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Del 19-9-85 al 19-9-17

Lunes, 25 de Septiembre 2017 - 16:30

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Federico Cabrera

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“Todo parecido con la coincidencia, es mera realidad”.

Honorable Público Conocedor:

¡Soy La Naturaleza!

Y me manifiesto ¡una vez más! como siempre lo he hecho. No me avergüenzo por lo sucedido, porque yo no se de “culpas” ni de “juicios”. Y mientras todos me juzgan, yo no culpo ni juzgo a nadie. ¡A las pruebas me remito!

He estado aquí desde antes de la llegada de todos ustedes; de todos sus ancestros y de los ancestros de sus ancestros. Y sin vanagloria seguiré presente mucho después de que el último de ustedes haya partido.

Recio y quedito siempre he hecho y hago a mi antojo. Aunque a veces “hago como que dejo hacer” para que se crezcan y hasta lleguen a “creer” que pueden hacer conmigo lo que les venga en gana. Al igual que ustedes, ¡yo no pedí nacer! Pero a diferencia de la mayoría de los de su especie –para bien o para mal- ¡yo sí se qué hacer!

Es difícil de aceptar, porque ustedes son “pasajeros” y yo “perenne”. Ustedes prescindibles y yo imprescindible. Ustedes mortales, mientras yo –hasta donde recuerdo y hasta donde consta- no he dejado de existir y difícilmente dejaré de hacerlo. Su problemas “existenciales”, personales, interpersonales, sociales, culturales, raciales, religiosos, económicos, políticos, etc., son tan pequeños y efímeros, que “no desmerecen”, pero para mí resultan tan intrascendentes como el suspiro de un suspiro.

Su pequeñez –para describirlo en su “humana dimensión”- es tan infinitesimal que hasta a mí, quien no se conmueve ante nada, ¡me conmueve! Así como a ustedes consta ¡nada pueden hacer conmigo! A estas alturas creo que yo tampoco puedo hacer ¡nada con ustedes! ¡No entienden razones! Y se la pasan buscando “culpables” husmeando entre los “porqués” con muy poco interés de encontrar los “paraqués”.

Al margen de lo que pueda pensarse sobre mí ¡no soy fatalista! ¡Las cosas son “simplemente” como son! Aunque podrían haber sido y ser “mejores”; sin embargo –en su caso- parece que van de mal en peor. Yo no he venido a darle gusto a nadie. Simplemente a manifestarme.

No cejan de sacar por delante su prepotencia y soberbia. Y seguir jugando “el juego que ya todos conocemos”. ¡Que si la polémica a favor o en contra del “cambio climático”! ¡Que si las glaciaciones o “ciclos” del planeta! Visiones encontradas y mundanitas. Porque la verdad es que ¡ustedes no cambian NADA! Tan solo enfrentan parte de los “efectos” del cochinero que han venido regando y dejando por todos lados; sumados a su falta de “previsión” y “prevención” y la falta de RESPETO ante alguien de mis “tamaños”, que difícilmente alcanzarán a dimensionar.

Hasta con los “fenómenos” de “El Niño” o de “La Niña” se han proyectado al nombrarlos. Cual niñitas y niñitos forman su castillito de arena a la orilla de la playa: ¡A que construyo mi “fortaleza”! ¡A que viene la ola! ¡A que no me la tira! ¡A que hago mi casa! Con ramitas, con palitos, con ladrillos… ¡A que resiste! ¡A que me pongo por donde pasa el agua! ¡A que por aquí no pasa! ¡A que me asiento donde se “inundaba”! ¡A que aquí no se inunda! ¡A que la basura no se junta! ¡A que nadie la va a ver! ¡A que contamino hasta lo irrespirable! ¡Todo se puede “reciclar”! ¡A que extermino a las especies! ¡A que nadie lo va a notar!

