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Meade debe guardar una sana distancia

Jueves, 30 de Noviembre 2017 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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El aspirante a la candidatura presidencial priista, el independiente ex secretario de Haciendo José Antonio Meade, puede lograr que el 1 de julio entrante voten por él personas que, decepcionados o hartos del PRI, no emitirían su sufragio por un militante de ese partido, como lo son Miguel Ángel Osorio Chong, Aurelio Nuño, Enrique de la Madrid, José Narro, Eruviel Ávila o cualquier otro de los que hasta el domingo pasado se mencionaban como posibles candidatos.

Para convencer a millones de votantes de que es un hombre verdaderamente independiente del PRI, sobre todo de sus aspectos más nefastos, Meade debe moderar sus elogios hacia el partido que lo hará su candidato. Además, para proteger la fama que tiene de ser honrado haría bien en no dejarse ver demasiadas veces junto a aquellos priistas que se dice y comenta que son corruptos y muy ricos gracias los cargos públicos que han ocupado.

Si domina el arte de mantener una sana distancia del PRI pero sin ofender a los priistas cuyo apoyo tanto necesita, el cuatro veces secretario de Estado que ahora pretende ser presidente de México también podría hacer que voten por él aquellos panistas que no lo harían por el presidente nacional del PAN Ricardo Anaya, o por el ex gobernador de Puebla Rafael Moreno Valle, o por la ex primera dama Margarita Zavala de Calderón Hinojosa, o por los otros dos panistas que buscan la candidatura presidencial de ese partido, que son el senador y exgobernador de Querétaro Juan Carlos Romero Hicks y el exsecretario de Economía y Relaciones Exteriores Luis Ernesto Derbez. Y no solo eso, también podría restarle votos a los que como independientes competirán en la elección: el ex priista gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, y la antes mencionada expanista Zavala de Calderón Hinojosa.

Sin embargo, desde el lunes Meade ha actuado como si toda su vida hubiera militado en el PRI, partido por el cual su papá fue diputado federal de 1997 a 2000. Y no solo eso, ha pronunciado discursos en donde ha hablado maravillas del partido que si bien promovió la mayoría de las instituciones nacionales que hoy existen también evitó durante décadas que México se democratizara e instauró el sistema de corrupción e impunidad que hoy pocos toleran y que, de acuerdo con distintos estudios, le cuesta al país entre el 5% y el 9% de su producto interno bruto (entre 52,300 y 94,140 millones de dólares).

Es indudable que Meade debe acercarse al PRI y a los priistas, pero al elogiar desmedidamente a un partido que es rechazado por aproximadamente el 80% de los votantes, según algunas encuestas, corre el riesgo de dejar de ser percibido como un militante más de ese partido y no como el simpatizante independiente que en realidad es.

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Número 12 - noviembre 2017
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