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El hormiguero

Jueves, 18 de Enero 2018 - 15:00

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El Oso Travieso

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Hace unos meses soportamos una severa invasión de hormigas. Invadieron patio trasero, cocina, comedor, jardín, jardineras y macetas. Un buen día, al estar regando las plantas, le di seguimiento a una fila de hormigas y ¡encontré el hormiguero!; con descuido dejé abierta la llave del agua y fui en busca del veneno contra hormigas.

Tardé un poco en volver y encontré un suceso interesante: el agua corriente había inundado el hormiguero causando una verdadera tragedia en su hábitat.

El movimiento de las hormigas era impresionante: se dirigían a la boca de un incipiente nuevo hormiguero distante un par de pasos, se llevaban los huevecillos y hormiguitas terminando su formación, supongo que alimentos y propiedades desconocidas para mí, pero que mantenían ocupadas las filas de ida y vuelta, inmisericorde procedí a extender el tsunami a la boca del segundo hormiguero y permanecí observando tan maravillosa acción conjunta, la inteligencia colectiva, el espíritu de sacrificio, la colaboración, trabajo en equipo, solidaridad y esfuerzo unidos, para su bien y para mi mal.

Con verdadero interés observé la inteligencia que desplegaron para superar charcos y hondonadas, la prisa con la que acudían a los nuevos caminos descubiertos, solidaridad, trabajo en equipo, soluciones alternativas y mucho más.

Muy a mi pesar apliqué el veneno y lo dejé actuar, me retiré con una extraña mezcla de sentimientos de sabor agridulce, la miel del triunfo y el remordimiento del destructor.

Panorama similar se presenta en nuestra política. Estamos invadidos de una plaga de ciudadanos que dicen querer servir a México, unos cuantos de todos los partidos lo expresan con sinceridad, pero la mayoría lo que buscan es un sitio donde medrar, obtener los ingresos que el ejercicio honesto de una profesión o la labor dedicada de un negocio no le redituarían.

Ganarse el pan con el sudor del de enfrente es su verdadero propósito, en la consecución de este objetivo empeñan su vida, a costa de lo que sea necesario, los principios y valores que han esgrimido durante el ejercicio de sus últimas funciones, en el momento en que dejan de ser útiles para los personales propósitos de ascenso son cambiados tan pronto se avizora un campo prometedor.

Me trae a la memoria el discurso de un cómico norteamericano que remataba su presentación de principios argumentando que si al auditorio no le agradaban se lo dijeran para cambiarlos, ya que también tenía otros.

De puesto en puesto, de dependencia en dependencia, de partido en partido, las promesas hechas al inicio del periodo son desechables, la labor de tres o seis años queda inconclusa en aras de las nuevas promesas que ahora si van a cumplir.

No me cabe duda que hemos avanzado, el nivel de abyección que alguna vez llegamos a padecer ha disminuido paulatinamente, ya no vemos ofertas de favores sexuales para conseguir puestos o ascensos, ni siquiera hay que “pelarle las naranjas” a la favorita del jefe para conseguir un puesto.

Esto no significa que el servilismo haya desaparecido, en la medida que el crecimiento del conglomerado político ha crecido, han proliferado los vicios paradigmáticos del partido en el poder, el gran hormiguero dio la simiente de otros hormigueros que repitieron las exitosas malas pautas de comportamiento del hormiguero original, por eso al momento de los cataclismos las conductas se repiten.

Hoy mi jardín da hospedaje a unas cuantas hormigas, pequeñas y trabajadoras. No es posible ni deseable exterminarlas.

Tenemos que limpiar nuestro espacio político con un tsunami monumental, superando toda clase de hormigueros, de todos tamaños y colores, hasta quedarnos con el mínimo indispensable de verdaderos servidores públicos que nos ayude a crecer como personas y consecuentemente como nación.

Para esto requerimos conocer a los candidatos y votar conscientemente. Un paso a la vez y tal vez nuestros nietos alcancen a ver los resultados. 

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Número 19 - Julio 2018
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