¿Castigo, venganza, ira, resentimiento… de mi parte? Por qué habría de buscarlo o tenerlo ante ustedes. Esos son defectos propios del carácter y expresiones de la debilidad humana. Yo, La Naturaleza, ni me inmuto, ni me lleno de culpas. Soy como soy y ¡háganle como quieran!

¡Ya, inchi Viene-Viene...! Déjate de “lucubraciones” ¿Quo Vadis  Joy? ¿Pa’ onde vas? ¡En concreto!

No, en concreto no… ¡Por favor!

Septiembre 19, 1985: íbamos a desayunar en los comedores de Chapultepec 18 (La dirección incorrecta). Quienes prepararon aquél desayuno; afanadoras; meseros; utileros; switchers; conductores –entre ellos mi maestro de radio, Sergio Rod- jala-cables… trabajadores al fin ¡nunca salieron! Dejé el auto en Reforma y Lieja y comencé a caminar por Av. Chapultepec. Todo era una nube gris y pestilente. Silencio humano y rechinar de estructuras; cornisas enredadas con cortinas y persianas; zombis deambulando. No era ¡nada! buena parte de los edificios –curiosamente casi todos de los 50’s y 60’s, se habían recostado sobre otros más aplastados. ¿Y la antena de transmisión...? ¡Durmiendo a media calle taponeándolo todo! ¿Habrá estado “anclada” al piso…o estaba simplemente posada sobre la azotea? El caso es que ¡se hundió! El edificio de Televisa no tendría más de 4 niveles. ¿Cinco...?

Me cambiaron de “locación”. Tenía que ir Xola y Castilla. Un edificio cincuentón, de 5, 6 pisos. Ahí quedaron Ricardo, Gretty y Ricardito… ni forma de llegar hasta ellos. Sus familiares sobrevivientes decidirían luego de recuperar sus cuerpos, irse a vivir a Aguascalientes. ¡Total, parece que allá no tiembla!

Nuevo cambio de “locación”, pero mismo ambiente. Londres y Bruselas. Esta vez un edificio sesentero de unos 6 pisos. No se había inventado la Alarma Sísmica. Había salido de entre los escombros Damián, el amigo francés quien se desplomó junto con Gislene su esposa, cuyo cuerpo quedó sin vida bajo una losa. “Infancia es destino y juventud y futuro, desatino". Había llegado de Puerto Vallarta la noche anterior, para visitar al “ginecólogo”. ¡Quería dar a luz! Pero La Luz no pudo verla.

Rascar y cavar. No había palas. ¡Qué esperanzas! A mano, con algún pedazo de varilla o con lo que hubiera. Los chalecos fluorescentes aún no estaban de moda. Pero ya existían los “chavos” y los “desconocidos” quienes resultaron los más conocidos. Todos estábamos uniformados con polvorón blanco, cual panaderos salidos de la tahona donde se “cocinaban” cadáveres vivos y cadáveres muertos. Comenzaron a aparecer zapapicos. Un golpe adelante y dos pasos atrás con cada chispazo que retaba al olor asfixiante de gas. ¡Había que seguirle! Cubetas repletas de escombro imposibles de cargar. Para la tarde noche, habían llegado soldados bajo “órdenes” de ¡Repliegue Efectivo, No Intervención! Sólo echando ojo para evitar el “pillaje” ¡No había nada que pillar! Al menos no se veía. Militares hechos a “obedecer órdenes” de pronto se “rebelaron”. Se quitaron la casaca y camiseta de SEDENA y a lomo pelado se nos unieron a palear. Más noche y más negro. Qué lámparas, ni qué plantas de luz ni qué nada. No existían los “celulares” sólo la señal muda de los teléfonos de “veintes”. Cual tamemes, había que recorrer kilómetros para ir a “avisar” en lo que “andábamos”. En mi primera “escapada” me llevé al francés –mudo en ambos idiomas- para hacer saber que aun éramos del equipo de los “vivos” y quesque a “comer” algo. ¡Ya no quiero regresar!, le chillé a mi familia. ¡Tienes que hacerlo…! Volvimos para seguir hasta el día siguiente, hasta la tarde, hasta la noche…hasta la eternidad siguiente…

