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El problema de Meade es el PRI, pero el de AMLO es el mismo

Martes, 03 de Abril 2018 - 16:00

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Guillermo Vázquez Handall

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Toda vez que ya ha dado inicio la ultima etapa de la elección presidencial, la llamada constitucional y por ende la crucial y definitiva, se hace evidente que los cuatro candidatos tendrán por necesidad y obligación que definirse ellos mismos.

No hay mas tiempo para escarceos y sobre todo no lo hay para no establecer quienes son realmente, mas allá de estrategias mercadotécnicas, simple y llanamente porque si las mediciones reflejadas en las encuestas nos señalan en este momento cual es el voto duro de cada uno, todavía hay casi veintiocho millones de personas que aun no deciden su sufragio y esa puede ser la gran diferencia.

Ricardo Anaya pasara lo que resta del proceso electivo defendiéndose aunque el piense que lo hace es atacar, porque lo que un Anaya soberbio no atina a entender todavía es que su discurso agresivo de talante prepotente y autosuficiente, quedo sin margen alguno, por lo menos de autoridad moral, después del escandalo por lavado de dinero en el que esta presuntamente relacionado.

Anaya ira descendiendo de manera constante en las preferencias no solo por esta complicada situación que pone en entredicho su honorabilidad, sino también por la falta de cohesión de los partidos del frente que abandera, pero sobre todo por la participación ya formal de Margarita Zavala en la contienda.

En el caso de la señora Zavala de Calderón, se puede esperar un buen nivel de crecimiento, si bien insuficiente para ganar, pero no por ello menos importante a efecto de reducir el porcentaje de Anaya.

Margarita Zavala tendrá un muy buen campo de acción respecto de la militancia panista, la mas antigua y que la considero desde el principio por definición ideológica y pertenencia como su mejor opción.

Esta circunstancia llevara eventualmente a José Antonio Meade a separarse de Ricardo Anaya, no solo arrebatándole claramente el segundo lugar en las preferencias, sino mas importante aun, como el depositario final del llamado al voto útil que se propondrá en la ultima etapa del proceso electoral.

Sin embargo el problema de Meade, es la carga de desaprobación que le implica la marca PRI, en este momento la que contabiliza el mayor numero de negativos.

Bajo este supuesto lo que Meade tendrá que hacer aun y cuando personalmente no quiera, es dirigir un discurso mediante el cual, si bien no se deslinde por completo de la cúpula, si de la practicas del partido del cual aun siendo su abanderado no es militante, diferenciar claramente su proyecto del esquema de rechazo social que genera.

Esta claro que lo mejor de Meade no se relaciona con el PRI, por ello deberá insistir permanentemente en esa condición, mas aun si su apuesta es la de convencer a los todavía indecisos y obtener el voto útil de todos aquellos que no quieren a López Obrador de presidente.

Porque aunque el tabasqueño lidera en este momento la competencia, mas del sesenta y cinco por ciento de los electores no sufragaran por el, de tal suerte que quien tenga la oportunidad de juntar a la mitad de ellos lo podría derrotar. 

Y es que precisamente en este ultimo tramo es cuando López Obrador tendrá que mostrar su mejor versión, al menos para administrar esa ventaja relativa, en función de dos aspectos:

El primero que conlleva moderar su discurso para no amedrentar a quienes no lo apoyan, nos referimos a ese sesenta y cinco por ciento que en un momento de riesgo podrían unirse en torno de quien fuera, es decir de quien este en segundo lugar.

El segundo el peligro que si bien ya no representaría el mismo, bajo la tónica de una postura moderada y sin tantas incongruencias, como el hecho de agrupar en torno suyo a tantos personajes de lo que el mismo denomina la mafia del poder.

El riesgo que sin duda es un contraste, que si muestran sus fervientes seguidores, cuya agresividad e intolerancia, propias del coliseo romano, si representan un peligro muy grave para la convivencia social.

De tal suerte que tanto Meade como López Obrador, independientemente de los apoyos que sumen en este instante de inicio de campaña, tendrán que dedicarse de lleno a conquistar a esa gran masa de indecisos, que a diferencia de aquellos que ya tomaron una decisión y no la van a cambiar, si están analizando detalladamente todas las vertientes.

Suponiendo que la parte final del proceso electoral terminara por ser una contienda entre dos, la diferencia actual puede volverse un espejismo y no seria la primera vez que eso sucediera en este país. 

Lo interesante de este eventual escenario es que no serán factores externos los que influyan determinantemente, sino las posiciones personales de los candidatos finalistas, las que marcaran la diferencia, la de José Antonio Meade respecto del Revolucionario Institucional y la de Andrés Manuel López Obrador respecto de si mismo y adicionalmente de sus seguidores, que poco muy poco le abonan.

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Número 19 - Julio 2018
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