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Lo que sí y no entiendo

Viernes, 27 de Febrero 2015 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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Puedo entender, porque sufrí la misma pérdida que ellos, el infinito dolor que sienten los padres de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa que en septiembre pasado fueron secuestrados y asesinados por policías municipales de Iguala y Cocula, Guerrero, e integrantes de la banda criminal Guerreros Unidos, supuestamente por órdenes del entonces presidente municipal perredista de Iguala y su esposa, José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda.

Puedo imaginar la desesperación que sienten por no encontrar los cuerpos de sus hijos para así tener la certeza que murieron y no vivir día tras día haciéndose mil y un preguntas que nunca tendrán respuesta.

Lo que no puedo entender es que se dejen manipular como hasta ahora lo han hecho quienes buscan desestabilizar a México. No comprendo como es que siguen exigiendo que aparezcan vivos si es más que evidente que ya están muertos. No entiendo porque siguen marchando de aquí para allá, bloqueando calles y carreteras y afectando los derechos de los demás mexicanos si bien saben que jamás verán de nuevo a sus hijos.

Tampoco me explico porque culpan al gobierno federal por la muerte de sus hijos cuando ni Enrique Peña Nieto ni Jesús Murillo Karam, entre otros, tuvieron que ver con su secuestro y asesinato.

Menos puedo explicarme porque hasta el momento no se hayan manifestado contra Abarca y su esposa, contra el entonces gobernador perredista de Guerrero, Ángel Eladio Aguirre, contra el PRD que postuló a Aguirre y Abarca a los cargos que ocupaban, contra Andrés Manuel López Obrador, quien como candidato perredista a la presidencia de la república en 2012 apoyó a Abarca pese a que se le advirtió que éste podía estar involucrado en un asesinato.

Tampoco comprendo porque los padres de los 43 no le han exigido a José Luis Hernández Rivera, el evasivo director de la normal de Ayotzinapa, que les explique quién le ordenó a sus hijos ir a Iguala.

Entiendo y comparto el dolor de los padres, pero no puedo entender la irracionalidad de sus actos.

Me pregunto: ¿de qué han vivido desde septiembre del año pasado estos individuos? ¿de dónde han obtenido los recursos para alimentarse y viajar de un lugar a otro? Y me lo pregunto porque se nos ha dicho que todos los estudiantes de Ayotzinapa son pobres e hijos de pobres. ¿Cómo sobreviven estos padres que dejaron de trabajar desde hace casi cinco meses? ¿Quién los mantiene y financia?

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Número 18 - mayo 2018
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