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El cuarto López

Miércoles, 11 de Julio 2018 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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México ha sido gobernado (hasta hoy) por tres López.

Antonio López de Santa Anna, al que injustamente se atribuye “haber vendido California, Nuevo México y Tejas” a los gringos.

Algún chiste debe haber tenido (el que fuera colega del Cura Hidalgo en el uso del título de  su alteza serenísima) para haber alcanzado la presidencia de la república en 11 ocasiones…

A mí en lo personal, Santa Anna me parece que ha sido injustamente encasillado como un “vendepatrias” que por cierto, no lo fue.

Algunas virtudes debe haber tenido para ser admirado por Andrew Jackson y haber sido amigo de Simón Bolívar.

El amor que le profesó su mucho más joven esposa, Dolores Tosta, que jamás lo abandonó, es evidencia de una admiración que no estuvo motivada por interés económico ni sed de poder, puesto que siguió a su lado hasta que murió olvidado y casi ciego en una casa de la calle de Bolívar en el centro de la Ciudad de México.

Robert Lee, el general confederado y héroe de la guerra civil americana, lo conoció durante la invasión a México, y en sus memorias se refirió al veracruzano como un hombre temerariamente valiente.

Dolores Tosta lo amaba tanto, que se gastaba el poco dinero que le sobraba, en hacer que un trompetista tocara diariamente los honores de ordenanza a las puertas de su humilde casa, para que Santa Anna reviviera en su mente nostálgica sus ya idos días de gloria.

El segundo López que llegó a la presidencia de México fue Adolfo López Mateos.

Dígase lo que se diga del PRI, no puede negarse la existencia de la época conocida como “el milagro mexicano” en el marco del desarrollo estabilizador del que en buena medida fue artífice Don Antonio Ortiz Mena; el chihuahuense que, de haber sucedido a Gustavo Díaz Ordaz como titular del Ejecutivo, nos habría ahorrado el desastre del inmortal Luis Echeverría (1) y muy probablemente la llegada del tercer López.

El tercer López de la serie, era nieto de Jose López Portillo y Rojas, predecesor de Luis Videgaray Caso, pero en el gabinete de Victoriano Huerta del que fue ministro de relaciones exteriores. Posiblemente haya estado emparentado con Carlos Wenceslao López Portillo, autor de la Barca de Guaymas.

Lo cierto es que durante su sexenio anunció a bombos y platillos que nos preparáramos para administrar la abundancia, mientras navegaba a bordo de su velero del amor (el barco escuela Cuauhtémoc) disfrutando la Alegría que le proporcionaba su secretaria de turismo, la Rosa llena de Luz.

Un chiste político de aquella época, decía que Rosa Luz Alegría se parecía a la escultura de La Diana de Acapulco, porque le daba la cara al turismo, pero la parte de atrás al Presidente (aludiendo al célebre hotel que a la fecha subsiste sobre la Costera).

Parafraseando al Perro Bermúdez, López Portillo “la tuvo, pero la dejó ir”.

El cuarto López en rendir protesta como presidente de México, será Andres Manuel.

AMLO dice que quiere emular a Juárez, Madero y Cárdenas, a quienes atribuye tres transformaciones de México.

No quiero desviarme de mi propósito en estas líneas, discutiendo sobre las virtudes o defectos de los inspiradores de Obrador.

Yo creo que vamos de gane si AMLO predica con el ejemplo; si logra convocar y mover a los mexicanos para echar a andar a la república por un camino de justicia sin indiferencia.

Yo no tengo inconveniente en que suba el precio de la gasolina, SIEMPRE Y CUANDO no sea a base de GASOLINAZOS, porque los gasolinazos han sido fruto de la mentira transformada en sorpresa indignante.

De las muchas promesas de AMLO, la mayoría no podrán cumplirse en su sexenio; pero otras sí.

Teniendo como tiene la mayoría necesaria en el Congreso de la Unión, debemos exigirle que convierta algunas de sus promesas en iniciativas de reforma constitucional, como la de la revocación de mandato y la revisión de su trabajo cada dos años.

Tambien está a su alcance ponerle fin al nefasto fuero que solamente ha servido para revestir de impunidad a los peores especímenes de la corrupta fauna política.

México es un país en situación de desastre (sin exagerar); le corresponde al pueblo mexicano alzarse como lo ha hecho siempre, y acudir a rescatar a los millones de damnificados de un sistema injusto que poco a poco se ha adueñado de nuestras vidas.

Nuestra historia patria está llena de episodios donde el destino dio la vuelta y nuestra realidad fue distinta de lo que podría haber sido.

Cuando el Ayatola Homeini llegó al poder en Irán, no desperdició su tiempo en buscar la extradición de los que habían saqueado a su país; simplemente les hizo llegar mensajes CONVINCENTES que le permitieron recuperar la mayor parte de los recursos robados, a cambio de darles una amnistía a los exponentes del régimen del Shah Mohamed Reza Pahlevi.

Lo mismo puede hacer AMLO: Que pase a la báscula a quienes han saqueado los recursos públicos, y les dé a cambio una amnistía “de peaje”, para que no estorben.

No basta con ponerle fin a la corrupción para recaudar fondos suficientes; los rateros tienen que “devolver la copa” si no quieren pagar con cárcel, confiscación total y devolución de lo que se han clavado, hasta el último centavo.

Ojalá que el cuarto López sea el obrador del triunfo humano que tanto necesitamos; el mejor presidente de nuestra historia y el detonador de la transformación de México

Pero no puede hacerlo solo.

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  1. Luis Echeverría, alias “el inmortal”. Hace 42 años que dejó la presidencia y parece que la parca de la película de Macario, lo ha olvidado por los rumbos de San Jerónimo.
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Número 18 - mayo 2018
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