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El Capitán Pascual

Miércoles, 28 de Febrero 2018 - 15:30

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Julio Chavezmontes

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El día amaneció esplendoroso, como casi siempre en “la ciudad de la eterna primavera”. Dominique y yo, habíamos ido a desayunar a Sanborn’s.

Mientras ella veía algunas cosas que necesitaba, yo caminaba tranquilamente por los corredores, cuando de pronto encontré a un antiguo amigo y ayudante de mi despacho (el capitán Pascual).

El capitán Pascual egresó con honores del Colegio Militar y durante varios años prestó servicio por varias partes de la república.

A mediados de los años 80, entró a trabajar en mi despacho comisionado por el Congreso de Trabajo.

Era un joven de inocultable formación militar; erguido, marcial, pulcro, decente, diligente y siempre bien dispuesto y atento.

Mis hijos eran pequeños entonces, y el capitán Pascual nos acompañaba a Acapulco ocasionalmente.

A mis hijos les encantaba convivir con él, porque además, era simpático, y amable con ellos.

Les encantaba verlo tirarse clavados desde un puente sobre el río Papagayo, donde después de verlo varias veces, comenzaron a imitarlo tirándose tambien ellos del mismo puente.

Después de un tiempo trabajando con nosotros, se reincorporó al ejército, y dejamos de verlo.

Pasaron casi 20 años hasta que lo volví a encontrar aquélla mañana en Cuernavaca.

Al comenzar a descender por la escalera eléctrica, escuché una voz que me llamaba, y al volverme, lo vi, reconociéndolo de inmediato.

No había cambiado en lo más mínimo; el mismo corte de pelo reglamentario; la misma complexión (en forma); el desplante marcial; serio pero amigable.

Nos saludamos con un abrazo y las manifestaciones habituales en esta clase de encuentro.

Iba vestido de civil, con la camisa fuera del pantalón. Era visible fácilmente una pistola escuadra (.45).

Lo que me sorprendió, no fue que anduviera armado, ¡sino que su arma era dorada!

Iba acompañado por una hermosa dama a la que, sorprendentemente, le dijo de manera no muy cortés, que se fuera por ahí mientras él hablaba conmigo.

Me preguntó si tenía yo tiempo de tomarnos un café; a lo cual accedí con mucho gusto.

Con la familiaridad de viejos amigos, le pregunté directamente si seguía en servicio activo. Me dijo que no.

Entonces me referí a su arma dorada, a lo cual me respondió riéndose:

“No se espante mi Lic.; no es la reglamentaria, pero no ando en malos pasos.”

Me contó que estaba al servicio de una familia “conocida” en las Lomas de Chapultepec; que su patrón era un banquero importante (que atendía “clientes especiales”, de los que se supone que los bancos no atienden).

Me dijo que él, trabajaba directamente con la esposa del conocido banquero y que no corría ningún riesgo.

No pude evitar expresarle mi sorpresa, porque yo conocía sus planes de hacer carrera militar.

Ahí fue donde mi amigo Pascual me puso ante la vista directamente, que México es un país en el que la inmensa mayoría carece de alternativas.

  • Mire Lic., en el ejército me fletaba jornadas de varios días por la sierra, sin dormir, casi sin comer y sin beber; siempre en peligro.
  • El sueldo para un capitán primero de infantería como yo, era menos que lo que gana la cocinera de la casa donde trabajo ahora.
  • Arriesgaba yo la vida todos los días, pero además, en el ejército nos obligan a manifestarnos como “solteros”, con lo cual, si caemos en cumplimiento del deber, nuestras viudas no reciben ni las gracias; ni siquiera el reconocimiento de una condolencia y una medalla. NADA.
  • Los generales nos pedían cuota y nos hacían préstamos forzosos con un interés altísimo, aunque no quisiéramos.
  • No pocas veces, nuestros mismos superiores “nos ponían” avisando de los operativos a los delincuentes que nos mandaban a detener.
  • Ahora gano (libres de impuestos) más de 70,000 pesos mensuales. Mis chamacos son ahijados de mi patrón. Tengo un buen seguro de vida; seguro de gastos médicos; mis hijos van a colegio de paga (buen colegio); tengo automóvil; vivimos en una buena colonia; en el ejército, si acaso a partir de brigadier tienen prestaciones parecidas a las que yo tengo ahora.
  • Y además, ni ando de malandro ni corro ningún peligro, porque solamente soy chofer de la señora y me ocupo en llevar y recoger a sus hijos del colegio; voy al súper, los llevo a alguna fiesta, y me tratan muy bien. Se ocupan y se preocupan por mí y por mi familia.
  • ¿Cómo podría yo negarle esta oportunidad a los míos?

Recordando la historia del capitán Pascual, siento impotencia y frustración, y entiendo su decisión.

Recuerdo que a Rafael Caro Quintero le preguntaron en una entrevista reciente:

"¿Por qué se dedicó usted al narcotráfico?"

Su respuesta fue muy parecida a la del capitán Pascual: "Porque no tenía de otra sopa."

¡Qué hombre tan sabio y visionario fue el Cura José María Morelos!

Morelos no hablaba de pagar lo menos posible a los jornaleros, sino de pagarles lo necesario para ponerlos a salvo de la tentación del delito y la violencia.

Un país con más de la mitad de sus hijos en pobreza extrema, es un país que se debate entre la delincuencia y la revolución.

Lo milagroso es que México no se haya incendiado de la rabia cotidiana; de la impotencia enfurecida de ver la impunidad de los lidere$ $indicale$, de los $enadore$, diputado$ y mini$Tro$, y en general, de todos los político$.

¿Por qué tenemos más muertos que en las guerra regionales de la Estados Unidos y sus puertorriqueños de la OTAN en Siria, Irak, Afganistán, Libia, Sudan y Yemen?

¿Por qué tenemos los índices imparables de delincuencia rampante con violencia, corrupción e impunidad?

Porque la inmensa mayoría de los mexicanos no tiene de otra sopa.

Los mexicanos son una especie en peligro de extinción, condenada a sobrevivir a como dé lugar, o a perecer en el intento.

Porque es mucho más rentable cultivar amapola y marihuana que maíz o sorgo.

Porque en el abismo desesperado de este México, la historia del capitán Pascual es una historia de éxito que no pueden contar más de 60 millones de mexicanos.

La gran mayoría, vive entre el miedo y la incertidumbre. Somos la página roja del mundo.

Pero días vendrán…

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Número 21 - septiembre 2018
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