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Entre Texcoco y Texcaca

Jueves, 01 de Noviembre 2018 - 07:55

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Julio Chavezmontes

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El episodio culminante de la gran telenovela sexenal de la Gaviota y el Ruisenor, se llama NAICM.

El proyecto insignia de Enrique el Hermoso, es un refrito de la anterior telenovela made in TELEVISA protagonizada por Foximiliano y Martota.

En el 2000,  con la “alternancia”  llegó la idea de edificar un gran aeropuerto en el mismo sitio que ahora es el epicentro de la discordia.

Sin embargo, entonces, Fox, el ni tan machito, se arrugó ante los machetes de los Atencos, que se negaron a ser víctimas del clásico atropello por el cual, los zopilotes pretendían comprarles o expropiarles sus terrenos a centavos, para luego revenderlos en dolaritos contantes y sonantes.

Tuvieron que transcurrir más de 12 años, para que el proyecto del hidropuerto en Texcoco resurgiera de la mano del ex gobernador más bonito que haya tenido el Estado de Mexico.

Cuestiones aeronáuticas aparte, el proyecto retomado por Peña Nieto y sus titiriteros, emana un tufillo pestilente, como su tren a Querétaro, su Casa ni tan Blanca y las muchas otras impulcritudes que lo ubican como el líder indiscutible del grupo Atracomulco y el más desprestigiado PRIsidente desde que la robolución se hizo gobierno.

Pero sea como sea, el NAICM es un tema que se tiene que abordar y resolver.

¿La consulta popular promovida por AMLO era la mejor vía para abordar y resolver este asunto?

¡NO!

¿Por qué?

Porque cuando un paciente tiene un tumor cerebral, no se consulta a sus parientes sobre la conveniencia o inconveniencia de intervenirlo quirúrgicamente o darle hierbas, sales aromáticas o llevarlo a Catemaco.

¡Para eso es que el paciente acude al médico especialista en primer lugar!

Lo primero que tendría que hacer el neurocirujano, es REVISAR los análisis y comprobar el diagnóstico hecho al paciente, para determinar si la cirugía es en efecto la mejor opción o existen otros tratamientos factibles.

Exactamente lo mismo es lo que tendría que hacer López Obrador.

Tendría que conducirse como ESTADISTA (que para eso lo contrataron quienes votaron por él) y actuar con la seriedad y el rigor que amerita.

Existe un proyecto, existen contratos, existen antecedentes que deben justificar la razón por la cual se decidió realizarlo en la cuenca del lago de Texcoco y no en Tizayuca, Santa Lucía o Toluca en sus diversas variables.

Lo que AMLO tendría que hacer en mi opinión es lo siguiente:

Realizar dos auditorías indispensables cuyas interrogantes no se pueden ni deben resolver mediante una consulta populachera ideal para darle municiones a los francotiradores de un $i$tema archicorrupto que NO HA MUERTO ni morirá tan fácilmente.

PRIMERA AUDITORIA.

Es indispensable realizar una auditoría técnica que de manera verdaderamente transparente, documentada y sólidamente sustentada, dictamine si la elección de Texcoco como sitio para edificar el NAICM, es en efecto la mejor desde el punto de vista estrictamente aeronáutico.

Tambien es necesaria una auditoria hidrológica porque el lago Nabor Carrillo, rescatado a gran costo para regular el flujo y abasto de agua para toda la Ciudad de México, es mucho más importante para la vida de más de 20 millones de personas, que cualquier  aeropuerto.

Los peritos que deberían dictaminar sobre los pros y los contras de Texcoco, NO deben ser los mismos que se pronunciaron por ese sitio, sino otros expertos de indiscutible y comprobable calidad profesional.

Si la auditoría técnica aeronáutica arroja un resultado contrario a la opción de Texcoco, ese solo hecho demostraría que existen responsabilidades legales graves a cargo del agonizante PRIsidente Peña Nieto y de quienes se benefician de su decisión sobre el NAICM.

Si por el contrario, el dictamen técnico aeronáutico determina que Texcoco es una opción correcta tanto aeronáutica como hidrológicamente, seguimos pendientes de la otra auditoría.

LA AUDITORÍA LEGAL Y FINANCIERA.

Ya sea que Texcoco resulte un sitio viable desde el punto de vista aeronáutico, ambiental e hidrológico, queda por realizarse una auditoría rigurosa sobre asignación de contratos, adquisición de predios, licitaciones, “ilicitaciones” y todo lo relacionado con tráfico de influencias, desvío de fondos, favoritismos, compadrazgos y demás prácticas viciadas propias del $i$tema político mexicano.

Para muestra, basta un botón: ¿Cómo puede justificarse que la edificación de la barda perimetral del NAICM, se haya asignado al hijito del secretario de la Defensa Nacional, el aguerrido General Cienfuegos?

¿Qué manejo se ha hecho con los fondos para el retiro de millones de trabajadores que siempre pierden,  mientras las AFORES siempre ganan?

El dilema que enfrentamos, es entre un $i$tema mercenario cuya continuidad no podemos darnos el lujo de permitirnos, y un nuevo régimen que promete transformar la república; un dilema entre sacudirnos la cauda de parásitos, o seguir soportando el latrocinio y la corrupción; lo que se dice un dilema entre Texcoco y Texcaca.

 

Stahringen am Bodensee

Baden Wurttemberg, Alemania

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Número 22 - Octubre 2018
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