Septiembre 20, 1985: Sobre las 7 de la noche escuché y sentí por primera vez el término de “Réplica” ¿Cuál réplica...? Era el mismo terremoto que había seguido sin parar desde la mañana del día anterior; pero ahora vivido sobre dos pisos de escombro junto a una barda que bailaba para venírsenos encima…y a brincar a la calle… ¿dos pisos...? La adrenalina empuja, pero el terror arrastra. ¡Ni en las posadas había visto tanta comida! Café, té, agua, refrescos, peroles con frijoles, tamales… ¡Gracias!, pero ahorita no. ¡Gracias! Amaneció sábado y nada… ¡Shhh!, nadie hable, nadie se mueva… hay una niña, la están sacando… ¡Los “Topos”! tan novatos como todos los demás, sólo que con muchísimos más huevos, como ratas entre el pedrerío… horas después, ¡ya dieron con otra “niña”! No era “niña”, era Gislene. Otro de los Topos la sacó, intacta, pero sin vida en su cuerpo de la estatura de una niña. Se veía nomás dormida y maquillada de cemento.

Apareció un alma piadosa. ¡Tráigansela para acá! La llevamos en mi “combi”. Azul pinche, le habían retirado los asientos de vehículo familiar para su función de carroza fúnebre que nos condujo hasta la explanada de la delegación Cuauhtémoc. El cuerpo quedó en la “combi” y Damián y yo a “dar fe”, sin identificación, pasaporte, ni nada que se le pareciera. Nombre, sexo, edad, nacionalidad… tlac, tlac, tlac, el “encargado” de teclear expidió el acta de defunción. La llevó detrás de una mampara y salió firmada y con un sello; documento “oficial” con que la llevamos a la funeraria. Un representante del consulado francés constató todo; sellaron el féretro y Damián pudo alcanzar el vuelo a París, pero ya sin ella… ¿Cuántos fueron...? Sólo La Naturaleza lo sabrá.

Muchos años transcurridos. Según Cantoral: “Dicen que la distancia es el olvido...” Según yo, el olvido todo lo olvida, menos lo que no se puede olvidar o hasta que regresan los recuerdos.

San José del Cabo, 4 de noviembre, 1994. Ningún “huracán”. Una tormenta “convectiva” (así la definieron) que descargó sobre la Sierra durante 48 horas, lo que llueve en meses. ¡Es que aquí no había llovido así desde hace 90 años! “Yo Soy La Naturaleza” (Titulé mi columna en el periódico Tribuna de Los Cabos) ¡Pu’s a mí me vale madres! Paso por donde paso. Y así el agua bajó de la sierra; inundó lechos de río y arroyos y sobre todo, cargó con toda la Unidad Infonavit, construida –invadiendo- todo un lecho. ¡Nunca se publicó ni dijo el número de muertos! Fueron días y días en que removimos lodo y más lodo para sacar nada de la nada. Los cadáveres fueron retirados del área por retenes impenetrables. El panteón municipal –descuidadamente ubicado por casi un siglo en una zona de humedales- tuvo que ser reubicado, pues el agua deslavó y sacó de su Santo Descanso a cientos de difuntos añejos. La única clínica del Seguro Social quedó inoperable y la “Carretera Transpeninsular” partida por la mitad. Por cierto, en aquellos años del inicio del Tratado de Libre Comercio, Los Cabos ya lucían hoteles de “cinco estrellas” sobre el corredor San José-San Lucas; Aeropuerto Internacional; Aeropuerto Privado; Marina con capacidad para atender yates de más de 25 metros de eslora; precios en dólares para todos los servicios;  DOS ambulancias –una sin llantas- de la Cruz Roja; un camión de bomberos y una pipa de agua destartalados. La Naturaleza habría de pagar el consabido “pato” por haber “provocado” ¡lluvias atípicas! Tan “Atípicas” como las que también provocó La Santa Madre Naturaleza en 2013, bajo los nombres de Ingrid y Manuel y que “inundaron” las comunidades siempre abandonadas; desgajaron las laderas de montañas ocupadas por los “olvidados” y los “desafortunados” humedales y lechos de río en las zonas bajas de adyacentes a Acapulco. Mismo que según la inocente entonces Secretaría de Turismo ¡estaba en Pie! Aunque oliendo a “caca”. ¡Aca huele a Caca!, escribí. Sin embargo sirvió de marco para el “Tiánguis Gastronómico”. ¡Faltaba más! Fieles a Su Naturaleza, Ingrid y Manuel sí que “dieron cuentas” de su quehacer, para dejar en evidencia a los políticos, quienes jamás “rindieron cuentas”

