la reconstrucción, y finalmente con los resultados.

Principalmente porque en ello media el tema de los recursos, tanto de su obtención, como de su administración y destino, elemento coyuntural que modifica drásticamente cualquier perspectiva previa.

Mas allá del debate en función presupuestal, lo que es un hecho es que el gobierno tendrá a su disposición sumas multimillonarias para la reconstrucción y eso en el previo de un proceso electoral, es sin lugar a dudas un beneficio para su partido.

Sin dejar de lado que hoy la sensibilidad social está a flor de piel, un argumento de corte emocional que multiplica los efectos de la acción gubernamental.

Independientemente del análisis colectivo, los damnificados directos recibirán apoyos de parte del gobierno y aunque ello no se realice a través de una publicidad partidista o de campaña, tendrá la misma consecuencia como si lo fuera.

Dadas las condiciones, ningún otro aspecto de la realidad nacional podrá superar en atención e importancia el restablecimiento de la normalidad, lo que quiere decir que las fuerzas opositoras al régimen se quedarán sin discurso.

En todo caso, a lo único que podrán referirse y que llame la atención del electorado será precisamente lo relacionado con la reconstrucción; seguramente sus argumentos se orientarán a criticar las formas y el uso electorero de la disposición de los recursos oficiales.

De cualquier forma, los otros señalamientos quedarán en segundo plano y el impacto de los beneficios será mucho mayor que los reproches, lo que evidentemente representa un tanque de oxígeno para el gobierno y su partido.

Aunque hay quienes piensan, y no son pocos, que el desprestigio que sufre el régimen y su brazo político es tan grande que ya no hay tiempo para recuperarse, la realidad es que la situación le otorga márgenes de maniobra que eran impensables anteriormente.

La principal oposición del Revolucionario Institucional, Andrés Manuel López Obrador, y el denominado frente amplio conformado por Acción Nacional, el PRD y Movimiento Ciudadano, no van a tener posibilidad de competir, salvo en el aspecto retórico, contra los incontables recursos que el gobierno tendrá a la mano para hacer campaña mediante la reconstrucción.

Peor aún, no podrán siquiera intentar limitarlos porque eso sería no sólo mezquino, sino hasta suicida y digamos que lo único que podrán exigir es transparencia en su ejecución.

Situación que también es extremadamente positiva para el binomio en el poder, porque es una oportunidad extraordinaria para intentar limpiar, aunque sea un poco, su imagen.

Esta situación representa una ocasión inigualable para hacer bien las cosas en ambos sentidos, tanto en la eficiencia de la ejecución, como en la transparencia, de modo que no hay mejor escenario posible.

Además, conlleva un componente que va a ser irreprochable -simple y llanamente- porque es su responsabilidad reconstruir y más aún reactivar la convivencia y economía de las zonas afectadas.

A pesar de lo que eso implique en términos de obligación formal, es la eventualidad de erigirse como el salvador y el gran recuperador porque la acción natural en estos casos lleva esa consecuencia.

Puede decirse que es un parteaguas que ni siquiera los voceros del caos pudieron prever, que evidentemente a quien más le favorece es al gobierno y a quien más perjudica desde la óptica de la competencia es a su oposición.

No hay que olvidar que esto representa por supuesto una transformación de intenciones y estrategias, sin dejar de lado que, independientemente de sus propios argumentos, cada fuerza tendrá ahora que atenerse a las circunstancias que impusieron los fenómenos naturales.

Sin embargo, considerando que de todas formas esta perspectiva no define del todo, existe otro aspecto que es de la mayor importancia y que tiene que ver de manera particular con la posibilidad de que la reconstrucción posicione individualmente a algunos aspirantes presidenciales.

A aquellos que por las funciones inherentes a sus cargos públicos actuales, el proceso como tal les otorgue exposición, contacto y cercanía con los afectados y por ende con la población en general.

Otra vertiente que nadie pudo siquiera imaginar, que cambia radicalmente los preceptos que medían las oportunidades hace apenas un mes atrás, es que ahora ciertos funcionarios tendrán más presencia en estos meses, que en todo lo que va del sexenio.   

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Número 12 - noviembre 2017
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