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El caprichoso efecto “teflón”

Martes, 10 de Abril 2018 - 15:30

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Israel Aparicio

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Reza el dicho popular mexicano: “tienes memoria de teflón, nada se te pega” en alusión al material que es resistente al calor, de características aislantes y anticorrosivas con el que se fabrican muchos productos, en especial el instrumento de cocina llamado sartén, donde se guisan diversos platillos. Trasladada esa característica del material al ámbito político nacional e internacional, se entiende como el efecto teflón la resistencia de una figura política frente a los ataques, fundamentados o no, de sus adversarios, de los que logra salir sin daño o escarnio público frente a un irracional electorado o ciudadanos que simpatizan con determinado carismático político.

Ejemplos de este efecto teflón abundan en la historia de México y recientemente, en el mundo con la llegada de los gobiernos encabezados por populistas o antisistema, cuyo máximo exponente en la irracionalidad de este asombroso efecto es el presidente de Estados Unidos de América (EUA), Donald Trump. El xenófobo político norteamericano llegó a presumir en campaña que podía disparar contra cualquier hombre en una avenida emblemática y su popularidad no se vería mermada. Este particular efecto político y de psicología social, le hizo inmune a sus mismas descabelladas ocurrencias, innumerables contradicciones y miles de mentiras patológicas durante la campaña electoral que al final le fructificó en la presidencia de EUA. La más reciente idea deschavetada fue amenazar con mandar a la guardia nacional a la frontera hasta que se finalice la construcción del muro, lo que provocó el impensable consenso nacional de todas las fuerzas políticas de México en defensa del respeto y dignidad como nación.

En el caso mexicano el mejor ejemplo del efecto teflón lo encarnó el expresidente Vicente Fox, que es el mejor candidato en la historia del país, contrastado con su mediocre gestión gubernamental. Durante la campaña electoral del año 2000, donde venció al Partido Revolucionario Institucional (PRI), Fox abanderado por el Partido Acción Nacional (PAN) fue una maquinaria imparable vigorosa y creativa que conquistó el voto en contra del gobierno priísta hegemónico de 70 años. Su estilo atrabancado, retador, dicharachero, fue devastador para un gobierno desgastado, corrupto, con endeble estabilidad económica, sumado a la fragilidad de su candidato gris, Francisco Labastida.

Este efecto fue determinante para poder lograr la victoria electoral, ya que los señalamientos de cifras inexactas en sus propuestas, las lagunas educativas de Fox y sus desplantes autoritarios no le pasaron factura en una elección en la que inició por debajo en las preferencias electorales. Sin embargo, ese camuflaje político del que gozó, se desvaneció paulatinamente hasta convertirse en desprecio público, que sumado a sus bandazos políticos y el mismo desgastante ejercicio del poder, transformo al expresidente Fox en otro nombre más de la larga lista de mandatarios que terminan como villanos favoritos de las desgracias nacionales.

El caprichoso efecto teflón puede acompañar a los políticos por varios años o importantes temporadas políticas, pero es indudable que no se sabe en que momento terminará por acabarse y dejará al gobernante desnudo ante la muchedumbre rabiosa, que hasta hace poco, le cobijaba y apoyaba.

Similar efecto favoreció al actual presidente Enrique Peña Nieto, quien desde la gubernatura del Estado de México, construyó mediante el marketing político su candidatura presidencial. A base de una imagen cuidada, públicos controlados, eventos a modo, comunicación sin riesgos y bien ensayada, logró vender la imagen de un político eficiente, atractivo físicamente, con juventud y experiencia en la administración pública. No obstante, al entonces candidato Peña, el efecto teflón le duro lo suficiente para mantener su ventaja en las preferencias electorales y ganar la presidencia. Aunque su ignorancia en temas académicos, su incapacidad de improvisar, su nula reacción al enfrentar diferentes crisis le exhibieron desde los tiempos de campaña, hasta la actualidad como presidente.

Peña Nieto era una figura endeble recubierta de un frágil cascarón que no soportó los golpes del ejercicio de gobierno con su natural desgaste, ya que sus limitadas capacidades intelectuales, le pasaron factura en todas las batallas y problemas que enfrentó. Después de lograr un consenso con las fuerzas políticas para legislar sobre las reformas estructurales, un evento aislado como el de la masacre de estudiantes en la normal de Ayotzinapa, provocó que el endeble y engañoso efecto teflón del que se creyó fortalecido por el pacto por México, se desvaneciera como agua entre las manos dejándolo totalmente desprotegido e indefenso. El titular del ejecutivo fue blanco de todas las fuerzas políticas opositoras, en especial las del pacto, destacando el resurgimiento del principal opositor a su régimen, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quién, de forma paradójica, le robó también el efecto teflón.

La coherencia y resistencia en los posicionamientos ideológicos de AMLO en combinación con la debacle en imagen pública que sufrió el presidente Peña, posicionó al tabasqueño como el opositor más fuerte y real al régimen priísta que destruye hasta ahora, cualquier intento de deslinde del candidato José Antonio Meade, condenando su campaña al despeñadero. El efecto teflón brinda López Obrador (al menos en lo que se lleva de campaña política) la posibilidad real de salir victorioso en las elecciones del primero de julio. Ya que para una mayoría de la ciudadanía la percepción de que Meade es el candidato de la impunidad y el continuismo devastador de Peña, y los gobiernos del PAN, encabezados por Fox y Felipe Calderón, son calificados como un fracaso, y dejan a AMLO como la figura opositora fuerte, contradictoria, polémica, polarizante, pero que encarna la posibilidad verdadera de ejercer un voto de castigo contra el régimen de partidos, que no cumplieron con brindar mejores condiciones de vida para los mexicanos.

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Número 22 - Octubre 2018
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