Agosto 30-Septiembre 13, 2017: Recién llegado a mi amada CEDEMEQUIS proveniente de “My Ami” -mi por ahora Amiga y segunda Patria conocida como Miami- La Madre Naturaleza ¡otra vez! tuvo a bien dar forma a Doña Irma. Allende la Pequeña Habana dejé a mi familia; pero al ver las fachas y “aspavientos” que Irmita presentaba, me propuse raudo volver a la tierra de los “mayaimies”. Pero como ¡otra vez! La Naturaleza “no cumple antojos” y menos reservaciones de avión, resulta que me quedé varado justo en medio de la que fue la Tenochtitlán de Mancera; para ser más precisos, en el West Side de la colonia Del Valle o el East Side de la colonia Narvarte y a unas cuadras del Central Park de Los Venados. Uno de los anfiteatros, junto con el Parque Delta del 85.   

Septiembre 7, 2017: “El Ocho Punto Dos” ¡Qué ganas! ¿Por qué no le pondrán nombre a los temblores? Pepe, Toño; Chava o de plano, Federico. Se aceptan sugerencias y mentadas.

El caso es que un día antes ¡sonó la Alarma Sísmica! Y me congratulé al observar cómo, cual hormiguitas, las personas comenzaron a salir de casas y edificios y a ocupar los camellones y partes centrales de las calles. Aparentemente, nada se movió. Y todo se atribuyó a un “error humano”. ¿Habrá errores de otro tipo? Que yo sepa, La Naturaleza “no comete errores”. 

“Haiga sido de quien haiga sido” el error, La Naturaleza como que se quedó picada y a las 23:49:20 pintó su raya y sacudió a casi un tercio del territorio nacional. Mi sentimientos tanto trepidatorios como oscilatorios resultaron más que encontrados. Haber podido escuchar la Alarma Sísmica, puntual, efectiva, concediéndonos a los CEDEMEQUISENSES de 50 a 60 segundos para salvar la vida y ver a la gente salir con pánico ordenado, fue una experiencia conmovedora. Para mandar al carajo las suposiciones de si la Alarma anterior había sido “ensayo” “error” o “advertencia de la Providencia”. Y cientos, miles pudimos alcanzar la calle o algún espacio que supusiera “seguridad”.  

