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EZLN 2019

Lunes, 07 de Enero 2019 - 14:05

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Mónica Uribe

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Este año que empieza está preñado de incertidumbres, salvo en las decisiones del actual gobierno. En realidad, pocos temas han sido sorpresivos, como el de la militarización; en el resto de las decisiones presidenciales, todo estaba anunciado, especialmente la cancelación del aeropuerto en Texcoco. Sin embargo, como la esperanza es lo último que muere, se esperaba que Andrés Manuel recapacitara en algunos temas sensibles, como los sueldos y salarios de los funcionarios públicos de nivel medio de confianza, o en las asignaciones a las instituciones de educación superior y a los organismos autónomos del Estados. Pero las esperanzas han quedado en sueños rotos, salvo en casos puntuales. El cambio se ve en las formas, pero queda la duda de que el cambio sea real en el fondo. Por lo pronto, se ve que la clase política ha sido suplantada por otra, menos competente y no sabemos si más honesta  … ojalá la curva de aprendizaje sea más corta y que realmente sean lo que presumen.

Pocas de las medidas anunciadas han sido buenas noticias, especialmente la reducción del presupuesto en diversas áreas, por ejemplo la cultura, y el aumento para rubros como la seguridad. Aquí se puede percibir que la realidad ya alcanzó al gobierno de López Obrador. Los cálculos hechos por el equipo de campaña se basaba en supuestos erróneos, por eso muchas de las promesas no pueden ser cumplidas. Para su fortuna, la mesa fue dejada muy bien puesta por la administración anterior y los chivos expiatorios pululan por doquier. Pese a ello, la legitimidad de gestión debe ser cuidada, aunque la legitimidad de origen es irrebatible, nada es eterno ...

El 1 de enero amanecimos con una declaración del EZLN por los 25 años del alzamiento. Sobra decir que la situación en 1994 era radicalmente distinta a la de ahora. Entonces, se tenía la visión de un gobierno priísta efectivo, que había logrado que México comenzara a jugar en las grandes ligas internacionales, un gobierno confiado en que sus programas sociales habían logrado paliar los efectos del neoliberalismo. Resulta que no fue así. En el caso de los pueblos originarios de Chiapas eran demasiados los agravios contra su cultura, su territorio y su idiosincrasia y esto fue retomado por un grupo de intelectuales formados en la izquierda maoísta, aunque para 1994 ya estaban cómodamente instalados en el revisionismo marxista y en la posmodernidad …. Y con ello dieron forma una de las rebeliones más sui generis surgida en los últimos cien años, tan especial que muchos líderes de la época  - nacionales y extranjeros - quisieron tener una reunión con el misterioso subcomandante Marcos.

Por ahí circuló en redes una fotografía de AMLO  - todavía con la cabellera oscura -, el ingeniero Cárdenas y su hijo Cuauhtémoc, Rosario Ibarra y alguien más con los subcomandantes Marcos y Moisés. Al parecer pertenece al acervo personal de Rosario Ibarra y fue tomada en noviembre de 1994, es decir, cuando López Obrador estaba en buenos términos con el Ingeniero Cárdenas, relación que se empezó a enfriar a fines de 1997, cuando el hoy presidente asumió realmente la dirigencia nacional del PRD y empezó a desplazar a los cardenistas, gracias a la seguridad que le proporcionaba su creciente cercanía con Ernesto Zedillo.

Por lo que toca al Ejército Zapatista, pareciera que tuvo una vida efímera de unos siete años, desde el alzamiento de enero de 1994 hasta la marcha a la Ciudad de México en 2001. Pero no es así, quizá el subcomandante Marcos desaprovechó la oportunidad de convertirse en un actor político legal, abierto y relevante en ese momento, pero ello no quiere decir que el zapatismo como movimiento haya desaparecido. Y no se acabará mientras existan las condiciones estructurales que impiden el desarrollo de los pueblos originarios, aunque ese desarrollo tendría que ser a su aire, sin imponerles en todo el cartabón de la modernidad. Prueba de la vigencia del EZLN fue el acto efectuado en la comunidad de La Realidad, municipio de Las Margaritas, en la Selva Lacandona, donde los zapatistas reiteraron que no le temen al gobierno de López Obrador y que lo van a enfrentar por la militarización creciente del país y por las obras del “tren maya” que atenta contra la integridad del territorio de los pueblos originarios de la región, entre otros aspectos que los zapatistas cuestionan de las propuestas del actual gobierno.

Resultaría para algunos sorprendente que el zapatismo sea uno más de los sectores que cuestionan al gobierno lopezobradorista, porque podría sonar ilógico que los indígenas tuvieran algo en común con la opinión pública y grupos empresariales que también expresan su desazón frente a las decisiones gubernamentales como la cancelación del NAICM o, incluso, servidores públicos que se organizan para evitar la fractura de sus fuentes de trabajo. Pese a las diferencias, lo que todos estos grupos ven desde su propio lugar social es que las decisiones que el actual gobierno toma no se corresponden con las posibilidades de solución que la población objetivo contempla como mas certeras. Y además, hace “consultas” que no convencen a nadie, pero que le dan una cierta legitimidad, como en el caso del aeropuerto y del tren maya. En este último, lo que las comunidades indígenas de la región perciben es que hasta sus costumbres y tradiciones son utilizadas para favorecer decisiones tomadas de antemano.

La consulta a la Madre Tierra efectuada como rito de ofrenda para la construcción del tren maya dejó la ceremonia en el Zócalo de la entrega del bastón de mando a López Obrador como un performance. Si en la toma de posesión, la humildad del presidente frente a los chamanes indígenas fue conmovedora, el ritual ofrecido a la Madre Tierra francamente desencantó a más de tres (millones) y sembró la alerta entre los pueblos originarios de península de Yucatán y Chiapas.

Tras las públicas expresiones de repudio a López Obrador formuladas por los zapatistas, a las que se sumaron posteriormente las del Congreso Nacional Indígena (CNI) y del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), el presidente dijo que “nadie lo va a cucar”, mexicanismo que quiere decir provocar por diversión. Tiene razón en defender la investidura, pero le falta sensibilidad para entender lo que para los habitantes de la región significaría la construcción de un tren turístico en medio de la selva. Amén de la destrucción de la biodiversidad, la cosmovisión de los pueblos originarios sobre la tierra es muy distinta a la visión utilitaria occidental. La tierra es vida, pertenencia, origen y destino, no sólo una parcela utilizable para la obtención de un beneficio económico. Por eso tampoco extraña que grupos como Las Abejas de Acteal, también se hayan manifestado en el mismo sentido que el EZLN, a pesar de sus diferencias.

Y no, no provocan por diversión, sino para defender su espacio de la depredación que significaría el famoso tren. La defensa del territorio incluye las ideas. ¿Realmente el gobierno lopezobradorista estará interesado en honrar los Acuerdos de Larráinzar de 1996 e incorporar a la Constitución la libre determinación de las comunidades originarias? ¿De verdad hay interés en dignificar las condiciones de los pueblos originarios? No se ve clara una política integral en la materia.


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Número 23 - Noviembre 2018
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