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Declina tú, no mejor tú

Martes, 08 de Mayo 2018 - 15:00

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Israel Aparicio

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En plena efervescencia electoral, los otros cuatro candidatos que buscan conquistar el corazón y la silla del águila, intentan preocupados acercarse al puntero seductor, Andrés Manuel López Obrador quien a pesar de sus dislates y pifias, parece firme en su papel de Casanova de la nación. Don José Antonio Meade, el más puro caballero y casto del rancio abolengo tricolor, pedía desesperado el voto útil que le hiciera posible obtener “la grande”, para dar continuidad a la historia de amor neoliberal que ha protagonizado el país por más de tres décadas. Por su parte el joven, ya no tan maravilla, Ricardo Anaya también pidió el voto útil dirigido a su persona, al asegurar que era el único capaz de frenar el populismo y vencerlo en las urnas, para salvar a la patria de otros seis años de gobierno y matrimonio semejantes a los casos de violencia intrafamiliar.

Lejos observaba el favorito de la patria desangelada, con su talante antisistema, gustaba de desdeñar a sus contrincantes en su tercer intento por conquistar el corazón de la nación y coronar su largo peregrinar por todo el país, que decía conocer como la palma de su mano macuspanense. En los largos años de lucha por su utópica republica amorosa, muchas desventuras padeció, como fue el desafuero patrocinado por el exbotudo “presiChente”, un presunto fraude a manos del etílico y explosivo expresidente Calderón, e incluso su corazón pseudo izquierdoso, se infartó literalmente, por lo que requirió de ser intervenido quirúrgicamente de emergencia para sobrevivir.

La patria, esa fuente de deseo que enloquece a los políticos y también los enriquece, ha padecido a los peores conquistadores desde los tiempos del México colonial. En pleno 2018 otra lucha encarnizada tiene lugar por las mieles de su amor y su presupuesto, que aunque hipotecado en muchos aspectos, aún conserva cuantiosos recursos económicos suficientes para impulsar el desarrollo de sus habitantes o para padecer otro saqueo descomunal como el que protagonizaron la nueva generación de políticos priístas.

Esta “degeneración” de políticos rapaces, demostró con creces lo que parecía imposible, no se podía ser más corrupto y saqueador del erario que sus predecesores. Pero los 258 mil millones de pesos desviados, desaparecidos y triangulados por gobernadores priístas principalmente, demuestran que este grupo de políticos y narco políticos, simplemente no tienen límite, tampoco llenadera, ni progenitora.

En estos tiempos de reconquista de la patria, donde los zalameros retocan sus gallitos populistas en el cabello, limpian sus lentes, dinero e imagen pública, e intentan maquillar las cifras de las finanzas sanas y el vitiligo, los electores observan desconfiados ante otro posible catastrófico ciclo que dejará a la nación violada y saqueada. La única diferencia en este sui géneris proceso es la lucha de todos contra el candidato de MORENA y la lucha encarnizada por lograr el segundo lugar electoral, que asegurará el voto útil, ya sea negociado cupularmente o en la práctica ante la cercanía del final del proceso electoral.

El pretendiente presuntamente sacarificado sería el candidato “Pepe Mid” al ser el representante de lo peor de la casta política del deslavado tricolor. El mismo PRI, la semana pasada, sacrificó a su cómico involuntario, Enrique Ochoa Reza, para calmar un poco la sed de sangre al interior del partidazo, que ve con miedo cómo las estrategias del todo poderoso canciller, Luis Videgaray, junto con lo que queda de la figura zombi del presidente Enrique Peña, encaminan al instituto político a su más grande debacle electoral.

Ricardo Anaya, ese joven brioso que entendió que para lograr conquistar “La Grande 2018” requería de algo más que el trabajo servil a sus “padrinos” y el respeto a las formas de su partido político. Por ello no le tembló la mano en traicionar a sus mentores, exiliar a su única competidora al interior del PAN y sobre todo aliarse en el pragmatismo más puro con lo que quedaba del PRD, para aumentar su fuerza política y electoral.

Este Frankestein político, ninguneado y poco factible en sus inicios, logró por la simple suma aritmética posicionar a Anaya como el candidato más factible para competirle al “Peje-Man”, por el amor electoral de la patria desvencijada. A los excesivos e inútiles generales tricolores, los agarró con pantalones en la mano el crecimiento del frentista Anaya, en el mito genial de las encuestas, pero sobre todo, pusieron el grito en el cielo cuando se rompió el techo de crecimiento del puntero electoral. Sumado a la estrategia pésima desde la oficina de la presidencia de buscar dinamitar la campaña de Anaya para arrebatarle el segundo lugar (utilizando a las instituciones de justicia en forma partidista) lo que resultó un auténtico balazo en el pie para ambas candidaturas.

Este efecto carambola catapultó al tabasqueño, empantanó a Meade y Anaya, y aumentó las posibilidades de triunfo de MORENA. Ante el “reguero de tepache”, del aún inquilino de los pinos, dice no ver nada más, ni se atreve a pedirle a su gallo neoliberal sin espolones, pero con vitiligo, que se baje de la contienda presidencial. El desesperado llamado al voto útil y la presunta declinación para intentar frenar a López Obrador no terminan por cuajar, porque los candidatos (en especial Meade) no conciben la vergüenza pública de reconocer que sus proyectos y oferta política fracasaron en forma escandalosa, ante un electorado muy resentido y reticente al continuismo.

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Número 18 - mayo 2018
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