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2 de octubre o vivir del cuento…

Martes, 02 de Octubre 2018 - 15:30

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Julio Chavezmontes

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¿Qué sabemos de los hechos acontecidos el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas?

¡ABSOLUTAMENTE NADA!

La famosa noche de Tlaltelolco, ha sido río revuelvo para ganancia de pescadores transexenales; un evento que permanece encubierto por la niebla del rumor.

Con la matanza ocurrida cuando faltaban apenas 10 días para la inauguración de los Jugos Olímpicos de México, ha sucedido lo mismo que terminará sucediendo con el caso de Ayotzinapa, Tlatlaya, Ernestina Ascencio (1), las muertas de Juárez y un larguísimo etcétera:

¡ABSOLUTAMENTE NADA!

Hablando jurídicamente, que es como se debería hablar de eventos como el 2 de octubre de 1968, lo primero que debería haber existido, es un expediente de averiguación previa, radicado ante una agencia investigadora del ministerio público.

Se tendrían que haber practicado diligencias indispensables para esclarecer los hechos CIERTOS, y a partir de ahí, fincar responsabilidades penales para finalmente, hacer justicia.

Es probable que se haya  abierto un expediente “de rigor”; “por no dejar”; “como se acostumbra en casos así…”

Por ahí ha de andar una carpeta vacía, amarillenta y empolvada, en cuya caratula puede que se lea un número de folio y la referencia a Tlaltelolco… sin más; otro expediente inconcluso, perdido entre los cajones donde se guarda y hace guardar la constitución.

Sé que no se practicaron diligencias forenses en la Plaza de las Tres Culturas inmediatamente después de la balacera. El sitio no fue ni mucho menos acordonado para las primeras investigaciones forenses.

Se sabe que antes del amanecer del 3 de octubre, había trabajadores del Departamento del Distrito Federal, lavando los pisos con mangueras a presión; y ¡adiós evidencias!

Sé que ningún ministerio público acudió a Tlaltelolco a realizar levantamiento de cadáveres de manera individual, como lo ordenan las leyes de procedimiento penal.

Sé que los responsables de la seguridad pública del Distrito Federal, no fueron citados a rendir declaración ministerial alguna; como tampoco declaró Luis Echeverría, ni Alfonso Corona del Rosal que, casualmente, aspiraban (ambos) a suceder a Gustavo Díaz Ordaz.

No fue sino hasta 32 años después, que Chente Fox tuvo la iniciativa de crear un ente que, en su propio nombre, llevaba pronosticado el resultado que obtendría:

“Fiscalía Especial para los Movimientos Sociales y Políticos DEL PASADO”.

Tenía razón el General Obregón cuando decía que nada hay peor que los pendejos con iniciativa (¿verdad Fox?)

El designar una fiscalía como cosa  DEL PASADO, traía aparejada la conclusión anticipada de “palo dado, que ni Dios lo quita”.

Nos hubiera salido más barato contratar a Paca la vidente del homicidio de Ruiz Massieu, que a Ignacio Carrillo Prieto cuya fiscalía especial solamente le rindió resultados po$itivo$ a él.

En los últimos 50 años, la noche de Tlaltelolco se ha visto reducida a una mínima expresión que palidece ante la sucesión creciente de crímenes de Estado, que incluyen matanzas de estudiantes y no estudiantes; de mujeres; de civiles inocentes; de ejecuciones y toda clase de  delitos impunes.

Ayotzinapa, Tlatlaya o el asesinato de Ernestina Ascencio, por mencionar solamente tres episodios, nos hacen ver que no aprendimos nada del 2 de octubre, y que seguimos poniéndonos de pechito para que nos repitan la faena cuantas veces se les dé  la gana.

¿Qué caso tiene ahora una investigación jurídica seria sobre los acontecimientos en la Plaza de las Tres Culturas, cuando en los últimos diez años, tenemos un cuarto de millón de  homicidios para los que ni siquiera se han abierto 250,000 averiguaciones previas?

