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El Populismo o yo

Martes, 05 de Diciembre 2017 - 17:00

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Israel Aparicio

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Las cartas están echadas, los candidatos con posibilidades de triunfo en el próximo proceso a la presidencia de la República están presentados, solamente falta hacerlo formal en los tiempos del Instituto Nacional Electoral. Con el tradicional método del Partido Revolucionario Institucional (PRI) el pasado lunes 27 de noviembre la dupla en el poder constituida por el presidente Enrique Peña y el todo poderoso Canciller, Luis Videgaray impusieron al ex Secretario de Hacienda y Crédito Público (SCHP), José Antonio Meade Kuribreña, como el candidato presidencial del PRI que buscará dar continuidad al proyecto tecnócrata profundizado en este sexenio, además de buscar proteger las espaldas a los principales políticos del régimen.

El oponente en el extremo ideológico y económico del régimen, el dueño patrimonialista partido Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), Andrés Manuel López Obrador, ya tiene contendiente para luchar por la presidencia de México, en su tercer y último intento por ganar. Los principales contendientes, emanados de procesos antidemocráticos como es la designación directa, o eso que en el país conocemos como “el dedazo”, ya se han posicionado ante sus partidos y en el caso de Meade, fue arropado por los sectores populares del priísmo nacional, en la liturgia obsoleta de ungir al candidato con las mejores formas y tradiciones de la cargada.

Meade, tecnócrata cocreador del denominado gasolinazo, cómplice en la aprobación y gestación de las “tranzas” en el FOBAPROA y después secretario adjunto del IPAB, encontró la utilidad de servir a gobiernos de diferentes colores, pero con los mismos interés economicistas que a la postre le hicieron llegar a la SHCP, misma que fue ocupada por pesos pesados (literalmente) como el exgobernador del Banco de México, Agustín Carstens y el ahora canciller Luis Videgaray. “Pepe Toño Meade” como es conocido cariñosamente entre integrantes del Partido Acción Nacional (PAN) y del PRI, enarbolará la bandera del continuismo económico y tratará de deslindarse de la corrupción rampante que ha definido al régimen, junto con la impunidad.

Meade concedió a su rival AMLO el tener el mismo diagnóstico sobre los mismos males que aquejan al país, solamente que asegura aplicará diferentes recetas para curarlos. Hasta el cansancio advertirá al electorado sobre los peligros del populismo, junto con varios candidatos más, que sentenciarán ser la única opción viable del sistema o la debacle populista y sus demonios personificados en el nativo de Macuspana, Tabasco.

En el denominado Frente Amplio Ciudadano, no está claro si logre unificarse en torno al pragmatismo político de sumar para competir, ya que sus principales figuras para abanderar dicho Frente, no piensan ceder la oportunidad de dejar de aparecer en la boleta electoral. Lo más probable es que esta alianza se termine rompiendo, además que sumado a dos posibles candidatos ciudadanos, traerá como consecuencia una mayor división del sufragio opositor, que podría beneficiar directamente al voto duro de los principales contendientes Meade y AMLO.

Meade buscará vender la idea de ser una especie de candidato independiente que participa dentro de un instituto político que es detestado por la inmensa mayoría de la ciudadanía, situación entendida por el presidente Peña, por lo que se decantó por un perfil más ciudadano a la candidatura presidencial y sin militancia partidista. Aunque como se dice, se comenta y se rumora, también es probable que en realidad desde la Cancillería se dirige más que la política exterior y la diplomacia.

Luis Videgaray tiene una alta incidencia en la vida política nacional, baste recordar que al frente de la SHCP tiene a uno de sus colaboradores incondicionales, José Antonio González Anaya, además de tener amplia influencia en el nuevo gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León. No fue casual o arbitrario que en sus discursos en la cancillería, frente al cuerpo diplomático acreditado, se volcará en elogios a la trayectoria de Meade, saltándose las trancas de la liturgia priísta del “destape” y opacando aún más la mermada figura presidencial, todo esto sin las menores consecuencias.

En los hechos, el inminente candidato Meade tiene más cercanía con el todopoderoso canciller Videgaray que con el presidente Enrique Peña, no se descarta en realidad que el poder del canciller haya inclinado la balanza en la contienda interna por la candidatura priísta a favor de Meade y en contra del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien no es tolerado por el canciller. Incluso la alusión del ex presidente Plutarco Elías Calles, el “jefe máximo” de la Revolución, durante el “pre–destape”, no resulta tan casual cuando se hace alusión a un poder detrás de una silla presiencial.

El siguiente reto de la tecnocracia priísta es enorme ante el complejo escenario electoral donde amplios sectores vomitan cualquier cosa que huela al PRI, pero que también le tiene miedo a los estridentismos populistas de AMLO, con o sin razones justificadas. La lucha por la presidencia será una arena llena de golpes bajos, polarización de amplios sectores, nulas propuestas factibles, instituciones electorales débiles y un sin número de triquiñuelas de los contendientes. En esta dura refriega electoral, solo se podrán vislumbrar dos opciones más o menos claras, una a favor del continuismo principalmente económico y la otra a favor de un cambio que basa su éxito en el voto de castigo al sistema de partidos que apoyaron las reformas estructurales.

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Número 12 - noviembre 2017
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