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El Fondo de Cultura Económica

Miércoles, 10 de Octubre 2018 - 15:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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El Fondo de Cultura Económica (FCE) es un tesoro nacional. Sus publicaciones atraviesan década de llevar buenos libros (algunos no tan buenos), muchos de los cuales no verían la luz en otras editoriales. Alfonso Reyes, Octavio Paz, Dolores Castro, Efraín Huerta, Guadalupe Dueñas, etc., desfilan llevando sus voces a nuevas generaciones. Pero lo cierto es que también los fósiles son un tesoro nacional y sirven para que los estudiosos, unos cuantos, averigüen cosas del pasado para que las conozcan muchos. ¿Este debe ser el destino del Fondo?

Hay datos interesantes respecto al mundo del libro. En Estados Unidos se venden más libros por internet que en las librerías, pero curiosamente en 2017 se vendieron más libros en su forma física (papel, tinta, cubiertas), que en formato digital. ¿Qué dice este dato aislado?, ¿acaso los lectores prefieren la intimidad del libro a la pornográfica y sugerente pantalla? Es difícil saberlo, pero el hecho es que en México cada día son más los libros que se venden por internet. El comprador ve el anuncio y escoge. Con esto se priva de entrar a una especie de dulcería en la que se encuentran autores y voces, experiencias, denuncias y narraciones. Nada sustituye el viaje a una librería, pero vivimos en la sociedad del cansancio, como diría Byung-Chul Han.

¿Cómo deben tomarse estos datos y rediseñar el FCE? Para empezar, señalando que los intereses de lectores, autores, editores y libreros son diferentes. Lo que beneficia a los editores no siempre beneficia a los autores o lectores. Por supuesto, en esta cadena productiva vale tratar de beneficiar a los lectores en un país en donde se lee poco. En ese sentido cabría fijar como propósito principal del Fondo el promover la creación de lectores y llevar buenos libros a un precio accesible. Pero afuera de esta institución ha surgido una tras otra una nueva ola de escritores que no tienen renombre, pero que son excelentes y que están publicando donde pueden. ¿Qué hacemos con ellos?, ¿los debe ignorar el FCE? En principio (y en final) no. Pero, ¿cómo hacer lectores y fomentar la difusión de nuevos autores y al mismo tiempo competir contra librerías y editoriales que son un (respetable) negocio?

Llega de rebote al FCE un hombre que se ha dedicado a fomentar la lectura. Y a hacer libros también, pero su mejor cara es la de “fomentador”, digamos. No es un burócrata educado, al que se le dio el Fondo como una compensación menor, no. Este es un activista del libro. Tiene en su contra una lengua muy floja que no se arrepiente y un ánimo de radicalidad que lo lleva a querer fusilar a uno que otro. Asegura que prefiere a Revueltas que a Paz (¿por qué escoger?), pero también señala que no impondrá una cultura oficial.

¿Es la persona adecuada para dirigir el FCE? Es difícil saberlo, pero no siempre (o casi nunca) los intelectuales son buenos administradores y los militantes de acero con ganas de expropiar tal vez lo sean menos.

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Número 21 - septiembre 2018
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