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…En la bailarina no lo ves…

Viernes, 15 de Diciembre 2017 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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Los periódicos de Estados Unidos, así como sus principales noticieros, se han convertido en tabloides donde se airean perversiones, se sacan trapos al sol, algunos salen del closet, otros intentan esconder sus desviaciones y los plomeros del chisme destapan cloacas al mayoreo.

Las crónicas políticas de Estados Unidos parecen la narrativa de la burundanga de Celia Cruz, en la que Songo le dio a borondongo; borondongo le dio a Bernabé; Bernabé le pegó a muchilanga le echó a burundanga y así hasta donde la vista alcanza.

El presidente Franklin Delano Roosevelt, era un maniaco sexual paralímpico, porque su poliomielitis pudo confinarlo a una silla de ruedas, pero no le quito las aficiones eróticas que lo llevaron a convertir la Oficina Oval en la leonera que después se volvió Oficina Oral.

El ni tan minusválido cacique que gobernó Estados Unidos desde 1933 hasta 1945, tenía entre las favoritas de su harem, a Lucy Mercer (la secretaria de su esposa).

Franklin cabalgaba en su silla de ruedas persiguiendo secretarias como Marguerite “Missy” Le Hand, o princesas como Martha de Suecia, que se acogió a su presidencial hospitalidad durante la Segunda Guerra Mundial.

Y todos estos despliegues eróticos, mientras predicaba moralidad intachable, detrás de su imagen de enfermito inofensivo.

Mientras Franklin viajaba encantado “de liana en liana” como el Orangután de la Sonora Santanera, su esposa y prima le pagaban sus devaneos, con amoríos lésbicos protagonizados con la aviadora  Amelia Earhart (que le enseñó las delicias del vuelo en aeroplano al son de la rola de “Fly me to the Moon”) y con la periodista Lorena Hickok, con quien, de haber existido el matrimonio gay, se habría casado encantada de la vida.

Los hermanitos John y Bob Kennedy, integraban el dueto de “Los Calaveras” (antes que los mandaran al panteón), y alternaban con Marilyn Monroe como su bocalista (1) en sus escapadas indiscretas.

Billy Clinton le dio su burundanga a Mónica Lengüísky mientras Hilaria tramaba su encumbramiento político chantajeando a Billy Boy, aparentando ser una esposa abnegada que perdonaba las infidelidades de su consorte por puro amor y amor puro.

No se me olvida el calenturiento Billy, declarando con cara de mosca muerta: “no tuve relaciones sexuales con esa mujer; nomás le di unos besitos; pero no de Lengüisky.

El senador demócrata Gary Hart tuvo que renunciar a su candidatura presidencial por andar de homo eroticus y manosear a una cortesana de los laberintos políticos de Washington D.C., llamada Dona Rice.

El cochinero que se ha destapado recientemente en Estados Unidos, ha alcanzado al mismísimo nonagenario George Bush papá, que ha cambiado sus saltos en paracaídas por la silla de ruedas hasta la que han llegado las denuncias de sus travesuras eróticas.

Dos de los más recientes depravados exhibidos para beneplácito de los morbosos espectadores gringos, han sido el juez Roy Moore y el senador demócrata Al Franken.

El juez Moore, apodado el “ahí te Roy”, perdió las elecciones para representar a Alabama en el Senado de Estados Unidos por haber tenido novias teenagers cuando el ya pasaba de los 30 años de edad, hace más de tres décadas.

Lo que los inquisidores no entienden es que Moore se quedó obsesionado con la película de Lolita en la que se promovían y atizaban los deseos cochinos de un hombre mayor por una adolescente mulilla a la que gustaba provocar rucos.

El senador demócrata Al Franken tuvo que renunciar al Senado por calenturiento, estigmatizado por su acusador como Franken-stein, acosador de damas indefensas y muy castas.

Las contradicciones en el país donde uno de los mejores negocios es el de predicador (como Joel Osteen – y donde Jimmy Swagart el “televangelista” amenazaba a los pecadores con el fuego del infierno, mientras atizaba sus propias pasiones con prostitutas pagadas con limosnas de sus feligreses), no dan abasto con la develación diaria de nuevos escándalos.

