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Economía informal, un mal crónico

Jueves, 14 de Julio 2016 - 15:00

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Claudine Moya Ponce

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Si se hiciera un sondeo entre la población respecto de las causas de la economía informal en México, probablemente muchos piensen que se debe a la crisis económica, a las malas políticas económicas o a algo similar. También es posible que se comparta la percepción de que dicho fenómeno data de la década de 1970, con el fin del llamado “milagro mexicano” (i.e., periodo entre 1940-1970 en que la economía creció a tasas de 5% o superior). Sin embargo, si se define a la economía informal como toda actividad económica lícita que no contribuye al erario público, entonces es posible señalarla como un mal crónico que data de la Colonia.  

La economía novohispana estaba estructurada para la explotación de materias primas, principalmente oro y plata (de lo cual estaban hechas las monedas), lo que restringió el uso del circulante a las actividades económicas efectuadas por españoles peninsulares y algunos criollos. Ello, automáticamente segregó de la economía formal a los miembros de las demás castas, obligándolos a prestar servicios a cambio de pago en especie (posible origen de las tiendas de raya) y comerciar con cacao o con los llamados “tlacos” (piezas de cobre o latón emitidas por los comerciantes locales). Además de ello, cualquier forma de tributación que la población pudiera efectuar solía engrosar las fortunas personales de caciques y gobernadores locales, a pesar de que, oficialmente, los novohispanos eran súbditos tributarios del monarca español.

Lo anterior ilustra cómo la mayor parte de la población estuvo excluida de los beneficios que la estructura económica aportaba, lo cual era de esperarse en un régimen colonial. Sin embargo, en el México del Siglo XXI continuamos replicando dicho modelo aun en programas que tienen como objetivo combatir la economía informal. Se implantó un régimen de incorporación fiscal y se busca la generación de empleos mediante la inversión extranjera y apoyo al emprendimiento, pero ¿qué sectores de la población pueden emplearse en una trasnacional, crear una empresa competitiva o entender un régimen fiscal? Respuesta optimista: aquellos con al menos educación media superior, es decir, no más del 36% de los adultos del país, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)[1]. Aun así, el Instituto Mexicano de Contadores Públicos calificó el régimen de incorporación fiscal como “no fácil de entender[2]”.

Lo mismo ocurre con un sistema financiero que se enfoca en las grandes empresas e inversionistas, en un país donde la justicia depende de poder pagar un buen abogado, donde las concesiones y licitaciones que terminan en manos de allegados al gobierno. En suma: México es, desde siempre, un país estructurado económicamente para que la riqueza se genere y permanezca dentro de un mismo sector de la población.

Si bien se han hecho reformas para aminorar algunos de estos problemas estructurales, éstas se quedan cortas en un aspecto clave que economistas como Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, han destacado: el desarrollo de capacidades. Es decir, condiciones intelectuales, físicas y actitudinales que permitan a cada individuo ejercer, adecuadamente, las diversas oportunidades que ofrece la estructura económica.

¿De qué sirve tener banca de desarrollo en una población adversa al riesgo o que se niega a tomar cursos de alfabetización financiera argumentando que “no necesitan cursos sino dinero”? ¿En qué ayuda que las universidades tengan programas de emprendimiento si los alumnos los rebautizan como “programa emPERDEDOR”, porque consideran que poner un negocio es para quienes no lograron obtener un empleo? Si México enviara a miles de jóvenes a capacitarse a universidades extranjeras, como lo hizo China previo a su apertura comercial, ¿cuántos regresarían? Durante el “milagro mexicano” el gobierno creó condiciones para el crecimiento económico, pero no desarrolló una fuerza de trabajo productiva, una clase empresarial enfocada en la excelencia ni un nacionalismo sano, que hicieran sostenible el modelo y evitaran que sindicatos y empresarios se dedicaran a cuidar sus privilegios.

Es necesario atender estos y otros aspectos actitudinales que limitan nuestro desarrollo. Se requieren programas que ataquen la falta de cohesión social y de amor al país. Mientras no invirtamos en el desarrollo de capacidades, no habrá programa social o reforma estructural que valga. Así, fenómenos como la economía informal seguirán siendo un mal crónico.


[1]OCDE (2013) Panorama de la educación México, recuperado de: www.oecd.org/edu/Mexico_EAG2013%20Country%20note%20%28ESP%29.pdf

[2] Flores, L. (19,03, 2014) Tiene RIF muchas desventajas: IMCP. El economista. Recuperado de: eleconomista.com.mx/finanzas-publicas/2014/03/19/tiene-rif-muchas-desventajas-imcp

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Número 15 - febrero 2018
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