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Del PRI al RIP (México a traves de las siglas)

Miércoles, 16 de Mayo 2018 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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En México, gran cantidad de gente está familiarizada con siglas como CANACINTRA, CONCANACO, CONCAMIN, CCE y COPARMEX.

Todas estas, son agrupaciones creadas por la iniciativa privada para proteger sus intereses, principalmente frente al gobierno.

Son estructuras evidentemente corporativas, pero nadie pretende que se desmantelen, porque constituyen la fuerza de la clase empresarial mexicana.

Lo curioso es que al PRI se le haya criticado incesantemente por ser un partido clientelar y corporativo.

Debo decir aquí, que el término clientelar, proviene del Derecho Romano en el que, una persona libre y con la ciudadanía romana, se adscribía a una familia patricia (de la aristocracia) asimilándose por completo, y recibiendo protección a cambio de lealtad y trabajo.

El clientelismo prohijado por el PRI era precisamente su mejor arma y su mayor fortaleza: Los campesinos, obreros y las clases medias y populares contaban con el PRI para tener protección, gestoría, apoyo, solución diaria de múltiples problemas, y a cambio, esos sectores adheridos al PRI, correspondían con su lealtad expresada en el voto.

Un bolero, un limpia parabrisas, una prostituta solos y por su cuenta, estaban a merced de toda clase de abusos. Pero los boleros agrupados en organizaciones afiliadas a la CNOP; campesinos incorporados a la CNC; asalariados pertenecientes a la CTM, tenían el respaldo de esas agrupaciones, a pesar de los indiscutibles defectos y fallas de cualquier sistema.

La muerte de Álvaro Obregón, seducido por las sirenas de la reelección, abrió la puerta a las palabras de Plutarco Elías Calles, que sin despeinarse por el magnicidio ocurrido apenas semanas antes en La Bombilla, decidió que México debía pasar de nación de caudillos a país de instituciones y de leyes, en el discurso pronunciado durante su último informe de gobierno.

Para mí, hubo dos grandes legados de Calles, que por cierto, no me simpatiza en absoluto, pero no por ello, dejo de reconocerlos:

El magnífico Código Civil de 1928 que a nadie se le ha ocurrido conmemorar.

Y la institución que entre 1929 y 1946 transitaría bajo las siglas de PNR, PRM y finalmente PRI.

El Código Civil en su exposición de motivos, hablaba de la necesidad de ¡SOCIALIZAR EL DERECHO!; “entendiendo por SOCIALIZAR, que el derecho pasara del hombre a la mujer; del fuerte al débil; del patrón al trabajador, de manera que nadie quedara a merced de los poderosos, so pretexto de la libertad de contratación.”

¿Cómo lograr que semejante propósito socializador se hiciera realidad?

Aquí está el detalle, como diría el  inolvidable e inteligente Cantinflas.

La labor de gestoría social del PRI a traves de sus tres sectores, apoyaba notablemente a sus militantes en toda clase de asuntos, desde administrativos hasta litigiosos.

De manera que es cierto; el PRI fue un partido corporativo y clientelar; pero eso no era un defecto, sino su mejor virtud: ocuparse de los suyos lo mejor posible, y no acordarse solamente a la hora de los procesos electorales.

El bolero, el pepenador, la prostituta, el taxista o el cilindrero que por sí solos no tendrían defensa posible, contaban con la protección del partido y no nada más durante los procesos electorales, sino siempre.

El PNR aglutinó en sus filas a revolucionarios y a revoltosos, canalizando sus afanes políticos a traves de los famosos sectores; el sector popular (C.N.O.P.), el sector campesino (C.N.C.) el sector obrero (C.T.M.) y el sector militar.

Estas siglas fueron los pilares del desarrollo de México a traves de un periodo de paz que culminó con el “milagro mexicano” en la etapa conocida como “desarrollo estabilizador”.

Gracias a los inescrutables giros de la política a la “majacana” en vez de destapar a Don Antonio Ortiz Mena como su sucesor, Díaz Ordaz nos hizo el mal favor de dejarnos a Echeverría; el anciano olvidado hasta por la muerte, cuya pensión y seguridad personal seguiremos pagando hasta que la calaca se acuerde de él.

Entre los tumbos dados por el traqueteado PRI, por solo Dios sabe qué méritos, López Portillo le cedió los trastos a Miguel de la Madrid, y ahí fue donde la puerca torció el rabo.

A finales de su sexenio, surgió la corriente democrática al interior del partido oficial, protagonizada por mentes de brillantez indiscutible como Don Rodolfo Gonzalez Guevara, Ifigenia Martínez de Navarrete y Porfirio Muñoz Ledo.

De la Madrid pudo haber revitalizado al PRI abriendo puertas y ventanas para airear todos sus rincones, y haber revisado sus principios y sus normas para ganar las elecciones de 1988 regresando al origen y cumpliendo las promesas pendientes contenidas en el Código Civil de 1928.

Así salieron del PRI aquellos militantes irremplazables, que postularon a Cuauhtemoc Cárdenas con el generoso y patriótico apoyo de Don Heberto Castillo.

Cárdenas ganó, pero le catafixiaron el triunfo gracias al súbito idilio entre el PAN de Luis H. Alvarez y el PRI de Robert Lansing (1) cuyo engendro resultó ser Carlos Salinas de Gortari cuya permanencia incólume en la política nacional, da lugar a toda clase de malos pensamientos.

Al decidir “la caída del sistema” durante aquella sesión del Consejo General Electoral, presidido por el hoy democratizado Manuel Bartlett, de la Madrid replicó políticamente los efectos telúricos de los sismos de 1985, durante los cuales y a raíz de los cuales, brilló por su ausencia.

En las elecciones del 2012, el PRI tuvo una inigualable e inmejorable oportunidad de volver por sus fueros; porque sea como fuere, no solamente era un partido, sino una forma de ser propia de nuestra idiosincrasia.

Ahora, desconectado de sus bases populares, campesinas y obreras; alejado del nacionalismo revolucionario y de los ideales de justicia social, gracias al denuedo demoledor de Peña Nieto y sus novedosos correligionarios, está a punto de convertirse en RIP.

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  1. Robert Lansing. Secretario de Estado de los Estados Unidos. Profetizó que llegaría el día en que jóvenes mexicanos ambiciosos, amaestrados en las universidades gringas, y domesticados con un barniz elemental de “espicalinglis”, entregarían Mexico a los gringos con más enjundia y eficacia que si nos volvieran a invadir y robar.
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Número 17 - abril 2018
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