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¿Escuela segura? (Segunda parte)

Lunes, 03 de Abril 2017 - 16:00

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Raúl Rosales

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Se mencionó en la colaboración anterior, con relación a esta temática, algunos posibles antecedentes (que de ninguna forma son un justificante) de la situación de inseguridad, en las escuelas del nivel de educación básica, en dónde el alumno antes, durante y después de asistir a los centros escolares, ya lleva una influencia un tanto marcada en ese rumbo, esto debido a los ejemplos de vida que de una o de otra forma llegan a él, pues partiendo de la educación tradicional que recibe en casa, en donde se ejerce en muchos de los casos, el dominio pleno del padre hacia la madre y de ambos hacia los hijos, sin soslayar el hecho de que el hermano mayor ejerce su dominio o “autoridad” sobre el o los hermanos menores, sumando a estos acontecimientos lo que sucede regularmente en las instituciones educativas, donde el docente “ejerce la autoridad” sobre los alumnos, sobreponiéndola a una relación de aprendizaje y respeto mutuo, basado en el desempeño que cada uno debe de tener por agrado, convencimiento o inducción al trabajo, contra una obligación o imposición hacia él, en alianza con los padres de familia.

Todo lo anterior, sumado a las situaciones mencionadas con antelación, en definitiva puede considerarse que de acuerdo al estatus del ser humano, forzosamente tendrá que ejercer dominio sobre alguien, situación que no es ajena en la relación entre iguales dentro del ámbito escolar que dada la diversidad, no es muy difícil que se rebasen los límites de una sana convivencia, en donde directivos y docentes, son los responsables de buscar el mejor tipo de relaciones armónicas entre el alumnado, sin excluir a la planta laboral del plantel.

Mencionamos la intervención de cuerpos policiacos en los centros escolares para llegar al decomiso de objetos o armas, que pudieran servir para agredir, situación que desde mi punto de vista se empezó a desfasar desde su implementación, por la desubicación de las acciones que llevan acabo y quienes las ejecutan, pues son meros cuerpos de policías acompañados de perros amaestrados para detectar, creo que drogas y estupefacientes, habiendo información que no son pocas las escuelas, sobretodo primarias, en donde se han presentado situaciones de pánico, principalmente en las niñas, por la presencia de los animales dentro del salón de clases.

Sumémosle a lo anterior las formas de “sensibilizar” a los alumnos para llevar a cabo estos operativos, en donde por lo regular ni siquiera intentan ocultar su férrea formación. Estas actitudes atemorizantes, en muchas de las ocasiones son compartidas por los responsables de estos programas, cualquiera que sea su formación. Por acá por mi rumbo, estando en una reunión de docentes a nivel de supervisores, directivos y asesores técnicos, nos compartía el responsable de esta encomienda, dependiente del gobierno municipal, maestro de profesión, que, regularmente cuando llegaban a escuelas y se encontraban con algunos alumnos más o menos mayores que se oponían a que se les hiciera la revisión de mochilas, simplemente les decían (o, ¿los amenazaban?) que, “se dejaban esculcar o revisar sus maletas o traían a los perros para que lo hicieran”, no manifestando dicho maestro de profesión, ninguna mesura en su expresión por estar dialogando con alumnos o personas en formación, o en el momento, por estar compartiendo con los responsables directos de las instituciones educativas.

En lo particular he llamado a estas acciones “judicializar la educación” no en el sentido estricto de la expresión, pero sí por las acciones policiacas con las que se combate en los centros escolares las posibles faltas a la disciplina escolar y que hasta en los últimos años, es cuando se ha tratado de involucrar más a las diferentes instancias que se ven inmersas en el proceso educativo en sus diferentes niveles. Una de las instancias que cubre a más actores del hecho educativo,  son los Concejos de Participación Social, ya que en ellos se involucran de manera directa, maestros, directivos, padres y madres de familia, la sociedad civil, con lo que  pudiera ser posible, una forma efectiva para la despolicización (válgaseme el término) de las acciones que hasta la fecha se han presentado basadas en acciones de carácter policiaco y poder lograr con ello una ESCUELA SEGURA, basada en estrategias de carácter socio- humanista, educativo, formativo, que es lo que corresponde estrictamente a la escuela con el apoyo de la familia, a la que en ocasiones, en lo particular, no puedo entender, el por qué se le deja tanta responsabilidad formativa de los hijos, pues, en un alto porcentaje, o tal vez muy alto, las parejas, no se encuentran preparadas para dicha formación, salvo la tradicionalista , que como es sabido, se basa en el autoritarismo, y, en el mejor de los casos, en la autoridad, más que en una experiencia de carácter humanista, profesional o académica, ya que aún no habido una propuesta de carácter gubernamental o social, que mínimo, pudiera sugerir implementar por la parte oficial, cursos, talleres o simples pláticas para las parejas que entren a la dinámica de formar una familia, pues es del dominio público, que en el mejor de los casos, son las instituciones religiosas las que marcan estas estrategias, aunque, más como condicionantes para autorizar el evento religioso final, que el hecho social al que se enfrentaran al contraer el compromiso de formar una familia.

Son instituciones educativas las principales comprometidas de llevar a cabo la formación integral del alumnado, que por derecho así se establece en la normatividad, pero se presenta el dilema de, ¿quién forma a los formadores?, situación que el gobierno tendría que legislar, para implementar una formación integral en las escuelas Normales, formadoras de docentes, pero que, con la Ley del Servicio Profesional Docente…. Bueno… todo indica que me estoy apartando de la temática que me ocupa, pero es “justo y necesario” ir al origen de la problemática que estoy abordando, misma que se quiere remediar con acciones policiacas. Pero la seguiré tratando, con el permiso de ustedes, en la próxima colaboración.        

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Número 12 - noviembre 2017
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