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Circo, show y cinito

Viernes, 28 de Septiembre 2018 - 15:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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Nuevamente el presidente electo decepcionó a sus seguidores (sólo a algunos), al considerar que tanto las autoridades como los acusadores prefirieron el escándalo mediático que la aportación de pruebas que hiciera un caso sólido en contra de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz.

Como se sabe, el famoso Javidú, como lo bautizará Gil Gamés, está acusado de un rosario de hechos delictuosos que se pueden resumir en el enriquecimiento a costa del erario público y el tráfico de influencias que ejerció como gobernador. Ranchos, departamentos, cuentas de banco, joyas, etc., salieron a relucir, de ahí que la condena de nueve años y una multa de 58 mil pesos parezca una burla. La PGR se defiende diciendo que el asunto apenas comienza, pero la realidad y la experiencia dicen otras cosas.

Por ejemplo, ¿alguien duda de que Elba Esther Gordillo se enriqueció al amparo de su puesto en el SNTE?, ¿alguien duda del enriquecimiento de Napoleón Gómez Urrutia a costa del sindicato de mineros? La lista puede ser larga y alcanza a figuras de todos los partidos, entonces ¿por qué no están en la cárcel o afrontan procesos sólidos?

Aunque no guste, puede ser que la verdad esté en las palabras de López Obrador: circo, show y cinito. Acusadores, autoridades y una buena cantidad de periodistas gustan de dar por buenas informaciones parciales o no concluyentes sobre la culpabilidad de x o y personaje. Los diarios las ponen en primera plana y, a partir de ahí, ya son verdades absolutas. Fulano o sultana son culpables porque es políticamente correcto sostenerlo. A las autoridades les gusta asegurar que las acusaciones son sólidas. Al final, cuando personajes como los aquí mencionados quedan libres y multimillonarios, después de pasar un par de años en la cárcel, el mensaje no puede ser otro que, en efecto, todo fue un circo.

El ciudadano de a pie queda convencido que la corrupción paga y no se equivoca. En los hechos, paga. Los periodistas se desgarran las vestiduras, los gobernadores estatales le echan la culpa al gobierno federal, los jueces pasan de puntitas y el gobierno federal no es capaz de dar una explicación. Es una especie de guion pactado, de un mal guion a la mexicana. Cada quien, de acuerdo a sus orientaciones políticas, echa la culpa a otros; a los suyos, nunca.

Se supone que la única manera de combatir la corrupción es con medios organizativos y tecnológicos (como blockchain, por ejemplo). En este sentido, el Sistema Nacional Anticorrupción, el Sistema Nacional de Transparencia, todavía no completados, y los fiscales independientes iban a ser un instrumento más eficaz para combatir la corrupción en los tramos que importan: detección de casos ilegales, investigación y acopio de pruebas, y, finalmente, procesos judiciales exitosos. Todo esto está en riesgo de ser tirado a la basura porque el sexenio siguiente el combate a la corrupción será por la conducta ejemplar y sin tacha de los gobernantes. Palabra de Peje. En otras palabras un tipo distinto de circo, show y cinito.

Como cereza en el pastel, el abogado de Duarte dice que este es inocente, que si aceptó la culpa sólo fue por estrategia. Inefable.


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Número 23 - Noviembre 2018
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