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Futbol y política

Martes, 05 de Diciembre 2017 - 15:00

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Luisa Ruiz

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El grupo F (fatal) en el que la Selección Mexicana de futbol quedó incrustada, se parece mucho al grupo F (fractal) que jugará en las elecciones del 2018. La diferencia entre estos, es que los primeros, los futbolistas, jugarán, si acaso, 360 minutos para tratar de avanzar a la siguiente ronda y puede ser que, como en un círculo iniciado en el punto 0, girarán 360 grados para volver a lo mismo, al cero, a nada; y el otro equipo, el de la política, el grupo F, fractal (por fragmentada e irregular) pateará cabezas, meterá autogoles, esquivará al rival a base de faltas, buscarán un tiro penal cerca de la portería contraria y desaprovecharán los tiempos extras.

Son tres eventos que, como en el mundial del 86, dividirán al país después de haberlo “unido” con el terremoto del 85. Temblor ➝ mundial del futbol ➝ elecciones presidenciales. El país, entonces, era un gigante comal caliente en el que los mexicanos saltamos como chícharos, ahora, la historia se repite en 2018 sobre un comal ardiente con los mismos eventos y diferentes protagonistas.

En el equipo mundialista, se mantienen los entrados en años, los novatos, los ídolos y los que nunca anotan un gol. En el político, se apuntan los que se dicen innovadores, los perdedores de siempre y los que dicen que no son militantes y están dirigidos por el mismo director técnico.

Después del sorteo de grupos para el mundial Rusia 2018, el mundo se concentró en una tabla final y por una hora, se olvidaron de la tabla mundial que posiciona a los países en sus más altos niveles de corrupción y violencia, sin reparar que en la clasificación futbolera existen aspectos que cubren los mismos males.

En la política, dijo Peña Nieto: “yo creo que andan bien despistados todos, el candidato no habrá de elegirse por aplausos y halagos” y se contradijo con aplausos y halagos hacia “Pepemid”. En el futbol, Maradona sostuvo el papel con el nombre de México que lo coloca junto a Alemania, campeón del mundo, con dos personajes, se pinta burlona la predecible historia por venir de los dos equipos mexicanos.

Ninguno se congratuló con ese sorteo mundialista y como las actitudes derrotistas son el pan de cada día, mandamos a la Selección Mexicana a casa antes de que parta hacia Rusia. Muchos se congratularon cuando Peña Nieto designó a su candidato y como el pensamiento desolador y costumbrista están a la orden del día, Meade se convirtió en presidente sin haber siquiera iniciado las campañas. México es tan predecible a veces.

Así, los juegos que se avecinan. El jueguito de la unión solidaria a causa del temblor ya se terminó, a los heridos se les dejó abandonados, los expulsados desaparecieron y el árbitro, como en el futbol, escuchó sin querer escuchar el saludo de la porra y colorín colorado, ese cuento se ha terminado, a olvidar y que empiece otro.

Si México le ganara a Alemania el 17 de junio y avanzara a la siguiente ronda, bien puede ganar Bob Esponja el 1 de julio y a nadie le va a importar.

El problema es que el mundial se acaba después de 30 días o cuando la Selección regrese, y la política devastada y fragmentada, seguirá metiendo goles porque a los ciudadanos se nos olvidó tomar la posición de porteros por andar echándole porras a la Selección.

Lo que viene, es un tiempo interesante y complicado, y la seriedad que requiere la política mexicana es, por mucho, más importante que 90 minutos de tensión. La Selección Mexicana es un equipo que jugará tres partidos y la política es una función que regirá a un país completo por los siguientes seis años.

Entre el temblor, el mundial y las elecciones, que los aplausos y los halagos sean para los mexicanos y sepamos todos, tomar la posición que nos corresponde en el encuentro más importante de nuestra historia.

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Número 12 - noviembre 2017
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