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El sismo y el sistema

Miércoles, 19 de Septiembre 2018 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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Hace 33 años las puertas de mi habitación se abrieron de golpe, con la fuerza de una potente patada.

Eran las 7 de la mañana del 19 de septiembre; mis hijos (aun pequeños) dormían en sus camas, y mi esposa todavía descansaba.

Yo me estaba preparando para acudir a una cita con el locutor Claudio Lenk en la XEW; la legendaria catedral del radio en México, en la calle de Ayuntamiento, porque nos encontrábamos preparando un programa de orientación legal para inquilinos.

Una vez recuperado de la sorpresa, nos dimos cuenta de que estaba temblando con especial violencia, porque no era normal que en lo alto de la zona poniente de la ciudad de México, se sintieran los temblores con tanta intensidad.

No recuerdo cuanto tiempo duró el sismo, pero si tengo presente que encendimos el televisor y al ver que se perdía la señal, supimos que se trataba de un terremoto especialmente devastador.

No imaginando la magnitud de los daños causados, decidí asistir a mi cita, y tomé rumbo hacia la colonia Roma, a la casa de mis papás, que entonces utilizaba como oficina alterna de mi despacho de Barranca del Muerto e Insurgentes.

Conforme fuimos acercándonos al centro, pude darme cuenta de la gravedad de la situación.

Al cruzar avenida Chapultepec rumbo a la calle de Orizaba, un edificio se había salido literalmente a la calle como si alguien lo hubiera subido en una inmensa carretilla y lo hubiera depositado justo sobre la via de circulación donde se veía intacto, a un lado de la escuela Horacio Mann.

Al ir caminando hacia Ayuntamiento, cruzamos la zona de desastre en que se había convertido la ciudad.

El terremoto del 19 de septiembre (y su réplica del dia siguiente), sacaron a la luz lo mejor y lo peor. Mientras casas y edificios colapsaban, inmediatamente cientos de gentes comenzaron a prestar auxilio para rescatar a las personas que quedaron bajo los escombros.

Los vecinos se organizaron espontáneamente en brigadas de rescate, de aprovisionamiento, de comunicaciones…

Los que momentos antes eran perfectos extraños, actuaban como hermanos instantes después.

Lo mejor del pueblo mexicano se hizo más notable por contraste; por contraste con los peores vicios de las autoridades pertenecientes a un régimen mezquino y esquizofrénico, ajeno por completo a las circunstancias.

Los bomberos, como siempre, hicieron alarde de heroísmo y generosidad; pero los llamados tres órdenes de gobierno y sus tres poderes, brillaron por su indiferencia.

Donde los mexicanos de a pie se hermanaron y se irguieron ante la adversidad, las autoridades rapaces encontraron una veta más para explotar las desgracias del pueblo, y enriquecerse a su costa todavía más y más.

Las autoridades del Distrito Federal, a partir de entonces, se convirtieron en gambusinos buscadores de oro; oro en forma de inmuebles abandonados o semiabandonados, susceptibles de ser invadidos por grupos apadrinados por regentes y delegados, y después por jefes de gobierno y jefes delegacionales.

Con la paulatina “democratización” del sistema electoral, sobrevino la transformación de los delincuentes en votantes potenciales, dando lugar al intercambio de votos por impunidad.

La nueva “cantera” inmobiliaria floreció y sigue floreciendo abonada por la necesidad creciente de vivienda, y la renuencia del gobierno para satisfacerla legítimamente.

Fue así como a partir de 1985, los damnificados se multiplicaron de manera exponencial, porque mientras la miseria se agravaba y el número de mexicanos en “situación de calle” crecía, los recursos supuestamente destinados para resolver el problema de vivienda popular, se evaporaban y, como dijo Don Teofilito: se siguen evaporando. (¿Verdad, Rosario?...)

