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El destino del TLCAN y el terremoto geoestratégico

Martes, 15 de Mayo 2018 - 15:00

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Stephanie Henaro Canales

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El TLCAN se encuentra en el epicentro de un terremoto geoestratégico y tal parece que el tiempo se acaba. La nueva directriz de la política exterior de la primera potencia mundial no le favorece, y los calendarios políticos de Estados Unidos —con elecciones legislativas en noviembre— y de México —con comicios presidenciales en julio—  amenazan con convertirlo en un rehén y posiblemente postergar su suerte hasta el 2019.

Lo primero que hay que entender es que Donald Trump no es Barack Obama y, por lo tanto, lo que pasa con el TLCAN puede entenderse de una manera más clara si partimos desde ahí. Para Obama la posición hegemónica de EEUU implicaba obligaciones mientras que para Trump sólo implica derechos que, al parecer, deben reafirmarse sobre las ruinas del multilateralismo. De ahí el que se haya roto de una manera tan fácil el acuerdo nuclear con Irán, el que se haya abierto el día de ayer la embajada en Jerusalén, y el que el TLCAN esté colgando de una cuerda floja con posiciones aun distantes en frentes como el de las reglas de origen para la industria automotriz, terminación automática del acuerdo cada cinco años, y mecanismos de resolución de controversias entre empresas y Estados. He ahí el meollo del asunto y la piedra en el zapato que podría volver al tratado en un rehén de los tiempos electorales de México y Estados Unidos.

Para México el día de las elecciones se encuentra a la vuelta de la esquina y el tema de la renegociación del TLCAN permanece central por todo lo que este implica para su economía. El hecho de que la negociación pueda llegar a concretarse este jueves podría plantear varios escenarios. Para el candidato del PRI, José Antonio Meade, esto podría ayudar a diluir su estancamiento aunque difícilmente podría opacar a los temas de corrupción con los que normalmente se relacionan al partido. Mientras que para López Obrador y Ricardo Anaya esto podría ser capitalizado de una manera favorable dependiendo de los términos del tratado y del apoyo popular que este obtenga. Para López la crítica del resultado podría traducirse en más apoyo e incluso podría sumar su destrucción a sus promesas de campaña. Mientras que Anaya podría cómodamente elegir entre criticarlo o capitalizarlo con sus promesas de campañas dependiendo del apoyo popular que este reciba. De lo contrario, si un acuerdo no se logra alcanzar en este año,  la campaña de Meade podría hundirse aun más bajo la bandera de la ineficacia de la actual administración. Mientras que los otros dos tendrían carta blanca para hacer promesas que cumplirían de llegar a la presidencia.

Por otro lado para Estados Unidos el tema del TLCAN es importante para el éxito de los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre. El magnate neoyorquino acusa al pacto comercial de destruir empleos manufactureros en su país y a México, de competir deslealmente con salarios fuera de mercado. Con la renegociación del acuerdo, Trump y su equipo quieren, rebajar el déficit comercial existente con su vecino del sur y poder decir que pusieron a los “badhombres en su lugar”. Lo cual, obviamente, genera una polarización que le favorece. Porque para sus electores esto se traduce en la imagen de un mandatario poderoso que es capaz de poner  “en su lugar” a la “amenaza del sur” y al mundo entero.

El terremoto geostratégico de la doctrina Trump determinará el destino del TLCAN en las próximas 48 horas. Estemos atentos sin olvidar los tiempos electorales.

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Número 19 - Julio 2018
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