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Amor sin barreras

Viernes, 10 de Noviembre 2017 - 16:30

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Julio Chavezmontes

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A ver si entendí bien.

 

En la primera etapa de la demolición de los tabúes, hemos logrado grandes conquistas, tales como:

La despenalización del aborto como antesala de la despenalización de la eugenesia, la eutanasia y el gerontocidio (supresión de los ancianos).

Tambien hemos conquistado la primera etapa de la liberación sexual irreversible:

Ya logramos romper con el molde arcaico heredado desde el génesis, edificado sobre el mito genial de un hombre y una mujer (Adán y Eva).

Ahora, la versión actualizada del génesis, nos dice que Adán fue clonado a partir del ADN de su costilla, dando lugar a otro Adán, genéticamente idéntico a él, al que decidieron llamar Eva, puesto que el género es cuestión que se define mediante la democrática elección, y no impuesto por el pene o la vagina.

¿Cómo le hicieron para proliferar la raza humana?

Lo hicieron a base de clonaciones procesadas a partir de numerosas costillas, hasta que los ingenieros genéticos lograron producir un espécimen que llamaron femenino, al que le impusieron la carga de gestar y parir los subsiguientes productos, además de cargarle las pesadas tareas del hogar, sin remuneración alguna.

¡Todo ese oscurantismo ha sido dejado atrás!

Habiendo llegado por fin a la implantación de la ideología de género, los próximos logros incluirán la despenalización de la poligamia, la pederastia, el adulterio, el estupro, el incesto y la violación.

En la etapa actual de la evolución sociológica y política de la especie humana, ha quedado establecido que somos animales indeterminados, enteramente libres de elegir si queremos ser hombres, mujeres, androides o cualquier otra forma de mamífero, reptil, volátil o pez.

Gracias a los grandes avances científicos y pedagógicos auspiciados por UNICEF, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, nuestra mente ha llegado a un desarrollo tal, que podemos determinar si queremos tener un solo sexo o asumir una alternativa de variantes ilimitadas.

La honestidad de las cúpulas dirigentes es conmovedora, porque no han disfrazado sus programas bajo el manto de una falsa ciencia, en cuyo caso estaríamos hablando de “la ciencia del género” y no de la ideología.

En corto, y gracias a la liberación de los procesos oníricos e imaginativos, podemos ser lo que queramos, según creamos preferible; hasta esos alcances llega nuestro derecho de preferencia sexual.

Dicen los “entendidos” de los misterios del universo, que en realidad somos lo que creemos ser y que “the sky is the limit”.

Siguiendo este desafiante escenario de opciones ilimitadas, podemos disfrutar nuestra animalidad sin distingos ni cortapisas entre los ámbitos de racionalidad o no-racionalidad.

Ésto permitirá remontar las barreras discriminatorias que impedían el matrimonio entre animales racionales y animales supuestamente no-racionales.

Y digo “supuestamente no-racionales”, porque descalificar a las especies zoológicas porque no piensan exactamente como nosotros, constituye una discriminación y zoofobia tan execrable como la homofobia o el racismo.

Los humanos que actualmente practican la zoofilia (peyorativamente desdeñada como bestialidad), podrán salir del closet para compartir su dicha y su plenitud sin avergonzarse más.

Las obras de arte cinematográfico protagonizadas por Romeos caninos y Julietas humanas, dejaran los oscuros y sórdidos sótanos de la pornografía clandestina, para adornar las marquesinas luminosas de París, Londres, Berlín, Hong Kong, Nueva York y Hollywood, donde podrán competir abiertamente por los Óscares de la Academia.

Si demolemos los prejuicios y las barreras que impiden la cohabitación y el intercambio sexual entre nuestra especie y los demás animales, descubriremos que los centauros, los cancerberos, Ícaro, los pegasos, las sirenas y las hidras, no eran mitológicos, sino fruto del ancestral y muy antiguo amor entre los caballos, los perros, pulpos, peces, aves de gran envergadura y los humanos que fueron arbitrariamente separados por el oscurantismo y la incomprensión.

Resurgirá la convivencia plena que ya disfrutaban los romanos en sus fiestas y bacanales (en honor a Baco), donde los gansos y las cabras departían sin inhibiciones en calidad de comensales; y los caballos como Incitatus llegaron a ser miembros del Senado con más méritos intelectuales y  políticos que nuestros patrióticos legisladores y gobernantes que no han leído ni tres libros.

El amor entre animales, ya sean racionales o no-racionales, por fin será reconocido legalmente y el matrimonio se extenderá como follaje frondoso para cobijar bajo la sombra del árbol del amor indiscriminado  a todos aquellos que hasta hoy han sido marginados como antiguamente lo fueron los homosexuales y las lesbianas.

Cuando un animal racional le diga perra a su cónyuge, ya no será peyorativo sino hasta afectuoso y además cierto.

Si un cónyuge resulta ser un puerco en la cama, ¡tanto mejor!

Solo hace falta que la ingeniería genética se ponga al día con los avances políticos, ideológicos y legislativos para que los animales racionales y los erróneamente discriminados como animales no-racionales puedan sumarse a las delicias conyugales del matrimonio interzoológico.

La historia de La Bella y la Bestia se convertirá así, en la cumbre literaria del “AMOR SIN BARRERAS”.

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Número 12 - noviembre 2017
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