Apenas 2 años y medio después de Tlaltelolco, ocurrió la matanza del Jueves de Corpus, el 10 de junio de 1971.

El entonces regente del Distrito Federal, Alfonso Martínez Domínguez, declaró por televisión “que los halcones eran producto del ingenio popular”.

Echeverría prometió investigar y pronunció la frasecita acostumbrada; aquella que dice que “se aplicará la ley hasta sus últimas consecuencias; caiga quien caiga…”

¿Y qué sucedió?

¡ABSOLUTAMENTE NADA!

La Noche de Tlaltelolco ha sido desde el 2 de octubre de 1968, una veta inagotable para la explotación “minera” por  los gambusinos de la política mexicana; una veta de la que han surgido libros y libretos; panfletos, pasquines, tabloides y hasta películas.

Una veta de la que han salido secretarios de estado, gobernadores, diputados, candidatas presidenciales, escritoras laureadas, y escritores famosos, senadores y toda clase de usufructuarios  que, trepados sobre la crónica nebulosa de aquella noche, siguen viviendo del cuento hasta la fecha.

Hasta el mismísimo Luis Echeverría “se trepó” sobre el cuento del 2 de octubre cuando guardó un minuto de silencio por los caídos de Tlaltelolco durante su campaña presidencial.

Haber participado en el “movimiento estudiantil del 68”, o decir que se tuvo participación, ha redituado toda clase de beneficios hasta nuestros días, como bien puede atestiguarlo Graco Ramírez que siendo tabasqueño, fue desgobernador de Morelos, y luego quiso iniciar una dinastía estilo Corea del norte, imponiendo a su hijastro como sucesor.

A medio siglo de la matanza de Tlaltelolco, bien merece la pena destacar la postura de Gustavo Díaz Ordaz, que lo distingue cuando menos por su hombría, de la caterva de despreciables que han ocupado la presidencia de México después de él.

Díaz Ordaz no prometió fiscalías ni investigaciones; Díaz Ordaz se plantó como los hombrecitos y asumió una responsabilidad que los enanos de la opo$ición  no se atrevieron a hacerle efectiva.

Puede decirse lo que se quiera de Gustavo Díaz Ordaz, pero no puede negarse que a él, le sobró el valor que  los pigmeos de aquella  “opo$ición”  no tuvieron.

El primero de septiembre de 1969, durante su informe presidencial, Díaz Ordaz dijo lo siguiente:

“POR MI PARTE, ASUMO ÍNTEGRAMENTE LA RESPONSABILIDAD PERSONAL, ÉTICA, SOCIAL, JURÍDICA, POLÍTICA E HISTÓRICA, POR LAS DECISIONES DEL GOBIERNO EN RELACIÓN CON LOS SUCESOS DEL AÑO PASADO”

Aquella mañana en el palacio legislativo, había  20 diputados del PAN (2), 10 del PPS y 5 del PARM.

Bien podrían haber promovido el desafuero de Díaz Ordaz que se había declarado responsable desde la tribuna;  así fuera para dejar testimonio de valor civil para la posteridad.

Pero la clase política y su cauda de intelectuale$ han preferido inflar la Noche de Tlaltelolco con fines puramente bursátiles, propiciando la especulación siempre a la alza,  porque el kilo de muertito rinde dividendos que, a falta de datos duros y de una investigación concluyente,  hace que el expediente siga “abierto” y  esto les permite seguir viviendo del cuento.

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  1. Ernestina Ascencio fue una indígena de la sierra norte de Puebla, violada y asesinada por soldados. José Luis Soberanes, investigó los hechos como presidente de la Comi$ión Nacional de Derecho$ Humano$  y concluyó  que la verdad  histórica (¿les recuerda algo?)  fue que la anciana   murió de indigestión aguda…
  2.  Uno de los entonces diputados del PAN, era nada menos que Bernardo Batiz…
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Número 21 - septiembre 2018
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