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De expresidentes y cosas peores.

Jueves, 15 de Noviembre 2018 - 16:50

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Israel Aparicio

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Lidiar con un duelo político lleva tiempo y sin ayuda profesional se hace mucho más complicado, esto se vuelve imposible cuando el repudio ciudadano aumenta y en forma inversamente proporcional los recursos económicos disminuyen. Este fenómeno, sumado al sentimiento de orfandad que padecen los expresidentes de México les ha exhibido frustrados, con su lógica retorcida del poder, además de su obligada desincorporación al erario nacional.

Los nuevos dolientes, por la incomprensión de la sociedad y el retiro de las millonarias pensiones cortesía del impuesto de todos, son don Vicente Fox y el ahora expanista Felipe Calderón quien en su más reciente berrinche estrafalario, renunció al PAN, luego de ver que se imponía en la dirigencia nacional Marko Cortés, un enemigo más de los que ha sembrado en su carrera política de 30 años. El nuevo dirigente del Comité Ejecutivo Nacional le recordó a Calderón, que esas formas antidemocráticas que ahora acusa en el partido (dominado aún por el fallido candidato presidencial Ricardo Anaya) fueron “herencia” del rencoroso y enano políticamente hablando, del expresidente michoacano.

Calderón luego de anunciar por todo medio de comunicación que le dio espacio sobre la tragedia en que se convirtió el PAN, presumía sobre su visión “patriótica” de formar un nuevo partido que aglutine a la oposición en contra del nuevo régimen. Por supuesto dicho instituto deberá formarse en torno a su deteriorada figura política (faltaba más) y la de su fallida candidata presidencial y esposa, Margarita Zavala. Todo esto para enfrentar al villano favorito de su lucha en favor de la libertad política y del libre mercado, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Don Felipe de Jesús no terminaba de sacar lo mejor de su sentimiento y resentimiento contra el tabasqueño, cuando desde la corte de New York, Jeffrey Lichtman, abogado del mismísimo Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo Guzmán”, declaraba sin mucha credibilidad pero con mucho escándalo, que su cliente extorsionó con millones de dólares al aún presidente Enrique Peña Nieto y por supuesto a Calderón Hinojosa.

El “Chapo Guzmán” salió mediáticamente a robarle la pequeña agenda política (y los memes) que trataba de posicionar el expresidente Calderón, al convertirlo en objeto de acusaciones de corrupción. Por su parte el aún presidente en funciones, Enrique Peña, quien ya despachaba desde la hecatombe tricolor del 1 de julio como exmandatario, mandó al vocero de la presidencia a desmentir en redes sociales las acusaciones del abogado del “Chapo Guzmán”.

Por su parte el expresidente Vicente Fox, entrevistado en su rancho, ante la inminente llegada a la presidencia de AMLO, convocó a la resistencia para que el futuro presidente “no nos lleve entre las patas”. Aseguró que la consultitís crónica, la construcción del Tren Maya, la cancelación del aeropuerto en Texcoco y su falta de respeto a los bancos, afectarán a los más pobres. Además de acusar que el tabasqueño no era el presidente de todos los mexicanos, sino solamente de la pandilla de allegados que se llevarán todo el pastel de las obras públicas. Con saludos cordiales a los Bribiesca Sahagún, a don Paco Gil Díaz y al Centro Fox que ha funcionado como cabildero y comisionista de empresas trasnacionales chinas y estadounidenses.

Probablemente el ex “PresiChente”, no lo diga en público, pero agradece la presentación de la excelente iniciativa de ley para legalizar el consumo de la mariguana, ya que no hay nada como un relajante natural ante esas presiones de vivir fuera del presupuesto, así como la burla generalizada ante sus incontrolables pifias. El uso medicinal de la cannabis que el botudo guanajuatense requiere con urgencia, será insuficiente para su supervivencia política, luego de que su némesis tabasqueño dejará en estado de coma a los partidos políticos.

Los otros “exPRIsidentes” son el longevo Luis Echeverría Álvarez que amenaza con clonarse mediante algunas políticas populistas del futuro presidente AMLO y a quien el Estado mexicano ya no financiará sus ingresos de expresidente. Así como el más maquiavélico de los villanos favoritos, don Carlos Salinas, quien no recibe pensión, pero si regala consejos sobre los peligros del ejercicio del poder al nuevo gobierno.

Por su parte, el doctor Ernesto Zedillo renunció a su generosa pensión desde el fin de su mandato y prefiere seguir el camino de la docencia bien remunerada en universidades internacionales, así como el gusto por la consejería en líneas ferrocarrileras internacionales, que por casualidad fueron privatizadas durante su sexenio. El doctor “Dedillo”, apóstol de la moderna alternancia, también es consejero de administración de la empresa de productos de consumo de belleza, salud, limpieza y alimentos más grande del mundo. Por lo que una modesta pensión, le representaría una pérdida de morralla pues lo que le sobra es “cash” desde hace años.

Los expresidentes, esos entes tragicómicos que sobrevivían de esquilmar al erario, padecen del síndrome de la incomprensión a su legado y de la cura mágica de su Alzheimer político, ya que cuando ya no tienen ninguna posibilidad real de impulsar una exitosa política pública, se pronuncian vehementemente por la aprobación de la misma.

Olvidando que en sus respectivos sexenios desperdiciaron la oportunidad de legislar, gobernar e impulsar el desarrollo del país. Los expresidentes, principalmente los emanados del PAN, abonan poco a la cultura democrática, se enfrascan en grillas baratas, son renuentes a la autocrítica, intolerantes en cuanto a sus innegables conflictos de interés y terminan siendo simples multiplicadores de la polarización en una sociedad ya de por sí muy dividida.



Número 23 - Noviembre 2018
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