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Aislarnos no nos llevará a ninguna parte

Martes, 08 de Enero 2019 - 16:15

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Stephanie Henaro Canales

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El día de mañana el presidente Andrés Manuel López Obrador dará su primer discurso ante los embajadores y cónsules de nuestro país y definirá la manera en que desea que seamos percibidos durante su mandato. Misma que hasta ahora ha estado cargada de connotaciones negativas y que deberá tener la suficiente fuerza para hacerle frente al arbitrario discurso de Donald Trump con respecto al muro, que estallará nuevamente en cuestión de días y que un país poco confiable, aislado, y con imagen deteriorada, difícilmente podrá contener.

México tiene una pésima imagen en el exterior que ha sido principalmente asociada con la corrupción y la violencia. La oleada de un poco más de un cuarto de millón de muertos que se ha desatado a partir de la declarada guerra con el narcotráfico y la ausencia de instituciones fuertes para encarcelar a gobernantes corruptos nos han alejado de la imagen de un país ejemplar en la escena internacional. Teniendo como consecuencia una gran disminución de la confianza de los mercados financieros y el decrecimiento del turismo que, entre otros asuntos, impactan directamente en el desarrollo de los países. Cuestión que no parece haber mejorado con la decisión no seguir con la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco y con la reciente decisión de no firmar la declaración del Grupo Lima contra Nicolás Maduro quien, este jueves, iniciará un segundo mandato.

En política exterior ya se anunciaba desde la campaña que la mejor política exterior sería la interior y que se regresaría a los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos promulgados por la Doctrina Estrada en 1930. Sin embargo, más allá del prestigio que esta pudo habernos traído en el pasado y de los ecos que hacía con respecto a nuestra independencia, me parece que habría que entenderla en un sentido más actualizado. En donde la autodeterminación deseé estar más ligada el ejercicio soberano de la democracia y a su consecuente protección los derechos humanos.

Invocar principios de una doctrina del siglo pasado cuando se tiene una crisis humanitaria en un país vecino equivaldría a actuar como aquellos que decían que la dictadura de Franco era un asunto de política interna de España. El régimen de Maduro en Venezuela ha roto con todo aquello que podría parecerse a la autodeterminación de su pueblo disolviendo un parlamento legítimamente electo para imponer una farsa de asamblea constituyente, utilizando la fuerza del estado para quien se atreva a estar en desacuerdo con sus posturas, castigando con programas sociales al pueblo que a través del sufragio se expresó en su contra, y generando un éxodo de un poco más de dos millones de venezolanos que se han esparcido por el mundo con el único fin de sobrevivir. Llevándonos de esta manera a la inevitable e incómoda pregunta para el gobierno entrante de si el uso de la Doctrina Estrada en el siglo XXI no tendrá más que ver con lo pactado por MORENA en el Foro de Sao Paolo, en Julio del año pasado, que con una especie de neutralidad encaminada a la esperanza de la mediación. Porque, se quiera aceptar o no, la política exterior siempre ha sido y será ideológica.

En relación a esto último, probablemente muchos dirán que esta postura ayudó mucho a que México pudiera ser un mediador idóneo entre Estados Unidos y Cuba durante la crisis de los balseros en 1994 y me parece importante remarcar que los tiempos ya no son los mismos y que no teníamos la amenaza de la construcción de un muro en nuestra frontera norte y la instrucción en nuestro territorio de caravanas migrantes que no desaparecerán en un futuro próximo.

La campaña electoral de Donald Trump hacia el 2020 ya inició desde hace mucho y el muro sin duda será una pieza central. Recordemos que la Administración estadounidense está parcialmente cerrada desde el pasado 22 de diciembre debido a que la negociación entre republicanos y demócratas en el Congreso se bloqueó por la exigencia de Trump de que el proyecto de presupuestos incluya una partida de más de 5 mil 600 millones de dólares para financiar el muro fronterizo, que hoy a las 9 de la noche dará un comunicado a los estadounidenses para tratar la “crisis” que vive el país en la frontera con nosotros y que el jueves visitará la frontera para reunirse con autoridades fronterizas. Siendo la cuestión aquí la de la solidaridad que no hemos generado al darle la espalda a un país vecino que vive, la que es tal vez la peor crisis humanitaria de su historia, y a un grupo de países con los que, a través de la firma de la Carta Democrática Interamericana en el 2001, habíamos acordado velar por nuestras democracias.

¿Quién será solidario con nosotros ante Trump y su muro?

Esperemos que el presidente tenga todo esto presente en su discurso de mañana. Aislarnos no nos llevará a ninguna parte.

 

El último en salir apague la luz.



Número 23 - Noviembre 2018
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