Parafraseando a José Alfredo, “La Distancia entre los dos es cada día más grande o más corta…”. “El “Ocho punto uno” del 85, estuvo aproximadamente a 400 kms. de la capital del país; en cambio, entre la cuna del “Ocho punto dos” y la CEDEMEQUIS del 8 del 9, nos separaron 700 kms. Chiapas y Oaxaca, por su cercanía con el epicentro, no tuvieron la misma suerte; aunque tampoco tuvieron Alarmas Sísmicas; porque en el caso de los niños Velasco y Murat el tema de la “Prevención” y “protección civil” jamás pasó por sus “yunioriles” cabecitas en sus choros de campaña. Manuelito en sus inicios “posicionándose” como “EL GÜERO” entre los prietos como uno; para que ahora ¡Ana Ayí! le hiciera el quite, saliendo despeinada y sin pintar –muy al estilo de Chayito la que se quedó con Sed de Sol- para que viésemos su “sufrir”. Y Muratito “denunciando” estoicamente a “muerto-pasado” que la administración anterior “no había pagado el mantenimiento del sistema de sensores”. Y ninguno de los dos ocupándose en su momento de “mover a México” y a las comunidades de las zonas de riesgo. ¡Ah qué pinche Naturaleza tan ojete! (La de “ellos”. Claro está).

El “Siete punto uno” del 19-9-17 finalmente nos jugó chueco. Ni tiempo nos dio. Su nacencia a sólo 120 kms. de distancia provocó que la Alarma Sísmica de la CEDEMEQUIS se diera al unísono del danzón. ¡No hagan olas! Le hubiésemos dicho a Doña Naturaleza. Ni caso nos hubiera hecho. Las ondas, cálculos más, desmentidos menos, viajan a razón de 42 mil kilómetros por hora. Más de 42 veces la velocidad crucero de un avión comercial. En sólo una hora, podrían cubrir la circunferencia de La Tierra. (A) El Planeta Azul descrito por Sagan, engendrado por L’enfant terrible Naturaleza.

19 del 9 de 1985. 19 del 9 de 2017. Av. Chapultepec. ¡Ahí nos tocó vivir! Como dice la Señorona del 11. Y ahí estuve. En el recibidor de un hospital en cuyo 5º piso se encontraban mi hermano y hoy cuñada. ¡Hey Danzón…dedicado a La Madre Naturaleza!

Las personas con las que estaba ocupando el elevador en ese instante, salimos bailando con tal coordinación que ni en la boda más chafa habríamos podido coordinar los pasos bailando la Macarena. El crujir del edificio; el vacío existencial; y escuchar el desmoronamiento de todo, es lo más parecido al sonido de cuando el mundo se viene encima. Avenida y calle de por medio para ver danzar al edificio. Arriba mi gente. Adelante el pensamiento tan rápido como las ondas sísmicas. ¿En qué piso van a quedar atrapados los míos?

Me acerco para volver a entrar, pero ¡ya hay personas “CAPACITADAS” en la puerta del hospital que me lo impiden! No se intimidan, ni se apanican. ¡CUMPLEN CON LO SUYO! ¡PROTEGER VIDAS! La tierra sigue moviéndose y el personal a cargo, ¡firmes como columnas! Aún a riesgo de que a ellos les caiga todo encima. Me quedó petrificado, mientras cuadras a distancia se escucha el ¡Booom! Y una gran nube de polvo. Estaba viendo “en vivo”, lo que vi “diferido” en el 85 en la misma Av. Chapultepec.

¿Pienso...? ¡Luego no existo! Soy un imbécil. El foco rojo interior me dice: ¡NO HAGAS PENDEJADAS! No es instante para “pensar” Son milisegundos para “actuar”, pero ¡como se debe! No a lo pendejo. Porque la única diferencia entre “apendejarse” y “no apendejarse”, es ¡La Vida! Esa de la que La Madre Naturaleza, ni es “responsable”, ni es “culpable”.

Minutos, y comienzan a salir cual hormiguitas personal del hospital, enfermeras, enfermos, entubados, personas por las escaleras…OJO: “escaleras interiores” Que junto con los cubos para elevadores, son las estructuras más endebles y lo primero que se derrumba en los sismos antes de que los pisos cedan entre sí. Para algo las construcciones más recientes cuentan con escaleras “externas”.