Ante el creciente clamor de acusaciones y denuncias hechas por señoritas recatadísimas a incontables personajes de la vida pública estadounidense, es sorprendente que Clairol Trump no sea obligado a renunciar de inmediato.

Es sabido que Trump se dedicaba al lenocinio de cuello blanco en su calidad de dueño de la exposición ganadera conocida como el concurso de Miss Universo; y su voz fue grabada en una conversación reciente en la que le compartió a Billy Bush su infalible técnica para pepenar a las mujeres por la entrepierna…

La cuestión en Estados Unidos depende de que el “interfeuto” o la “interfeuta” salga del clóset motu proprio, o le caigan en la maroma y le destapen la cloaca.

Gringolandia es un país saturado de estimulantes eróticos; hasta para anunciar bujías de automóvil o pasta de dientes, se utilizan modelos encueradas; la industria farmacéutica invierte miles de millones de dólares en investigaciones para producir fármacos que aseguren erecciones imperecederas y apetito sexual inagotable; hay lubricantes genitales para todos los sexos, y hasta ropa interior comestible de sabores salados, dulces o picantes.

La moda está enfocada por completo a hacer que hombres, mujeres y todas las especies intermedias, exuden, transpiren y  proyecten sensualidad irresistible.

La industria cosmética incluye además de lápiz labial y tintes para el cabello, toda una gama de productos que van desde lencería provocativa, cirugía plástica para implantar senos gigantes, glúteos inimaginables, y cualquier otro elemento de hojalatería y pintura que convierta al paciente o la paciente en un objeto sexual enloquecedor.

Hay un énfasis perverso en hacer que las mujeres tengan aspecto verdaderamente infantil, para provocar a los hombres en calidad de “Lolitas” hasta desquiciarlos.

Como dicen los gringos: El cronómetro sexual nunca se detiene, aunque sí se para; funciona 24/7 como los OXXO, cuyas metástasis proliferan por todo Mexicalpán de las Tunas.

Siendo la sociedad gringa el objeto de un bombardeo intensivo de agitadores sexuales de toda clase, es risible que se sorprendan del aumento exponencial de obsesos y pervertidos; de violadores y pederastas.

Los gringos parecen no entender que no se debe contar dinero delante de los pobres, ni atascarse frente a los hambrientos.

Si en Estados Unidos aplicaran el Evangelio de San Juan, 8-1.7, no habiendo nadie limpio de pecado, ninguno podría tirarle piedras a los muchos cochinitos que hoy estan siendo acosados por los fariseos, cuyo único mérito es que a ellos o ellas no los han cachado todavía en alguna porquería.

Las legiones de hipócritas, tanto en Washington como por toda la Unión Americana, gritan y cacarean contra los pecadores y las mujeres púbicas, mientras por dentro se les hace agua la boca y se mueren de envidia.

A algunos como Hugh Hefner les valía olímpicamente sorbete ser criticados, mientras gozaban de la compañía de muñecas como la que hace sonreír al finado dueño de Playboy Magazine en la fotografía que ilustra estas líneas.

Yo creo que en Estados Unidos el que no corre, vuela; el más chimuelo mastica rieles, y el que no cae, resbala; todas las iguanas mastican del mismo lado, y cojean de la misma pata.

La única diferencia consiste en pertenecer al grupo de los descubiertos, o de los encubiertos; entre los que han salido del clóset y los que tienen sus “muertos en el ropero”…

Como reza la letra de la canción de Ciranda la Bailarina, compuesta por el artista Chico Buarque:

“Todo mundo tiene un muerto en el ropero; en la bailarina no lo ves/

¿Pensándolo bien, quién no se hace porquerías?

En la bailarina no lo ves

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  1. Bocalista: persona que utiliza la boca como instrumento de trabajo; (no confundir con vocalista, que nada más canta).
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Número 18 - mayo 2018
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