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Adiós Jorgito, la otra parte

Viernes, 28 de Octubre 2016 - 17:00

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Luisa Ruiz

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El tercer y último informe que pueda presentar el alcalde Dr. Jorge Astiazarán no estará muy lejano a la gris realidad que se vivió en Tijuana por tres años. Las fracturas que hay en la ciudad no serán sanadas tan fácilmente por la administración que llegue, esto no es cosa de un “sana, sana colita de rana” y un parchecito de color azul en la herida. De cualquier manera y como siempre, habrá que esperar lo mejor.

La ciudad, además de otras cosas, sufre de un caótico tráfico por los trabajos y obras del Sistema Integral de Transporte de Tijuana (SITT) que se están llevando a cabo a marchas forzadas, con eso de las fiscalizaciones del Banco Mundial, los funcionarios ya no ven la hora de terminar y trasparentar gastos lo mejor posible; esa Ruta Troncal cubre por supuesto en su mayoría, zonas modernas y no exactamente las conflictivas, es decir, está planeada para que se vea, no para que funcione.

Los transportistas han advertido, a manera de amenaza, que no tendrán más diálogo con la autoridad y prometen bloqueos, principalmente en las garitas internacionales; el gobierno municipal, a su vez, asegura que “si hay bloqueos que afecten a terceros, la autoridad va a actuar” y por extraño que parezca, como magia, el silencio entre las partes apareció de pronto.

Ese tercer informe debe, por obligación, indicar si acaso se quedan pendientes trabajos y adeudos del SITT, de no ser así, la siguiente administración tendrá el pretexto para no terminar el proyecto y hará que la ciudadanía pague otra deuda pendiente.

Vamos a ver si se saldan cuentas y hacerlas públicas, si el recurso, por ejemplo, el comprendido en el Ramo 23 que, de acuerdo al Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) Baja California recibió un total de 38 mil 105 millones 913 mil 883 pesos, además de mil 126 millones 284 mil 646 pesos adicionales a ser repartidos entre los cinco municipios. Los números que corresponden a Tijuana entre 2015 y 2016, no están reportados.

Que el color del municipio sea azul igual que el estado pudiera ser una ventaja y, aunque no sea relevante lo que haya prometido Juan Manuel Gastelum, él debe saber que primero, tendrá que ponerse a barrer la basura y el desperdicio que le hereden en asuntos financieros, los de escritorio, los de personal y de transparencia.

La otra basura, el gobierno municipal se ha empecinado en barrerla en las calles, recoger basura por todos lados y ordenar, dijeron, la nomenclatura en las vialidades; aquí habrá que apuntar que, es solo “por donde vea la suegra” y solo como ejemplo, existe una calle de cuatro cuadras, las primeras tres se llaman “Josefa Ortiz de Domínguez” la cuarta es Josefina Ortiz de Dominguez (sin acento), como es una calle corta, aunque transitada, no es parte de la modernidad entonces, no importa.

Si se debe recoger basura todos los días, si se tienen que aclarar, agregar y cambiar señalizaciones por actos vandálicos, quiere decir que la población sigue sin tener un orden y no ha acatado reglas. No imagino lo que pasará con los nuevos camiones de transporte público, las casetas y los paraderos cuando los protagonistas de la delincuencia hagan de las suyas para ‘marcar territorio’ y enviarse mensajes por medio de rayones.

Es Tijuana, una ciudad en huaraches, no pueden subirla a los tacones ni vestirla de gala porque se incomoda, se tropieza. Los tacones a Tijuana le molestan, le impiden caminar a su propio ritmo.

Cada una de las administraciones solo ha “llevado agua para su molino” es cosa de ver en dónde y a quién le pertenecen los negocios alrededor de las zonas aceptables, elegantes y de “altura”; es la parte de tacones y vestidos de gala, lo demás sigue siendo un arrabal de culturas y es ahí, en donde la ciudad se desarrolla, las áreas en las que la gente funciona con todo y las carencias que puedan haber.

Uno a uno, los desaciertos de la administración Astiazarán están a la vista y decididamente quieren esconderlos atrás de la única obra “grande” que pretende entregar a la ciudad. Esa tan reñida Ruta Troncal y repetidamente mencionada en cada administración desde 1998, es ahora la corona del doctor, con camiones nuevos que no están hechos, ni para las calles ni para la mayoría de los ciudadanos; casetas o paraderos de la ruta cubiertos de vidrios templados que, sin todavía funcionar, ya los han tenido que reemplazar porque alguien los rompió. Es la obra obligada y con la que Astiazarán quiere sobresalir, igual, como en su tiempo fue el inservible arco del que presume el gobierno de Baja California “uno de los más bellos emblemas” puesto e impuesto por el hoy gobernador Francisco Vega de la Madrid.

El silencio de Jorgito se interrumpió con la llegada de los migrantes haitianos y tuvo que aportar recursos municipales, aunque en toda su administración dijo que no había dinero.

Y es imposible, hasta el día de hoy, encontrar datos y coherencia en el gasto, los ingresos y egresos de la función pública no aparecen en ningún lado, la transparencia en Tijuana, simplemente no existe, el doctor deja a su paciente enfermo. Los dineros, los informes y la legalidad estarán, seguramente junto a “El Cristo esclavo”, la escultura del artista Benjamín Serrano que sigue sin aparecer. Cultura, orden, organización, seguridad y honestidad: ¡Pueden regresar, el doctor ya se va!

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Número 12 - noviembre 2017
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