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¿Escuela segura? (última parte)

Lunes, 17 de Abril 2017 - 15:00

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Raúl Rosales

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Indiscutible es el hecho de la diversidad de situaciones que se presentan en los centros escolares, para poder lograr un ambiente de ESCUELA SEGURA, sin tener una sinergia en las acciones de todos los actores del hecho educativo, pues ya se mencionó en la colaboración anterior, de todo lo que en principio se les exige a los padres de familia por parte de los maestros, que a su entender hacen en la escuela, así como las autoridades con las acciones policiacas que llevan acabo, mejorando un poco cuando los administrativos que tienen la visión socio humanista, de involucrar a padres y madres de familia con acciones de apoyo, orientación y vigilancia, no sin antes establecer, pláticas, reuniones y hasta talleres de orientación a los miembros de la sociedad directamente involucrados para que dentro de sus posibilidades, de compromisos laborales y demás, participen en estas acciones.
Amablemente me comenta un amigo lector de este espacio, que por allá por su rumbo, en este aspecto, se implementaron rondines con padres y madres de familia en la periferia de las áreas escolares, con el fin de disuadir los posibles desencuentros entre los alumnos, situación de la que ellos, los alumnos, estaban enterados, por lo que los llevó a la baja en esas acciones del clásico “nos vemos a la salida”. Claro, enfatiza nuestro amigo que dicha acción fue implementada por la y las personas responsables del programa de ESCUELA SEGURA, evitando en todo momento la incursión de autoridades policiacas a los planteles educativos aunque sí formaban parte del cuerpo de apoyo.
 
En definitiva, existe la necesidad inaplazable de llevar acabo acciones más adecuadas para cubrir esta debilidad de nuestro sistema educativo y que como se dijo anteriormente es la escuela la más obligada por ser la que concentra de forma sistemática a las nuevas generaciones para su adecuada formación. Cabe precisar que en los programas que a nivel oficial se decretan, se observa claramente la buena disposición que existe en que se realicen las mejores acciones, pero como en la mayoría de los casos de nuestra legislación, a la hora de llevarlas a la operatividad, es ahí donde aparecen las fallas, mismas que se reflejan  en incapacidades, malas interpretaciones, malas aplicaciones, autoritarismos, disposiciones fuera de orden o fuera de contexto y algunas otras situaciones que se le puedan sumar.
 
En días pasados la Presidenta del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), Sylvia Schmelkes, hacía una observación, con relación a la función de la escuela, misma que señala a la institución de la siguiente manera: “los espacios educativos deben ser también escuelas de democracia”, en lo particular no le veo ninguna objeción y al mismo tiempo creo que debemos considerarlo como el ingrediente primordial, para partir a iniciar una INSTITUCION INTEGRAL, donde principalmente se tome en cuenta a todos los actores dentro y fuera de ella como responsables de lo que pueda suceder en el nivel que les corresponda participar. Siento que es en ese sentido donde se podría iniciar una mejora en todos los aspectos principalmente en lo que se aborda en este espacio sobre ESCUELA SEGURA, pues a partir de las imposiciones que se hacen en los ámbitos ya mencionados, creo que es donde surgen desencuentros de toda índole y donde el más “débil” en lo que se aborde, es el que sufre las consecuencias de sus supuestas debilidades, y el abuso de aquellos que sí “la libran”.
 
Aparte de las acciones remediales que tiene que emprender la parte oficial, para evitar a toda costa los abusos y agresiones entre los iguales, es primordial que las comunidades escolares se conviertan en  COMUNIDADES DEMOCRÁTICAS, sin que deba existir temor alguno por parta de la comunidad directiva, docente y de personal de apoyo, pues hasta la fecha se han impuesto los reglamentos cupulares, en donde en el mejor de los casos interviene el personal docente para su elaboración, pues regularmente, son copias fieles  de otras escuelas ya establecidas o al llegar el nuevo directivo “ya está hecho el reglamento” y listo para que lo firme, casi a ciegas, el padre de familia para que en primer lugar el alumno lo cumpla a cabalidad y enseguida el padre le recuerde a su hijo qué es lo que le “corresponde hacer” de acuerdo al reglamento.
 
Algo incongruente sucede dentro del las acciones escolares. Existe un contenido programático en la materia de Español, que trata sobre la elaboración de reglamentos y resulta que elaboran para muchas partes y en el mejor de los casos uno para el salón de clases, NO PARA LA ESCUELA,  en donde por lo regular se pega en la pared por algún tiempo, pero como es a nivel de cumplimiento de trabajo o de tarea, no hay compromiso de parte de los alumnos y en ocasiones ni de docentes para que se cumpla.
 
De sobra es sabido que cuando se practican acciones o estilos democráticos, una de los resultados, es el compromiso personal o grupal para cumplir con ellos, y previo, se estableció o existió un dialogo respetuoso entre las partes que se involucran en los diferentes asuntos que se presentan, situación que debe salir a luz en todo momento, sembrando con ello una interrelación de confianza y respeto. 
 
Un diálogo respetuoso, sin imposiciones civiles o policiacas, lleva al alumnado al compromiso de subsanar sus errores de la mejor forma posible, ya que pueden llegar a concluir que las acciones erróneas por parte de él, pudieron y debieron haberse evitado. En buena medida estas estrategias deben llevar a las partes en conflicto a evitar la confrontación para una mejor solución a sus desencuentros y contribuir con sus acciones a que el ambiente escolar sea más positivo para todos, tanto alumnos como maestros, propiciándolo éstos, sin temor a ser rebasados por las situaciones de acuerdos y dejar en el olvido el esquema de autoritarismo que se ha venido manejando en la vida de nuestra educación y aportar más y mejor cosas a una ESCUELA SEGURA Y EN DEMOCRACIA. 
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Número 12 - noviembre 2017
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