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Como anillo al dedo

Jueves, 22 de Marzo 2018 - 15:00

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El Oso Travieso

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En el caso de que los sucesos públicos de nuestra sociedad fueran transparentes y la comunicación se diera clara y precisa, la presencia en la boleta electoral para la presidencia de la República de un nombre más, que viniera a dirimir las controversias vigentes y aportara una verdadera cuota de valores, marcaría una muy interesante alternativa que pondría de inmediato en competencia al nombre recién ingresado.

Desafortunadamente, estamos tan susceptibles a las opiniones sesgadas, a los intentos de manipulación, a la amenaza de las diferentes oposiciones, que con tan poco tino han llevado al legislativo a crear una legislación Franquensteinana que sorprendería al mismo Kafka, a la amenaza del imaginario tigre producto del delirium tremens de Andrés que ya lo utilizó con anterioridad para bloquear Paseo de la Reforma, y a la desconfianza con la que nos acercamos a los temas políticos por las experiencias nefastas que hemos vivido.

Alguna vez creímos en un gran discurso de toma de posesión de José López Portillo, que prometía llevarnos a la solución de los problemas urgentes y daba esperanza razonable de crecimiento a mediano y largo plazo; la absoluta falta de honestidad de su gobierno nos puso al borde de la quiebra.

Sucesivamente nuestra naturaleza empática y bonachona, así como la necesidad de alcanzar una tabla de salvación en el naufragio, nos ha hecho poner nuestros ojos en nuevos líderes a quienes no les ha dado mayor trabajo decepcionarnos.

De la Madrid nos duró la víspera y el día; Salinas nos mantuvo engañados todo el sexenio y sólo hasta después nos dimos cuenta de quién fue; Zedillo no entusiasmó, pero con discreción y honestidad tuvo un gobierno razonable y capeó el temporal; hoy podemos comparar los resultados de los gobiernos panistas con el resultado de Peña: hay avances innegables, pero los índices de inflación, tipo de cambio, los precios de las gasolinas y de las tortillas dan al pueblo una pésima imagen de gobierno, reforzada por la corrupción, inseguridad y las distorsiones informativas, que crean un ambiente de gran insatisfacción.

Esa falta de valores no es sólo del gobierno, en realidad es de toda la comunidad, aceptar como válidas mentiras y provocar descrédito abierto juzgando a priori, dejándose influenciar por opiniones claramente interesadas que involucran a estos ciudadanos en corrupción y desánimo.

Culpar a Peña de Ayotzinapa y buscar “cargarle el muerto” de cuantos crímenes se han cometido en el sexenio, así como se los cargaron a Calderón, es reflejo de las opiniones tendenciosas que dominan el terreno de la comentocracia.

No me quedó claro el origen de los fondos y la honestidad de los tratos de la Casa Blanca, pero tampoco tengo noticia del origen de los fondos con los que se adquirió el rancho de “La Chingada” y no hay vestigios de algún periodista investigando esos fondos. Mucho menos la PGR investiga, está suficientemente ocupada con Anaya.

Por eso la llegada de una propuesta que pone al frente los valores debería colocarse de inmediato al frente de las preferencias electorales.

Mi primer contacto con las páginas editoriales de los periódicos, estando yo en primaria, me enseñó que había columnas que no debería leer ya que estaban pagadas por el gobierno, y lo que decían eran mentirotas del tamaño del mundo.

Cuando empecé a interesarme en los temas políticos, después de leer el manifiesto comunista, tuve contacto con un libro de Adolfo Christlieb Ibarrola: “El puño y la mano tendida”, que me guió a encontrar mi tendencia política. Una propuesta social de valores, una búsqueda honesta del bien común, un deseo de alcanzar el poder para servir, no para servirse de él, la esencia de la ideología del PAN.

Conocí muchos panistas, mi papá colaboró con el partido con muchos de sus amigos, no había credenciales, nombramientos, distinciones, honorarios.

Eran un grupo de ilusos en busca del bien común.

Vicente Fox vino a darle al partido la popularidad que requería para ganar la presidencia con el membrete del PAN, pero con un gobierno bastante ecléctico, un “neopanismo” indoctrinado sobre las rodillas.

Es con Felipe Calderón cuando ya es posible integrar un gobierno panista; por desgracia, ya estaba infiltrado de gran número de neopanistas y se dio el fenómeno que hoy se repite de un grupo de políticos que lo que buscan es un hueso, carentes de ideología y de principios diferentes a su bienestar personal.

Margarita es un triunfo de género y pertenece a esa generación fundacional de panistas; será denostada, difamada y atacada conforme los indignos usos y costumbres de la política nacional, los obstáculos que puso la mafia del poder (que incluye a AMLO), impedirán que llegue a la presidencia, pero será una buena experiencia y espero esté lista para el 2024.



Número 23 - Noviembre 2018
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