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AMLO debe exigirles a sus seguidores no ser violentos

Lunes, 01 de Octubre 2018 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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A pesar de que su candidato ganó de manera indiscutible la elección presidencial del 1 de julio pasado, los seguidores de Andrés Manuel López Obrador siguen utilizando las redes sociales para insultar y hasta amenazar de muerte a quienes no apoyamos al presidente electo durante sus tres campañas electorales, ponemos en duda la factibilidad de algunas de sus propuestas o cuestionamos ciertas de sus decisiones.

No importa si quienes no somos lopezobradoristas reconocimos el triunfo de AMLO desde el primer momento en que se supo que había ganado o si hemos manifestado estar de acuerdo con un buen número de sus objetivos.

Para muchos de los seguidores de Andrés Manuel no hay términos medios. Estás o no con del caudillo morenista. Y, si estás, tiene que ser al 100% porque no se admite el menor cuestionamiento sobre su persona, ideas y designios para el país. La actitud de estos lopezobradoristas es similar a la de los fanáticos de cualquier religión que no aceptan la más mínima desviación del dogma y los preceptos y creen que al eliminar físicamente a los herejes y apóstatas ayudan a su dios a que el mundo sea más puro y menos imperfecto. Como si su dios todopoderoso necesitara de la ayuda de los humanos.

Por medio de Twitter y Facebook recibo diversos mensajes cada vez que manifiesto públicamente mi preocupación u oposición a algunas decisiones del presidente electo.

Los mensajes van desde un respetuoso y bien fundado desacuerdo hasta una amenaza contra mi vida, pasando por diversos insultos y mentadas de madre. Hasta ahora no he presentado denuncia alguna ante la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión que, de acuerdo con lo que anota en su sitio web, es “la autoridad encargada de dirigir, coordinar y supervisar las investigaciones y, en su caso perseguir los delitos cometidos en contra de quienes ejercen la actividad periodística o se cometan en razón del ejercicio de derecho a la información o de libertad de prensa y expresión”. Y no lo he hecho porque supongo que los insultos y amenazas son palabras que se las lleva el viento, pronunciadas o escritas por quienes son incapaces de aceptar que otros no piensan como ellos. Además, cuando era un niño mi mamá gringa me enseñó una rima infantil inglesa que me ha acompañado toda la vida: Sticks and stones may break my bones / But names will never harm me (Los palos y las piedras pueden romper mis huesos / Pero las palabras nunca me harán daño).

AMLO es un católico devoto y estoy seguro de que no es un hombre malvado ni mal intencionado. Continuamente habla de perdonar a quienes nos han agraviado; ha encargado la redacción de una Constitución Moral basada en la Cartilla Moral que escribió Justo Sierra en 1944 que, entre otras cosas, anota: “Mi respeto a la sociedad, y el de cada uno de sus miembros para los demás, es lo que hace posible la convivencia de los seres humanos. El problema de la política es lograr que esta convivencia sea lo más justa y feliz, tanto dentro de una nación, como entre unas y otras naciones”.

Hasta ahora, el próximo presidente de México no se ha pronunciado enfáticamente contra la violencia que en las redes sociales ejercen muchos de sus seguidores. Hace tiempo debería haberlo hecho, pero nunca es tarde para hacerlo. Si lo que pretende es presidir una república amorosa es hora de que le exija a esos seguidores abandonar las actitudes que han hecho de Facebook y Twitter, principalmente, un violento y peligroso mundo virtual.


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Número 23 - Noviembre 2018
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