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Acción de “gracias”

Miércoles, 22 de Noviembre 2017 - 16:30

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Julio Chavezmontes

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Todo comenzó un buen día de 1637, en lo que hoy se conoce como Groton, Connecticut.

Los colonos europeos avecindados en esa provincia de la Costa Este de los Estados Unidos, rodearon a 700 indígenas de la Tribu Pequot que dormían tranquilamente.

Los nativos hicieron creer a sus anfitriones, que se habían congregado para la celebración de la cosecha del maíz, cuando lo cierto es que los indios ladinos se habían dado a la fabricación de armas de destrucción "más IVA".

Antes del amanecer, mercenarios holandeses e ingleses los despertaron violentamente, y les ordenaron a los perversos indígenas salir de su alojamiento.

Conforme los Pequot iban saliendo sin sospechar lo que les esperaba, fueron abatidos por los europeos que practicaron tiro al indio, muy divertidos.

A los que se negaron a salir, los “rostizaron” como pavos, aunque como eran europeos civilizados, no se los comieron.

Cuando terminaron de masacrar a los peligrosos aborígenes, buscaron las armas de destrucción más IVA que habían ocasionado la represalia preventiva de los pacíficos colonos que, sin embargo, no encontraron más que plumas (de los guajolotes) y ni siquiera un hacha o arcos y flechas.

Al día siguiente de la matazón, el gobernador de Massachusetts Bay Colony, dio vuelta a la página y decretó un festejo de “acción de gracias” por haber podido masacrar tan eficazmente a 700 niños, mujeres y hombres “salvajes”.

Poco más de doscientos años después, durante el gobierno de Abraham Lincoln, fue oficialmente declarado que el día de Acción de Gracias sería de asueto nacional, para que los gringos y las gringas se fueran a degustar pavos y cervezas en conmemoración de las matanzas que continuaron realizándose sobre los grupos autóctonos, hasta principios del siglo XX.

Amerita destacarse que en la misma ocasión que Lincoln elevaba a fiesta nacional la matazón de indios, discurrió mandar a las tropas del ejército de la Unión Americana a realizar una masacre “conmemorativa” contra los indios Sioux de Minnesota.

Hoy, a 379 años de la primera celebración de “Acción de Gracias”, los Estados Unidos (“que no es un imperio”) tiene tropas desplegadas en apenas 150 países del mundo, y sus soldados se encuentran en combate oficialmente reconocido en apenas 4.5% de esos países; concretamente en Afganistán, Irak y Siria.

Ahora los descendientes de aquellos mercenarios holandeses e ingleses, forman parte del pacifico ejército de los Estados Unidos y se dedican a extender por el mundo las glorias de la libertad, la democracia, la igualdad de género, el amor sin barreras y la hospitalidad a base de pavos de los cuales, nada más se salva el guajolote que el inquilino  de la Casa Blanca indulta como gesto gracioso cada nuevo día de “Acción de Gracias”.

El festejo en Estados Unidos genera una derrama económica sustancial; se agotan los boletos para viajar por avión, autobús y tren; los “pavi-cultores” hacen su agosto en noviembre y la cerveza corre a torrentes por todo el territorio de la Unión Americana, extendiéndose a los 150 países donde hay más soldados gringos que locales.

La conmemoración que se ha extendido por el mundo “libre”, presenta un episodio del todo diferente.

Al público de hillbillies, rednecks y demás gringuerío se les vende una historia que narra la feliz convivencia entre los indios Pequot y los colonizadores europeos, en la que todos muy contentos se sentaron a consumir guajolotes y maíz, en un ágape amenizado con música de acordeones y guitarras.

La conmemoración de Acción de Gracias es ante todo, el equivalente “reloaded” del “buen fin” durante el cual millones de consumidores frenéticos se lanzan a vaciar los establecimientos comerciales, impelidos por los anuncios diseñados para manipularlos como zombis.

El espíritu original del primer día de Acción de Gracias no ha desaparecido, solamente que ahora los gringos ya no masacran Pequots ni Sioux, sino “terroristas”, afganos, paquistanies, iraquíes, sirios, egipcios, tunecinos, yemenitas, somalíes y lo que se acumule esta semana.

Mientras Clairol Trump sobreviva los embates del espectáculo político de Washington, puede que llegue a decretar que en las subsecuentes celebraciones de Acción de Gracias, se sigan masacrando grupos étnicos de distintos países y que se indulte a un talibán, un palestino o cualquier otro terrorista, en vez de un guajolote.

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Número 12 - noviembre 2017
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