Me acerco a una de las encargadas de la evacuación y el orden. (Misóginos sabed: en su mayoría ¡MUJERES! ¿Por qué será? Y sépase que el “sexo débil" me cae ¡tan mal! Que me dan ganas de agarrarlas a ¡Mordidas!) Total, que me acerco a ella y le digo: ¡Hubo derrumbe adentro, ¿verdad?! Respuesta Cool: "No lo sabemos. Ya “estamos” saliendo todos. ¡Tranquilo! Ahora no puede pasar” Juro que si no hubiésemos estado en “esas” le pido matrimonio y me la llevo pa’mi casa. ¡Me trasmitió toda la paz que se puede trasmitir en medio de toda la angustia!

Reculo (no es albur) y me quedo hasta donde me indican. Hasta que veo bajar por la escalera a quien yo he bautizado como “El Bulto” ¡Carajo! Si apenas el 19 de agosto lo habíamos levantado del pavimento por un ¡pendejísimo! accidente en motocicleta. (Perdón por mi francés, gala Editora) pero es que los “accidentes” no son tales, tan solo “pendejadas”. Y yo que lo había llevado al hospital para que lo diagnosticaran sobre una “accipendejez” por usar motocicleta en una ciudad donde la “cultura” de las motos y las bicicletas NO EXISTE y ¡jamás existirá! Si este K B ERE O ENE quedó ¡vivo! de milagro de un motocicletazo, venir a morirse aplastado entre losas de concreto, es que aquí sí que La Naturaleza no tuvo "nada que ver”.

El caso es que ¡salimos! ‘ta bien. Ahora lo que sigue:

El caos para salir de ahí. Me la juego y me animo “apanicado” para sacar el auto del estacionamiento del edificio que no promete. Como sea pa’fuera y comenzar. El shock no para. Sigo en medio de él. Horas, un día, el siguiente, los medios, lo único que se escucha: ¡Derrumbes! Incertidumbre, atrapados, muertes, el piso se sigue moviendo en el corazón de la Delegación Benito Juárez.

Comienzo a recorrer las calles. Debo volver a sacar un auto en la colonia Roma donde lo había dejado. Buñuel me habría pagado por darle el guión. Y miro a los “cientos”, no se cuántos. Chavos, jóvenes en su mayoría. Con sus chalecos. Cascos, palas, deambulando y me encuentro con los NININIS. “Ni Comen, Ni Duermen, Ni Paran de ayudar”, a como les da. Con lo que tienen, con lo que pueden. Como “empujados” por el “Deber Ser”. ¡Carajo! Hasta miedo me dan. No se inmutan. ¡Haigan cuenta! que van de excursión. Animosos, tranquilos, sin afán de protagonismos. Van y vienen como nosotros en el 85. Ni saben cómo se llaman, ni les importa. Tan Cool, como si fuesen “al antro” o saliesen de ahí. Pero ¡todos! interactuando entre la muerte. Al Uno por Uno. Dispuestos a “arriesgar la vida” por otros que ni conocen. ¡’tan locos!, dirían muchos. NO. Están ¡VIVOS Y SIENTEN Y VALORAN LA VIDA! Pinches escuincles y escuinclas. ¿¡Quién los viera, tan superficiales, tan conectados y apartados del mundo con sus pinches dispositivos “apartapendejos” y en su momento tan INTERCONECTADOS con la necesidad, el dolor, y la pena ajena!?

¡Lloro de verlos! Mientras yo ¡NO me acobardo de estar acobardado! Por no querer volver a los escombros. Porque me quedé marcado, porque me quedé lisiado, porque no puedo volver a ver "tanta muerte”. Porque no soportaría volver a oler tanto olor a cadáver como en el 85.

¡Ya NO quiero ni puedo regresar! Pero ¡todo! esto me regresa. Y otra vez y otra vez. Y eso que yo no quedé entre los escombros. Ni quedé aprisionado. No lo hubiese resistido. Soy espectador cobarde. Hay lugar para todos. Sobre todo para los verdaderos “héroes” quienes sí que lo vivieron y sí que lo sufrieron. Y quienes se murieron no por el temblor, sino por sacar a “otros desconocidos”. Yo soy un simple cronista de la superficialidad sobre la Verdad del Sufrimiento Humano.

