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Gracias a la vida

Jueves, 07 de Diciembre 2017 - 15:00

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El Oso Travieso

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Con un saludo de reencuentro a mis antiguos lectores y un apretón de manos de presentación a quienes por primera vez agradezco se asomen a pasar su vista por este escrito, me propongo servirles de alguna manera con mis colaboraciones a esta distinguida página.

Aprovecho para agradecer a Eduardo Ruiz–Healy y a su equipo la acogida que me dan y explico mi ausencia por motivos de salud.

Cuando te enfrentas a una prolongada convalecencia, con debilidad física, sistema inmunológico deprimido, frecuentes consultas médicas, intermitentes estancias hospitalarias de variada duración, diferentes médicos, enfermeras, con altibajos marcados, es fácil caer en depresión.

La esperanza que alimenta tu interior se apoya en tu fe en Dios, en ti mismo y en el amor de tu familia, esposa, hijos y nietos; en las sinceras palabras de aliento del resto de familiares, cercanos compañeros y verdaderos amigos.

En las pausas restantes pude dar una hojeada a mi querido país y al resto del mundo donde con facilidad encontré motivos de depresión: las amenazas de Trump, la incapacidad del gobierno mexicano para enderezar el rumbo de una nave que cada día muestra una nueva perforación en el casco, corrupción por todos lados, “debidos procesos” que permiten impunidad de políticos delincuentes que tras breve paso por prisión, disfrutan de sus fortunas mal habidas, leyes que hacen que las puertas de los penales giren como rehiletes, legisladores impreparados que no cumplen los plazos para terminar sus obligaciones pero que cobran puntualmente las jugosas dietas que muchos de ellos jamás habrían soñado con recibir y que otros tantos tampoco volverán a obtener honradamente en sus vidas; narcotráfico, secuestros, robos, asaltos, asesinatos, violaciones, alcoholismo, drogadicción.

Cuando me pregunto "¿Quién podrá ayudarnos? ", soy consciente de que el Chapulín Colorado ya no está con nosotros, de que quienes deberían ser los guardianes más celosos de los valores nacionales además de desconocerlos, son incapaces de vivirlos: jueces y ministerios públicos venales, magistrados que no responden ni a sus familias, legisladores chapulines de todos colores que sólo andan tras de los moches, funcionarios obsesionados con la riqueza y el poder que implica. Un México que no motiva a seguir viviendo.

Como colofón la Naturaleza parece ensañarse con nosotros, ciclones y huracán a diestra y siniestra, rematándonos con un par de sismos de época.

Así que, en un aislado monte, en la noche sin luna, en la ermita sin ventanas, con la puerta cerrada, se avizora un destello de luz que poco a poco va creciendo hasta agigantarse para iluminar todo el entorno y brinda la esperanza de proyectar a todo el monte y de allí al resto del mundo la luz y el calor que contiene.

Sí, la juventud de México muestra que en su corazón sigue latiendo el amor por la vida, que forman una mayoría silenciosa que habla con hechos y no con palabras, que responde a la necesidad del momento con entereza, valentía, decisión, firmeza, generosidad, pasando lista de presente. Sin importar la falta de valores, los malos ejemplos de sus mayores.

Por su cercanía me impacta la labor de mi nieto, joven universitario, con jornadas de 28 horas y apoyo a rescatistas extranjeros quienes le dan reconocimiento al despedirse; pero no me impide mirar las oleadas de jóvenes que sirven en cuanto lugar se requiere, aportando además de su fuerza física su inteligencia, conocimientos, siendo además motivadores de los jóvenes adultos quienes se contagian de este amor por la vida.

Mención especial me merecen tres jovencitas guapas y maquilladas con ropa de calle que se presentan a ayudar y les toca formar parte de una cadena de acarreo de materiales y que le entran al parejo de todas las demás.

Es de resaltar que lo importante de estos trabajos es la lucha por la vida, sin importar que las personas por rescatar sean una familia sencilla en Lindavista o un grupo selecto de empresarios en Álvaro Obregón, siempre se busca su rescate, el rescate de la vida.

El puño levantado solicitando silencio, respetado con solidaridad por todos los presentes simboliza la esperanza de salvar una vida más; contrastando con el puño levantado de la Olimpiada de 1968 que significaba frustración y pobreza.

Esta masa grandiosa de juventud valiosa es la que va a formar nuestro nuevo México y es la que me impulsa a seguir poniendo mi granito de arena para conseguir una eclosión de valores que traiga una avalancha de renovación de toda la sociedad mexicana, la única forma de obtener un cambio verdadero tan cacareado por los políticos incapaces de conseguirlo.

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Número 22 - Octubre 2018
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