A partir de los famosos sismos del 85, comenzó a desarrollarse el negocio denominado “PROTECCIÓN CIVIL”, cuya supuesta prioridad, es la preservación de la vida, cuando en realidad se dedica a asegurar la buena vida de los funcionarios que lo integran y que se apropian a su antojo de recursos e inmuebles al son de ¡matanga, como dijo la changa!

Han proliferado leyes y más leyes que compiten en su redacción ininteligible; en sus expresiones intencionalmente ambiguas y borrosas, diseñadas para abrir márgenes inabarcables de interpretación, cuyo resultado es la consabida discrecionalidad arbitraria para beneplácito y beneficio de los puerquitos -alcancía de la gran inmobiliaria clandestina nacida de la dizque protección civil.

El desvío de recursos; el acaparamiento y la especulación con ayudas de alimentos, cobijas, medicinas, ropa, vendas y toda clase de suministros urgentes, se hizo práctica común que perdura hasta la fecha.

No deja de ser irónico que el año pasado hayamos tenido una réplica “conmemorativa” del ’85, en la que se volvieron a hacer evidentes las prácticas corruptas que lejos de haber cesado o disminuido en estos 33 años, se han sofisticado y hecho peores a traves de un laberinto de leyes y de organismos diseñados para explotar la necesidad y el sufrimiento humano.

Si alguna estadística tiene datos trágicos, es la del número de damnificados, pero no damnificados de fenómenos naturales, sino de la inmisericorde ambición que no repara en las desgracias de nuestros hermanos en su obsesión de enriquecimiento insaciable.

El título de una de las muchas leyes redactadas para mamar descaradamente de la ubre pública, es evidencia adicional de la estupidez gramatical de quienes lo idearon: “LEY PARA LA RECONSTRUCCIÓN, RECUPERACIÓN Y TRANSFORMACIÓN DE LA CIUDAD DE MÉXICO EN UNA CADA VEZ MÁS RESILIENTE”.

El resultado inmediato visible de semejantes leyes, es la creación, multiplicación y transformación de la  burro-cracia  de la ciudad de México, en una  cada vez más reluciente e ineficiente.

Se han creado organismos ordeñadores de la teta presupuestaria, cuya lista de nombres es interminable:

La o el Titular de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México;  II. Comisión de Reconstrucción;  III. Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda;  IV. Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades;  V. Secretaría de Desarrollo Social;  VI. Secretaría de Desarrollo Económico;  VII. Secretaría del Medio Ambiente;  VIII. Secretaría de Obras y Servicios;  IX. Secretaría de Salud;  X. Secretaría de Finanzas;  XI. Consejería Jurídica y de Servicios Legales;  XII. Instituto de Vivienda del Distrito Federal;  XIII. Instituto para la Seguridad de las Construcciones;  XIV. Agencia de Gestión Urbana;  XV. Los Órganos Políticos Administrativos y/o las Alcaldías; y  XVI. El Órgano Legislativo de la Ciudad de México… y las ONC (1) que los apoyan: como la Asamblea de Barrios, el Frente Popular Francisco Villa o Vanguardia Ciudadana.

México ha sufrido innumerables terremotos, y toda clase de cataclismos.

Con los sismos del 85, cayeron muchísimos edificios y casas, mientras otros quedaron inhabitables e inservibles; pero el sistema sobrevivió incólume.

Para que el terremoto electoral de 1988 no derrumbara al ya viejo sistema político, se decidió “la caída” del sistema de cómputo, cuyo resultado  fue retardar la llegada de la “corriente democrática” del PRI, que por fin ha llegado a la PRIsidencia 30 años después, gracias a su cuarta transformación.

Han pasado 33 años de aquellos terremotos replicados en la misma fecha pero el año pasado; y México es un país cuyo número de damnificados aumenta en vez de disminuir.

Son damnificados del $i$tema no de los sismos.

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O.N.C. Organismos netamente criminales.

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Número 21 - septiembre 2018
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