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La elección en que se perdió una nación

Jueves, 21 de Junio 2018 - 15:00

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Fernando Navarrete

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“La inflación, sin ser escandalosa, no se acerca a los mínimos esperados. El crecimiento económico ha sido mínimo en los últimos años. Adicionalmente, casi la mitad de la población se encuentra en alguno de los deciles de pobreza, esto es, 4 de cada 10 personas. Buena parte de la riqueza petrolera ha sido repetidamente despilfarrada, lo cual, en un país petrolero, resulta inaceptable. Varios politólogos han salido a decir que el país está “en crisis”, o virtualmente “en ruinas”. A pesar de que las finanzas públicas son sanas y el país avanza de a poco, resulta notoria la desigualdad entre sus zonas de mayor influencia. La clase media he perdido parte de su poder adquisitivo y la percepción mayoritaria es que se requiere un giro de timón urgente."

El candidato más popular, que formó un partido político propio hace apenas un par de años, ha recorrido el país de punta a punta llevando su mensaje emancipador y en él habla textualmente de “cúpulas podridas, de que el modelo actual no sirve y debe morir, de que el país se encuentra en un período de transición que lo alejará de la catástrofe en que se encuentra sumido”, al tiempo que impulsa su AGENDA ALTERNATIVA, prometiendo echar a la basura las “políticas neoliberales”.

En dicho documento, sataniza todo el sistema político existente e indica que su proyecto es la única posibilidad de mejorar lo que el Estado, en décadas anteriores, no ha podido o querido hacer, “manteniendo al país en la pobreza”. En dicho programa, el candidato y sus colaboradores hablan de 1) Dinamizar la economía, 2) Establecer una economía humanista y competitiva y 3) Diversificación del aparato productivo. Lo salarios son otro tema, debido a que son bajos en lo general, por lo que deben incrementarse, argumenta.

“Inclusión y justicia social”, son parte de las consignas de campaña.

También, promete que en caso de no resultar eficiente su gestión habrá de someterse a la voluntad popular cada dos años y renunciar, en caso de así decidirse”.  

¿Suena familiar?

Estos fueron sólo algunos de los elementos que predominaron en la campaña de Hugo Chávez, antes de aquel diciembre de 1998, cuando ascendió al poder. Así fue como comenzó la llamada Quinta República, acorde con el recuento que hacen El Diario las Américas y El País.

Hoy, a 20 años de distancia, no existe alguien que dude que dicha transición ha sido no sólo un fracaso, sino una aberración en materia social y humanitaria.

En aquel diciembre de 1998, 3,673,685 votantes lograron que las nacionalizaciones, el asistencialismo, los subsidios, el incremento de salarios por decreto, la “petrolización” y las más absurdas políticas económicas llegaran al poder, desdeñando las advertencias del riesgo inflacionario, el deterioro de las finanzas públicas y las políticas lejanas al libre mercado. El lema era: “Vamos a votar por el candidato que defiende AL PUEBLO”. 

La diferencia con respecto al segundo lugar, con porcentajes del 56.2% y el 39.9% en dicho proceso electoral, fue de poco más de 900,000 electores. Casi exactamente el mismo número de venezolanos que, en los últimos dos años, han abandonado el país. Al día de hoy, el total se ha duplicado (del 2015 al 2017) pasando de 700,000 a 1.5 millones acorde con la OIM, (Organización Internacional de Migraciones).

En 1998, 4 de cada 10 venezolanos se encontraban en situación de pobreza. Hoy son 8 de cada 10 y 6 de cada 10 se encuentran en situación de pobreza extrema. No hubo dinamismo económico, al ser la redistribución de la riqueza una falacia de origen

Hoy sólo hay carestía: no hay papel higiénico, leche pasteurizada o en polvo, café, fertilizantes, toallas femeninas, pañales desechables, arroz, azúcar, cemento ni medicamentos, al ser buena parte de la industria, antes privada, sometida a un proceso de nacionalización. No hay servicios, productos o bienes que comercializar, salvo en el mercado negro, a precios exorbitantes. Existe mucha demanda, pero nada de oferta.

La gasolina virtualmente se regala, pero eso poco importa, dado que el país se encuentra secuestrado: se ha extendido el período presidencial, aún y cuando durante su campaña, Chávez se comprometió a entregar el poder concluido su mandato, se han cerrado los medios de comunicación y se han creado grupos de choque denominados Colectivos Armados que actúan a nivel nacional. Caracas se ha vuelto la ciudad más violenta de Latinoamérica.

Apenas el pasado 30 de abril, el gobierno decretó el tercer incremento del salario mínimo (pensión) en lo que va del año, para quedar en $1,000,000.00 Bvs. un millón de bolívares. 44 veces ha sido decretado un aumento salarial similar en los últimos 19 años, pero con una inflación estimada superior al 453%, es una carrera perdida, sin entender que es parte del problema, no la solución. En el 2015, el gobierno venezolano dejó de difundir datos económicos, cuando la inflación llegó al 180%.

A esta misma ola (repleta de nacionalismo, asistencialismo y populismo) se sumaron Argentina y Brasil, a los que les llevará décadas corregir el rumbo. Colombia, el pasado 27 de mayo, dijo no a un modelo similar que le amenazaba.

El día 1 de julio, nos toca a nosotros. Décadas por venir están en juego.

El populismo económico y sus caudillos, han sido los más grandes responsables de catástrofes sin precedentes en la historia reciente. Aún hay tiempo de elegir correctamente y hoy, a escasos días de la elección, ningún esfuerzo resulta vano para mostrar lo evidente y sus nocivas implicaciones. Estamos a tiempo.

Hagámoslo, elijamos bien.

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Número 21 - septiembre 2018
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