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Hace 50 años

Martes, 02 de Octubre 2018 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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¡Cómo vuela el tiempo! En 1968 era yo un joven de 20 años, estudiante del segundo año de la licenciatura en Economía en la entonces Escuela -hoy Facultad- Nacional de Economía (ENE) de la Universidad Nacional Autónoma de México. La directora de las escuela era la doctora Ifigenia Martínez, hoy senadora de la república por MORENA.

En aquella época, estudiar en la ENE era toda una aventura. Desde el primer día en que llegué a estudiar ahí -después de haber cursado la primaria, secundaria y preparatoria en una escuela de monjes benedictinos que imponían una disciplina estricta sobre los alumnos- me encontré en medio de un ambiente que, para mí, era verdaderamente caótico. Las clases eran constantemente interrumpidas por compañeros que, sin pedirle permiso a los maestros, entraban al aula para invitar a los alumnos a alguna manifestación contra algo o alguien o a algún evento que se realizaría en el auditorio Narciso Bassols de dicha escuela. Recuerdo claramente al entonces presidente de la sociedad de alumnos y hoy diputado federal por MORENA, Pablo Gómez, irrumpiendo al salón para arengarnos sobre no recuerdo qué asunto. Ya desde entonces era un excelente orador el experimentado legislador izquierdista que en aquella época supuestamente militaba en el Partido Comunista Mexicano.

1968 transcurría sin incidentes hasta que el 22 de julio ocurrió una batalla campal callejera entre estudiantes de las vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional y la preparatoria Isaac Ochoterena, incorporada a la UNAM. La bronca entre ambos grupos continuó al día siguiente, solo que esta vez granaderos de la policía defeña, después de ser apedreados por estudiantes politécnicos, invadieron la Vocacional 5 y golpearon a varios jóvenes.

Ahí empezó lo que se convertiría en el Movimiento Estudiantil del 68, el cual culminaría con la sangrienta represión de estudiantes por parte del Ejército, grupos de choque gubernamentales y policías del DF en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

En la edición del 1 de enero de 1988 de la revista Nexos se publicó una detallada cronología de lo que ocurrió hace 50 años, misma que puede leerse en www.nexos.com.mx/?p=4996.

No me involucré mucho en el movimiento. Asistí a la marcha que el 1 de agosto encabezó el rector Javier Barros Sierra, el 27 de ese mes estuve en el mitin que organizó el Comité Nacional de Huelga (CNH) en el Zócalo de la Ciudad de México, el 13 de septiembre marché del Museo Nacional de Antropología e Historia al Zócalo, en la llamada Manifestación del Silencio. Y no me involucré más porque la mayoría de los dirigentes del CNH con quienes tuve algún trato eran militantes de las organizaciones más extremas de la izquierda mexicana que en verdad no pretendían democratizar al país sino instaurar un régimen soviético, similar al cubano de aquel entonces. Nunca fui admirador de regímenes dictatoriales, fueran de derecha o de izquierda.

Lo que empezó como una bronca entre grupos estudiantiles no hubiera llegado a mayores si el jefe del departamento del DF, general Alfonso Corona del Rosal hubiera controlado a su policía y el presidente Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de gobernación Luis Echeverría hubieran tenido la sensibilidad para detener la situación. El autoritarismo del gobierno mexicano fue hábilmente aprovechado por la extrema izquierda mexicana que obedecía consignas enviadas desde Moscú y La Habana. Finalmente se impuso la represión con el auxilio del gobierno estadounidense y nadie supo ni sabrá jamás cuantos mexicanos fueron asesinados por las fuerzas represivas del estado mexicano.


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Número 23 - Noviembre 2018
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