Pero “RECALCULANDO” como dijera el Maestro Waze, quien ¡todo lo ve desde el satélite!, lo que sí me llama la atención son “las coincidencias”.

¡Qué casualidad! La mayoría de las edificaciones caídas, colapsadas y derruidas, “casi todas” son de la misma época. Cincuenteras, sesenteras, setenteras. Entre 3 y 10 pisos. En zonas perfectamente delimitadas. ¿Y las consideraciones? No solo respecto a las técnicas de construcción de la época.

¿Qué hay de las estructuras? ¿Se supervisaron la “antigüedad”? ¿La resistencia de materiales? ¿La “fatiga” de materiales y estructuras a lo largo del tiempo? ¿Qué “durabilidad” se les pronosticó? ¿Las columnas y castillos? ¿Columnas huecas?

¿Y la “carga sobre los edificios”? ¿Aguantarían para siempre? ¿Se supervisó la carga para cada piso? ¿Cargar indiscriminadamente qué le podemos meter a un edificio: mobiliario, estantes, archiveros, pianos, bibliotecas, maquinaria, computadoras, pesos, en fin… La estructura de un inmueble da “¿para todo y para todos y para siempre?" ¿La estructura no tiene desgaste a lo largo del tiempo? ¿Las losas diseñadas para el diseño estructural aguantarán el peso de todos los pesos de cada una de las cargas les quieran echar encima? ¿La Reforma Educativa dio para más de las poses políticas, la “supervisión” de la infraestructura “física” de las escuelas? ¡No todo es choro!

La CIMENTACIÓN ¿Fue calculada para cuándo y por cuánto tiempo? Y ¿el subsuelo? ¿Cuándo “cimentamos” llegamos hasta el “suelo o placa firme”? ¿De qué espesor? ¿Estamos “seguros” de que la Placa que “asumimos” como “suelo firme” era REALMENTE “SUELO FIRME”? 

No soy ingeniero. Pero que a mí no me salgan con M&M’s de que una “estructura” aguanta porque el “maistro” de obra o el Doctor en Ingeniería así lo determina. ¿Cuánto y hasta dónde el Subsuelo del terreno lacustre del Valle de México soporta el peso de una ciudad como la CEDEMEQUIS?

¿Qué fueron las “fuerzas imponderables” de La Naturaleza?

Como se dice en el la más británica y exquisita de las expresiones en inglés:

My Ass!

MORALEJA: Dejémosle de echar la culpa a La Naturaleza y recojamos “la mierda” que hemos hecho y seguimos haciendo del lugar donde habitamos.

Y por cierto: Mensaje de La Misma Naturaleza:

¡No metan al Creador! (Cualquiera que sea su creencia, dogma, religión o concepción del mundo en el que crean o “no crean” como causante de sus propias limitaciones e irresponsabilidades).

Seguramente esa “Deidad” “Fuerza” o “Destino” se deslinda de todos nosotros y de todas nuestras limitaciones y errores.

Y ¡VIVAN! LO MEJOR QUE PUEDAN EL TIEMPO QUE LES QUEDE EN CONCIENCIA DE QUE TAL Y COMO LO VIVAN Y LO HAGAN, ¡SE ABONARÁ PARA LAS PRÓXIMAS GENERACIONES!

Por lo pronto, si Don Eduardo, Madame Francine y las condiciones geológicas y climáticas lo permitan ¡AY VA LA’GUA! Y ¡AY VA EL SARANDEO! Porque de que va a seguir, va a seguir... ¡Hasta donde tope!

Lo mismo que esta insufrible columneja. 

 

Foto: nacion321.com

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Número 17 - abril 2018
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